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Aplicaciones para gestionar las finanzas personales: ¿merecen realmente la pena?

Más allá de ayudar a controlar el gasto, el uso de estas aplicaciones ha abierto un debate sobre hábitos, dependencia tecnológica y cesión de datos personales

Aplicaciones para gestionar las finanzas personales: ¿merecen realmente la pena?Freepik

Ahorrar se ha convertido en una carrera de fondo para millones de hogares. No por falta de voluntad, sino por pura dificultad material. Según el II Estudio sobre Conductas sostenibles de la población española elaborado por Triodos Bank, ocho de cada diez ciudadanos consiguen ahorrar de forma regular u ocasional. Sin embargo, solo el 20% alcanzan el umbral recomendado por la mayoría de los expertos. “Lo mínimo que una persona debería tener como ahorro a corto plazo para poder hacer frente a diferentes imprevistos son tres nóminas. Además, es importante mantener un equilibrio en las finanzas personales, destinando como máximo un 30% o un 35% al pago de deudas, alrededor de un 55% o un 60% al día a día, y reservando siempre, al menos, un 5% o un 10% para el ahorro mensual”, señala Antonio Luis Gallardo, responsable de estudios de Asufin (Asociación de Usuarios Financieros).

El estudio de Triodos Bank confirma esa percepción. Aunque el 85% de la población se considera organizada con su dinero, casi la mitad llega justa a fin de mes. “Nos encontramos en una situación dual, porque si miramos los datos macroeconómicos el ahorro sube, pero al mismo tiempo cada vez hay más personas que no llegan a fin de mes”, explica Gallardo. “Entre el 40% y el 50% de los españoles llega justo a fin de mes y no puede ahorrar, lo que supone un problema bastante grave desde el punto de vista social”.

En ese contexto, las aplicaciones para controlar el gasto y fomentar el ahorro han encontrado un terreno propicio para conseguir usuarios. Facilitan mucho las cosas a la hora de gestionar las cuentas y controlar los ahorros. Frente a la libreta, la hoja de cálculo o el simple “ya miraré a fin de mes”, estas herramientas ofrecen gráficos, alertas, presupuestos automáticos y una visión global de las finanzas personales en tiempo real. Las preguntas resultan inevitables: ¿Son necesarias? ¿Merecen la pena? ¿Qué precio se paga, más allá del económico, por usarlas?

¿Cómo funcionan?

El objetivo fundamental de estas aplicaciones es ayudarte a elaborar un presupuesto realista, acorde a tus ingresos y gastos. Para ello, la mayoría se sincroniza con cuentas bancarias y tarjetas, clasifica automáticamente los gastos, permite fijar presupuestos y alerta sobre pagos recurrentes o desviaciones.

Aunque comparten estas funciones básicas, algunas aplicaciones ofrecen opciones más avanzadas. Incorporan sistemas de ahorro automatizado, redondeo de compras, objetivos personalizados o análisis detallados del comportamiento financiero. Otras permiten adaptar el método de gestión al estilo del usuario, como el presupuesto de base cero, o dividir el dinero en distintas categorías según las prioridades personales. Entre las más destacadas se encuentran Fintonic, Fazil, MoneyWiz, Goin o YNAB.

“Es importante mantener un equilibrio en las finanzas personales, destinando como máximo un 30% o un 35% al pago de deudas, alrededor de un 55% o un 60% al día a día, y reservando siempre, al menos, un 5% o un 10% para el ahorro mensual”

Antonio Luis Gallardo . Jefe de estudios de Asufin

Estas aplicaciones de control financiero no prometen milagros, pero sí orden y conciencia. Permiten tener una visión clara de cuánto dinero entra y sale y, sobre todo, en qué se va, un ejercicio que ayuda a corregir hábitos. Facilitan la creación de presupuestos por categorías y avisan cuando se cruzan los límites fijados, empujando a una gestión más disciplinada. También incentivan el ahorro mediante metas concretas o sistemas automáticos para apartar dinero, evitando que todo se diluya en gastos cotidianos. Además, alertan ante el descontrol financiero, cuando el ritmo de consumo supera a los ingresos, y ahorran tiempo al concentrar toda la información en una sola pantalla, accesible en cualquier momento y lugar.

Para funcionar, este tipo de aplicaciones necesitan acceso a información sensible: ingresos, gastos, suscripciones, hábitos de consumo o incluso pagos médicos. Con esos datos elaboran perfiles detallados del usuario: en qué gasta el dinero, con qué frecuencia y en qué ámbitos, desde el ocio cotidiano hasta desembolsos más sensibles, como los relacionados con la salud. Todos esos datos se recopilan y se examinan para proponer al usuario presupuestos ajustados a su perfil. La comodidad es evidente, pero conviene plantearse hasta dónde llega realmente la protección de tu información personal.

Una mujer realiza una operación financiera a través de Internet.

“Estas aplicaciones acaban monetizando la información de los usuarios para intentar venderles otros productos financieros”, advierte Gallardo. Así, sistemas de puntuación interna, como el FinScore de Fintonic, pueden influir en las ofertas que recibe el usuario.

Existen alternativas más prudentes, como aplicaciones que no se conectan directamente al banco y requieren introducir los gastos manualmente. Son menos cómodas, pero reducen significativamente los riesgos. En cualquier caso, los expertos insisten en leer las políticas de privacidad, revisar permisos y desconectar cuentas innecesarias.

Antonio Luis Gallardo aconseja no recurrir a este tipo de herramientas y apuesta por gestionar las finanzas siempre dentro del propio banco: “Las aplicaciones externas ayudan a ahorrar, pero no son estrictamente necesarias porque los bancos ya cuentan con herramientas similares”.

“Estas aplicaciones acaban monetizando la información de los usuarios para intentar venderles otros productos financieros”

Antonio Luis Gallardo . Jefe de estudios de Asufin

Débil compromiso

Sin embargo, el principal problema a la hora de ahorrar no está en las herramientas que se utilizan para ello, sino en la falta de constancia. “Se empieza con ganas, pero luego hay personas que acaban dejándolo. Es importante mantener el hábito y no dejar nunca de ahorrar”, manifiesta Gallardo.

Para evitar que el ahorro se convierta en un quebradero de cabeza, Gallardo recomienda “controlar claramente los ingresos y los gastos, porque a partir de ahí se puede determinar una cantidad de ahorro realista”. Además, señala el ahorro debe realizarse de manera inmediata, una vez cobrada la nómina: “Si se deja para final de mes, surgen los problemas, porque aparecen otros gastos y, al final, ese dinero acaba destinándose a otra cosa”.

Método de los sobres

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Un método práctico para ahorrar que se ha puesto de moda es de los sobres. Se trata de un método clásico de gestión del dinero que consiste en repartir tu efectivo en diferentes sobres, cada uno destinado a un tipo de gasto específico. Por ejemplo, puedes preparar sobres con etiquetas como “alquiler”, “comida”, “ocio” o “transporte”. Cada sobre contiene únicamente la cantidad destinada a esa categoría durante un período determinado, normalmente un mes. La clave de este método es que, cuando el dinero de un sobre se termina, no se puede usar más para esa categoría hasta que comience el siguiente ciclo. Esta práctica ayuda a tomar mayor conciencia sobre cómo se gasta y a cumplir los límites que uno mismo establece.

Una de las ventajas de este sistema es que usar efectivo en lugar de tarjetas, ya sean de crédito o de débito, permite ver el dinero físicamente. Esto genera un efecto psicológico que hace más evidente la disminución del dinero disponible, lo que ayuda a frenar las compras impulsivas y controlar el gasto. El método es fácil y no requiere aplicaciones ni conocimientos financieros avanzados. También se puede implementar de manera digital, usando apartados virtuales o cuentas separadas.