Sunakali, goles de alta montaña
El Thinking Football rinde honores a la historia de una niña nepalí que ha huido del matrimonio con sus goles
PEGADA a la ventanilla del coche, la pequeña Sunakali intenta captar todo lo que pasa ante tus ojos. Hasta que, de pronto, algo la sobresalta. “¡Ey, ey, ey, ey, ey...! ¿Pero dónde vas?”. El grito iba dirigido al conductor que le llevaba el domingo desde el aeropuerto de Loiu hasta Bilbao. Cuando el coche se dispuso a entrar en los túneles de Artxanda, la joven nepalí no pudo evitar sorprenderse. Las montañas no se atraviesan por un agujero oscuro. Las montañas se suben y se bajan. En su caso, también se viven... e incluso se juega al fútbol en ellas.
Sunakali está en Bilbao, junto a Bhojraj Bhat, con motivo del Thinking Football Film Festival. Son la protagonista y el director del documental Sunakali y ayer recogieron el trofeo que les acreditaa como vencedores de la edición del año pasado. El filme, que por la mañana fue proyectado ante 400 escolares de Bilbao, describe las dificultades que sufren para jugar a fútbol las niñas de Mugu, un remoto y humilde distrito de Nepal. “Fui a Mugu para un proyecto fotográfico”, explica el director, que trabajaba en Katmandú como periodista, “vi a las niñas jugando a fútbol después de una nevada y pensé que era una locura. Allí no hay infraestructuras para jugar al fútbol. Incluso los padres estaban en contra de que ellas jugaran”.
Sunakali y sus amigas cultivaron la pasión por el fútbol en un lugar en el que solo hay pendientes imposibles y un desolador futuro: el 65% de las niñas se casan antes de los 16 años. En ese contexto surgió la posibilidad de competir en una ciudad remota contra otros trece equipos femeninos del país y Bhojraj Bhat se decidió a grabar un documental de semejante aventura. El primer paso fue disputar un partido amistoso en Humla, otra pequeña población situada a tres días de caminata por senderos nevados.
En su debut, el equipo de Mugu probó el amargo sabor de la derrota. Además, el partido se les escapó en la tanda de penaltis más rudimentaria jamás organizada. Pero el fútbol en el Himalaya es así de duro. Tras secarse las lágrimas, Sunakali y sus compañeras enfilaron entre risas los tres días de regreso a su pueblo.
Después llegó el viaje a Kailali... ¡en avión! Las jóvenes futbolistas, a kilómetros de sus aldeas, veían por primera vez aviones, motos y hasta carros de bueyes. Y, por fin, llegó la hora del fútbol. El equipo de Mugu fue la sensación del torneo. Ganó sus tres primeros partidos marcando cinco goles y sin encajar ninguno.
Sunakali, autora de todos los goles, se convirtió en la estrella. Centenares de espectadores que se agolpaban en los límites del terreno de juego coreaban su nombre. “Fue una experiencia maravillosa, porque sabía que estaba muy lejos de mi casa y que la gente no me conocía”, explica Sunakali, “aún así, nos animaban. Eso nos daba mucha fuerza y pensé que teníamos que ganar como fuese”.
En la gran final, ante Tikapur, Sunakali volvió a ser la goleadora que firmó el triunfo. Para salir victoriosas no solo tuvieron que tener en cuenta a sus rivales, ya que el terreno de juego contaba con una hilera de árboles que tenían que regatear: “Los árboles eran como dos defensas más que había que superar”.
Las futbolistas fueron recibidas en Mugu como heroínas, pero aquella gesta no sirvió para impulsar el fútbol en la alta montaña. “Con la película esperaba que cundiese el ejemplo”, se lamenta el director del filme, “pero a pesar de afrontar todas las dificultades y triunfar, no ha cuajado nada”. La cruda realidad disolvió aquel equipo campeón: la mayoría de las niñas terminaron casándose. Sunakali y otras dos compañeras han regateado el matrimonio gracias a la ayuda de Bhojraj, quien financia sus estudios en Katmandú: “Sentía que tenía una deuda con ellas”. Sunakali, cuyo nombre significa chica de oro, es el primer miembro de su familia que pisa la capital nepalí y sus notas le han servido para estar interna en el mejor colegio. “La chica de oro me sale muy cara”, bromea el director.
A sus 17 años Sunakali es la soltera más vieja de su pueblo. A base de goles ha regateado el destino que le esperaba en su aldea, pero sus padres siguen desconfiando del mecenazgo que le brinda Bhat. Al partir hacia Bilbao sus padres intentaron retenerla en el último segundo: tenían miedo a que el director la vendiese. Sin ninguna intención de traficar con ella, el director acompañará hoy a Sunakali a cumplir un sueño en Bizkaia: ver el mar. “Y tocar la arena de la playa”.