Sorloth sostiene al Atlético de Madrid
El Metropolitano pitó a su equipo en la victoria por la mínima ante el Alavés
Atlético de Madrid 1
Alavés 0
ATLÉTICO DE MADRID: Oblak; Llorente, Pubill, Hancko, Ruggeri; Giuliano (Min. 62, Koke), Barrios, Cardoso (Min. 78, Le Normand), Almada (Min. 62, Baena); Julián Alvarez (Min. 62, Griezmann) y Sorloth (Min. 86, Molina).
ALAVÉS: Sivera; J. Otto, Tenaglia, Pacheco, Víctor Parada; Blanco (Min. 81, Mañas), Pablo Ibáñez (Min. 55, Guevara); Carlos Vicente, Aleñá (Min. 69, Rebbach), Guridi (Min. 55, Denis Suárez); y Toni Martínez (Min. 55, Lucas Boyé).
Gol: 1-0: Min. 48; Sorloth.
Árbitro: Guillermo Cuadra (Comité Balear). Amonestó con tarjeta amarilla al local Cardoso y al visitante Pablo Ibáñez.
Incidencias: 61.192 espectadores en el Metropolitano.
Al inicio de la segunda parte, desatendido por sus marcadores, Alexander Sorloth manejó todos los tiempos para conectar el cabezazo ganador y sostener al Atlético de Madrid en un tramo de dudas, vencedor contra el Alavés, a la espera del reencuentro no sólo de Julián Alvarez sino de su mejor versión como equipo, entre los pitos de la grada y el sufrimiento final.
En ello está el conjunto rojiblanco, distante de todo lo que pretende ser en esta campaña, abroncado por momentos por su público cuando se fue demasiado para atrás con el 1-0 y práctico antes para obtener un triunfo indispensable en su refugio del Metropolitano, con doce victorias consecutivas entre todas las competiciones al abrigo de su afición, nueve en concreto en LaLiga, pero aún con un mundo por remontar en el campeonato español.
Allá por el minuto 46, al borde del descanso, con el partido aún en juego antes del intermedio, cuando Guridi no alcanzó un centro desde la banda derecha, ya se oyó algún pito, los primeros, en la grada, entre el anodino primer tiempo del Atlético, que tiene un problema en este tramo de la temporada: le falta inspiración, desborde e ingenio arriba.
Sorloth ni había rematado en el primer tiempo. Su efectividad fue máxima este domingo, como tantas veces se le reclama. El centro de Pablo Barrios no era nada del otro mundo, quizá hasta demasiado bombeado en su trayectoria, pero él lo transformó en un golazo. Su cabezazo, tan pausado y preciso, también tan solitario entre la permisividad impropia de una defensa de la máxima categoría, alojó el balón en la red. Era el minuto 48.
El partido no implicaba dudas. Sin reacción del Alavés, sin muchas más pretensiones del Atlético que retener su victoria. Riesgo y pitos en la grada, cuando el equipo rojiblanco aguardó acontecimientos al repliegue.