La agricultura en Bizkaia —y en general en toda Euskadi— está en un momento crítico en todo lo relativo a la evolución generacional en el sector. Así se pone de manifiesto echando un vistazo a los últimos datos del Censo Agrario del País Vasco, el 30,6 % de los titulares de explotaciones agrarias ya ha pasado la barrera de los 65 años y tan solo uno de cada diez del total de esos propietarios está por debajo de los 40.
A todas luces se observa que esta distribución poblacional demuestra un hecho clave que no ha hecho más que empeorar: hay un estancamiento en la incorporación de los jóvenes de hoy en día al mundo agrario y al sector primario.
¿Por qué es crucial el relevo generacional? Responder a esta pregunta no solo tiene que ver con una cuestión demográfica; sino que es un elemento primordial si se quiere garantizar la sostenibilidad económica, social y ecológica del sector agrario de Bizkaia. O dicho de un modo más sencillo: sin esos jóvenes en la agricultura no habrá futuro en la misma.
Y esto trae consigo otra serie de consecuencias negativas: se perpetúa el envejecimiento del tejido productivo, con el consiguiente riesgo de cierres de explotaciones y pérdida de actividad local; se reduce la capacidad de innovación y adaptación tecnológica (clave en estos momentos de transición ecológica y adaptación climática); se compromete el equilibrio territorial en zonas rurales que poco a poco quedan abandonadas y despobladas y, además, se pone en riesgo la soberanía alimentaria local.
Estamos, por tanto, ante un desafío y un reto importante que, desde DEIA, hemos querido conocer más de cerca. Y para ello, nada mejor que contar con la voz experta de los que verdaderamente conocen esta realidad para saber qué futuro le espera al sector primario de Bizkaia si todo esto no cambia.
Ellos son Raúl Pérez, viceconsejero de Alimentación y Desarrollo Rural del Gobierno Vasco; Inmaculada Cabezas, directora de la Escuela de Agricultura de Derio; Andoni Bringas, director del Sector Agroalimentario de LABORAL Kutxa y Martin Uriarte, coordinador Bizkaia LURSAIL Koop. A todos ellos les podremos escuchar en una cita de lo más interesante que tendrá lugar el próximo jueves 5 de febrero en la sede de la Escuela de Agricultura de Derio.
Las barreras que frenan a muchos jóvenes
Los jóvenes que sí desean dedicarse a la agricultura en Bizkaia y en Euskadi se enfrentan a múltiples barreras que, en ocasiones, complican todavía más esa decisión firme que han tomado de cara a su vida personal y profesional. Así, uno de esos retos tiene que ver con el acceso a la tierra y a explotaciones viables ya que muchos jóvenes no heredan explotaciones familiares y la compra o arrendamiento de fincas resulta difícil debido al elevado coste y a la falta de mercados de tierras transparentes.
Sin esos jóvenes en la agricultura no habrá futuro en la misma
En Euskadi se estima que existen 1.500 explotaciones viables cuyos titulares están jubilados o próximos a la jubilación, pero aproximadamente 750 de ellas no tienen un relevo identificado.
Esta barrera viene de la mano de otra, la financiación. Aunque hay instrumentos disponibles, como apoyos financieros europeos y locales, la falta de historial crediticio y la percepción de riesgo reducen el acceso de jóvenes a los créditos y ayudas en algunos casos.
Superada la brecha de la financiación, llega el turno del problema de la formación y el apoyo técnico. Estas nuevas generaciones tienen en muchos casos niveles educativos más altos que sus predecesores en el campo; sin embargo, la agricultura requiere habilidades prácticas específicas y conocimientos técnicos actualizados orientados a la eficiencia, la sostenibilidad y las nuevas tecnologías. Y es aquí donde entran programas formativos integrales y apoyo continuado.
El último de los retos que es necesario superar tiene que ver con la percepción social que se tiene del sector primario. La agricultura tradicionalmente se ha visto como un “sector difícil” y con ingresos inestables. Ahí están estos profesionales para valorar socialmente, como se merece, la profesión agraria, resaltando su papel estratégico en la sostenibilidad, la calidad de vida y la economía local.
Para superar estos escollos, la estrategia va desde programas de incorporación específicos, que apoyen a jóvenes desde la fase de generación de ideas, creación de empresas agrarias y consolidación de proyectos; pasando por apoyos financieros y fiscales para que puedan afrontar inversiones iniciales sin cargas insostenibles o la formación y transferencia tecnológica con las miras puestas en la promoción de la capacidad de innovación entre la juventud agraria.
A esto se suman campañas de visibilización que cambien la narrativa social hacia una agricultura moderna, sostenible y profesional, donde la juventud pueda ver oportunidades de carrera atractivas; así como planes de igualdad de género y diversidad en un sector que, históricamente, ha sido masculino.
En Bizkaia, por ejemplo, casi 4.800 mujeres están vinculadas a explotaciones agrarias, con un crecimiento de participación femenina en los últimos años.
Oportunidades en el contexto 2030
Mirando hacia el 2030, existen oportunidades claras que pueden servir como reclamo para atraer y retener la atención y el talento de los jóvenes hacia el sector agrario del territorio.
FECHA: 5 de febrero
HORA: 10.00
LUGAR: Escuela de Agricultura de Derio
En el futuro, la agricultura puede jugar un papel clave en la transición energética, por ejemplo mediante el uso de energías renovables, la gestión sostenible de residuos o la producción de biocombustibles o biofertilizantes. Esto puede crear empleos verdes y añadir valor económico al sector. Además, la adopción de modelos de economía circular y el uso de herramientas digitales de gestión, producción y comercialización pueden mejorar la rentabilidad y sostenibilidad del mundo agrario hacia un equilibrio territorial y desarrollo rural.
Y es que el relevo generacional, como ha quedado de manifiesto al comienzo, contribuye al mantenimiento de servicios, empleo y población en zonas rurales; evitando así la despoblación y promoviendo un equilibrio real entre zonas urbanas y rurales.
Por último y con esas miras hacia el 2030, la incorporación de jóvenes asegura la continuidad de la producción de alimentos de proximidad, contribuyendo a sistemas alimentarios más resilientes y menos dependientes de importaciones de fuera.
Por tanto, el relevo generacional en la agricultura de Bizkaia es un reto decisivo y una oportunidad. No solo es necesario para preservar las explotaciones existentes, sino también para transformar el sector hacia modelos más sostenibles, innovadores y competitivos.
Reducir las barreras de entrada, mejorar las condiciones de trabajo, promover la innovación, y crear un entorno rural dinámico y atractivo para los jóvenes son pasos fundamentales para asegurar que la agricultura no solo sobreviva sino que prospere en el contexto económico, social y ambiental de 2030.
Con políticas públicas coherentes, apoyo financiero adecuado, formación continuada y un cambio cultural que valore la profesión agraria es totalmente posible rejuvenecer el campo.