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Especial Construcción

Prevención: hacia un sector más seguro

La siniestralidad laboral sigue siendo una de las principales preocupaciones en el sector de la construcción, pero los datos recientes reflejan un descenso en el número de accidentes

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La siniestralidad laboral sigue siendo uno de los grandes retos del sector de la construcción en Euskadi, pero en los últimos años también empiezan a verse señales que invitan a un cierto optimismo en este sentido. Los datos más recientes dibujan un escenario complejo, sí, pero también en transformación en lo que respecta a este punto tan importante en un sector que tiene muchos riesgos. 

El año pasado se registraron en Euskadi más de 36.000 accidentes laborales, lo que supone un descenso del 6,4% respecto al año anterior. Una tendencia a la baja que confirma que las medidas de prevención empiezan a dar resultados. Sin embargo, no se puede bajar la guardia ya que esa mejora convive con una realidad dramática que obliga a seguir luchando cada día por reducirla a cero: 30 personas perdieron la vida en el trabajo, un dato que incluso aumenta respecto a 2024. 

En el día a día, esto se traduce en una media de más de 100 accidentes laborales diarios en Euskadi, un dato que ayuda a dimensionar la magnitud de un problema con una seria dimensión. Y dentro de ese conjunto, la construcción sigue siendo uno de los sectores más expuestos. Su propia naturaleza —trabajos en altura, uso de maquinaria pesada, entornos cambiantes— hace que el riesgo sea estructural. De hecho, presenta algunos de los índices de incidencia más altos, muy por encima de otro tipo de sectores laborales como puede ser por ejemplo el de los servicios.

Retos y soluciones esperanzadoras

Aun así, hay motivos para la esperanza, ya que más del 95% de los accidentes laborales registrados en Euskadi son leves, lo que indica que, aunque frecuentes, muchas situaciones de riesgo no derivan en consecuencias graves. Además, la tendencia general en los últimos años apunta a una progresiva reducción de la siniestralidad, fruto de una mayor concienciación social y empresarial por parte de todos los actores implicados. 

El gran reto en el sector de la construcción ahora no es solo reducir el número de accidentes, sino evitar los más graves. Las caídas en altura siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en este tipo de trabajos, junto con golpes con maquinaria o desplomes. En muchos casos, los expertos coinciden en que se trata de accidentes que en muchas ocasiones se podían haber evitado y responden a fallos unidos a falta de planificación previa o a que no se cumplen algunas medidas básicas de seguridad.

Más del 95% de los accidentes laborales registrados en Euskadi son leves

Aquí es donde entra en juego el cambio de enfoque que empieza a consolidarse en Euskadi. La Estrategia Vasca de Seguridad y Salud en el Trabajo 2021-2026 pone el acento en “reforzar la cultura preventiva, mejorar la gestión de la seguridad en las empresas y coordinar mejor a todos los agentes implicados”, como se indica en este documento con el objetivo ambicioso de ir poco a poco caminando hacia la consecución del “cero accidentes”. 

La tecnología puede ayudar

En paralelo, las nuevas herramientas tecnológicas abren nuevas oportunidades y canales para ir acabando con esa siniestralidad laboral en la construcción. La digitalización de las obras, el uso de sensores para detectar riesgos o la aplicación de inteligencia artificial para anticipar accidentes están empezando a implantarse en algunas empresas del sector. También la industrialización de la construcción —con más trabajo en entornos controlados y menos exposición en obra— se perfila como una vía eficaz para reducir riesgos.

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Pero, sin duda, más allá de grandes estrategias y planes de prevención (necesarios por otro lado), hay claves sencillas que siguen siendo fundamentales para no tener un final infeliz tras un día de trabajo en una obra de construcción: formación continua, uso riguroso de los equipos de protección, planificación realista de los tiempos de obra y una mayor implicación de todos los niveles y personas de esa empresa empresa. 

El mensaje que se abre paso es claro: la seguridad no es un coste, sino una inversión. Una inversión en personas, en calidad del trabajo y en sostenibilidad del propio sector. Euskadi ha demostrado que es posible avanzar, pero el camino aún requiere constancia. Porque detrás de cada dato hay una historia. Y el verdadero objetivo no es solo mejorar estadísticas.