Jesica Cabel aprendió desde muy joven a salir adelante sola. Tras años trabajando en distintos empleos y compaginando la vida familiar con la búsqueda de estabilidad, decidió dar un giro a su vida pasados los 30 y apostar por una vocación que siempre había estado presente: la estética. Volvió a estudiar, se formó en el sector y comenzó a trabajar en un centro de Basauri, donde confirmó que había encontrado aquello a lo que realmente quería dedicarse.

Iniciativa apoyada por Gaztenpresa y Lanbide

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El paso definitivo llegó cuando su antigua profesora le animó a hacerse cargo de Lorea, un centro de estética en Llodio. Con el apoyo de la Fundación Gaztenpresa de LABORAL Kutxa, Jesica pudo poner en marcha su propio proyecto y cumplir un sueño que durante años había visto lejano. Hoy, un año después de abrir su negocio, asegura sentirse feliz de haber apostado por sí misma y por una profesión que entiende también como una forma de bienestar y cuidado personal.