LO cantaba The Doors en su venerada composición The End: This is the end, my only friend -Este es el final, único amigo-. Al proyecto de Arsène Wenger ya no le queda oxígeno después de siete años sin conquistar un título y divisando el Arsenal el desastre en la presente temporada, donde la Premier es una quimera -a 17 puntos del City-, la Champions un milagro inalcanzable tras el 4-0 en Milán y donde la FA Cup pasó el sábado al cajón del olvido al caer frente al Sunderland (2-0). Sin Nasri ni Cesc, y pese a la incorporación de Arteta, la campaña se le está haciendo larga a los gunners, que hace tiempo que dejaron de enganchar con su fútbol de toque, pura mercadotecnia que nunca encontró el éxito pleno.
La etapa de 16 años del entrenador francés al frente del club del Emirates Stadium se ha adentrado en su fase más oscura y pantanosa, y solo los retazos del hijo pródigo, Thierry Henry, de vuelta en Nueva York, maquilló este curso el agujero negro en que está sumido el equipo. "Debemos asumir las críticas, enfrentarlas y permanecer juntos. La única respuesta es seguir unidos y luchar", dice Wenger, consciente de que para la directiva sería un paso muy atrevido cesar antes de que expire el ejercicio a la persona que transformó la entidad en algo con un estilo de juego referencial. Y es que, resultados al margen, el galo se erigió en una especia de Kafka al crear un nuevo espíritu que desplazó a la filosofía del alcohol enarbolando la nutrición y la preparación física adecuada.
Sin embargo, donde al Arsenal le falta un líder es sobre el césped. Por ello, ayer The Guardian se cuestionaba "¿durante cuánto tiempo se puede ofrecer a Wenger el beneficio de la duda?", mientras él se escuda en las lesiones de jugadores primordiales como Wilshere. Otros medios ingleses apuntaban a la posibilidad de trasladarle a las oficinas superiores para que desempeñe un papel de dirección y tratar de convencer a Pep Guardiola, que aún no le ha dado el sí de la renovación al presidente Sandro Rosell. Por su parte, Sunday Mirror acusaba al técnico de "haberse sentado encima" de los 69 millones de euros que ingresó el Arsenal este curso por las ventas de los citados Nasri y Fàbregas. Con las nuevas dolencias de Squillaci, Coquelin y Ramsey, lo peor puede estar todavía por llegar el próximo fin de semana frente al Tottenham, su gran rival al norte de Londres, por lo que Wenger trata de ponerse la venda antes de la incurable herida desafiando a los periodistas: "Recibí muchas lecciones de mucha gente que no dirigió a ningún club, ningún partido, ningún duelo de Champions. Hemos jugado quince años al máximo nivel y siempre en el Top 4. Eso es de una consistencia notable. Algún día, verán que no es fácil".
mourinho como reclamo No es el suyo el único banquillo que arde en Inglaterra, con André Villas- Boas incapaz de reflotar al Chelsea, o en Italia, donde Claudio Ranieri mastica el peor momento del Inter desde tiempos que ni la memoria alcanza a recordar tras perder en casa ante el colista Novara y el modesto Bologna. Las aficiones de uno y otro conjunto, y hasta las de sus rivales, disfrutan en los partidos suplicando por el regreso de José Mourinho a tenor de lo que contemplan sobre el verde. Una fatalidad en la que quizás el luso colaboró, porque, aparte de los éxitos, pudo dejar extenuados a sendos vestuarios. Los datos son otra historia: durante los cinco años siguientes a su marcha, en Stamford Bridge pasaron hasta cinco entrenadores: Grant, Scolari, Hiddink, Ancelotti y Villas-Boas. Y cuatro por el interista: Benítez, Leonardo, Gasperini y Ranieri. Mientras, Mou se deja seducir sin esclarecer su porvenir. Por una parte, asegura formar parte del pasado de estos clubes; y, por otra, no pierde jamás ripio en aseverar que le encantaría retornar a uno u otro paraje. Es más, él mismo se declara hincha del Inter, más incluso que del Madrid. En esta tesitura, el portavoz de Mourinho, su compatriota Eladio Paramés, ha aprovechado la ocasión para lanzar una nueva pulla a la afición madridista a través de Twitter: "Curioso. Ayer (el viernes) los hinchas del Inter cantaban el nombre de Mourinho. Hoy (el sábado) los del Chelsea cantan su nombre. Los del Real Madrid, le silban".