Real Club Celta de Pekín
La hinchada celeste, que hoy recibe la visita del barcelona, se moviliza para que Carlos Mouriño no venda la entidad a un grupo inversor chino
carlos Mouriño está considerado como el mejor presidente del Celta, no en vano tomó el control del club vigués en 2006 y, aunque al principio su gestión se puede calificar de mala (descenso a Segunda División, categoría en la que estuvo hasta 2011), luego realizó una gran labor, saneando su maltrecha economía y poniendo en el empeño dinero de su propio bolsillo hasta colocar al Celta entre la clase media-alta de la Primera División, disputando de nuevo un torneo europeo, la Europa League, diez años después de la última experiencia. Sin embargo, en los últimos días hay marejada sobre las Rías Baixas. La venta del Celta al grupo inversor chino Citic Group ha entrado en su fase definitiva y probablemente se consume antes de diciembre.
La afición celeste teme que su amado equipo pierda su corazón gallego y pase a ser un simple negocio en manos extrañas. Se mira lo que está ocurriendo con el Valencia, propiedad de Peter Lim, un magnate singapurense de origen chino, y analizar esta experiencia provoca alarma entre la hinchada celtista.
Mouriño suele recordar con indisimulado orgullo aquel sueño que tuvo en la niñez: no aspiraba a ser jugador. Él quería convertirse en presidente del Celta. Y lo consiguió. Pero para lograrlo antes amasó una fortuna en México, país al que emigró, construyendo un conglomerado de 300 empresas que dan trabajo a 3.000 personas. Con estas credenciales regresó a la tierra madre convertido en un gallego rico, un triunfador, para sublimar su pasión infantil y recibir la aureola de salvador.
Ahora, sin embargo, todo se tambalea. “Nuestro rechazo no radica en la venta sino en a quién se vende el club”, señala el Colectivo Nós, un grupo organizado de socios que ha tomado la iniciativa con la pretensión de persuadir a Mouriño. Porque, aseguran, en caso de confirmarse la venta del Celta al Citic Group, sería “un triste epílogo” del actual presidente. “Esta venta iría contra los valores que Mouriño defendió durante la década que ha estado al frente del club, en la que la identidad del club con la ciudad de Vigo y, en particular, con Galicia en general ha sido uno de los pilares que acompañó su política de marketing durante estos años”, afirman, además de criticar que el presidente entienda el Celta como “un simple negocio”, olvidándose de la parte “pasional” y de los aficionados que “han estado, están en el presente y seguirán estando en el futuro venga quien venga”.
Mouriño, que posee el 52,2% de las acciones del Celta, espera ganar con la operación no menos de 100 millones de euros, con lo cual quintuplicaría por cinco su inversión. El dirigente, de 73 años, ya hizo anteriormente negocios con Citic Group, al que vendió la empresa de calderas industriales Gándara Censa por 45 millones de los cuales el empresario se embolsó 29 a través de su sociedad Inverhismex, la ramificación en el Estado español de Corporación GES, la matriz mexicana.
LOS ARGUMENTOS Pero, ¿qué razones han empujado a Mouriño para deshacerse del Celta, cuando el dinero no es precisamente una necesidad? El pasado 8 de septiembre, en un desayuno informativo con los medios de comunicación, Mouriño habló por primera vez de manera abierta sobre sus intenciones de abandonar el club, posibilidad que había meditado con la familia. Entonces expuso tres opciones: vender el Celta, nombrar a una persona de confianza para dirigirlo o uno de sus dos hijos, Carlos o Marián (un tercero, Juan Camilo, murió cuando era ministro del Interior de México al caer el jet en el que viajaba, el 4 de noviembre de 2008).
Antonio Chaves, actual director general y esa persona de confianza de la que hablaba, se autodescartó. Sus hijos, al frente de los negocios familiares y asentados en México, no tienen intención de mudarse a Vigo. En consecuencia, se impone la tercera opción: Citic Group. Sin embargo detrás de esta opción también se esconde su malestar ante las autoridades, que bloquearon la construcción de una ciudad deportiva, un proyecto que concitaba toda su ilusión.
A la espera de acontecimientos, el Colectivo Nós apela a su sensibilidad, y le imploran, como celtista y vigués: que “haga lo posible y lo imposible para que ese paquete accionarial quede en manos gallegas a pesar de que le operación no sea tan rentable económicamente”.