La perspectiva de género se integra en la construcción de viviendas

Euskadi prevé aprobar a finales de año un decreto de Vivienda que apuesta por inmuebles mejor iluminados para evitar agresiones, con cocina grande para compartir tareas y seguridad en los portales

12.11.2021 | 10:03
La seguridad frente a las agresiones es fundamental en las viviendas con perspectiva de género.

Medidas para reforzar la seguridad en las zonas comunes del edificio, mejorar y ampliar los espacios de la cocina o romper con la jerarquización de los dormitorios son algunos de los cambios que exige el nuevo decreto de Vivienda del Gobierno vasco, que según las previsiones se aprobará a finales de este año y que por primera vez incluye la perspectiva de género, como ya se anunció en 2019.

Así lo explicó el consejero de Planificación Territorial, Vivienda y Transportes del Gobierno vasco, Iñaki Arriola, durante el Curso de Verano de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) Género, arquitectura y vivienda, en el que presentó una guía fruto del Plan de Igualdad del Departamento, dirigida a los profesionales dedicados a la construcción de vivienda pública y a modo de sugerencia al sector privado.

La guía está dividida en cinco dimensiones y cuenta con 12 objetivos que buscan desde el mismo diseño de las viviendas, potenciar los espacios de encuentro como cocinas, estancias exteriores, mejorar e iluminar los espacios comunitarios para evitar agresiones físicas o sexuales y hacer viviendas más accesibles por si el inquilino lo requiere en un momento determinado.

"Con ambas herramientas –el decreto y la guía–, queremos generar una cultura de la vivienda con perspectiva de género, que se convierta en palanca para la mejora de las condiciones de vida de todas las personas y de la calidad de la arquitectura, porque incorporar la perspectiva de género a la ciudad, la normativa urbanística y la vivienda no solo es una cuestión de justicia social, sino también una oportunidad para mejorar el diseño de las políticas urbanas y territoriales, y las propias ciudades", explicó el consejero.

Cuando se anunció la idea de una norma de vivienda con perspectiva de género, hace dos años, saltaron las alarmas. Las primeras opiniones fueron negativas, pero cada vez más se está asumiendo la importancia de este tipo de viviendas.

Incorporándolas en la rehabilitación de las viviendas o en las nuevas edificaciones, las mejoras serán un hecho. Hoy por hoy, la necesidad de implementar soluciones al servicio de las personas es un valor en alza. En concreto, como refleja la realidad, poco a poco se va asumiendo la importancia de integrar la perspectiva de género, poniendo a las personas en el centro, buscando soluciones y creando espacios al servicio de las personas.

Cinco dimensiones para diseñar con perspectiva de género


La guía elaborada se divide en cinco dimensiones que se deberán tener en cuenta obligatoriamente:
1) Diversidad. Garantizar entornos "para todas las vidas" y garantizar viviendas "para toda la vida". Es decir, se debe ser consciente de que las realidades de las familias están cambiando y que lo que antiguamente se consideraba como "familia tradicional", hoy en día puede tener múltiples formas. De igual manera se deben ir editando los espacios residenciales y adaptándolos a los nuevos tipos de familias. Así, el decreto de habitabilidad y la guía contemplan familias de una sola persona, monomarentales, parejas sin hijos, grupos de adultos conviviendo, personas divorciadas, divorciadas con hijos o parejas con hijos.

2) Autonomía y seguridad. Los objetivos de la guía en este apartado incluyen incrementar la seguridad frente a agresiones físicas y sexuales en los espacios comunes del edificio, más protección para evitar accidentes en lugares como, por ejemplo, la cocina, y una mayor accesibilidad.

3) Trabajo reproductivo. El reto es garantizar la funcionalidad del entorno físico, facilitar la corresponsabilidad y reconocer en los proyectos el valor del trabajo reproductivo. Se trata de entender y atender la vivienda como espacio de trabajo y, por tanto, aplicarle una normativa de salud igual que en los entornos de trabajo, en vista de que la mujer ha vuelto a recuperar el trabajo en el exterior, pero el hombre no ha entrado a casa. Ese equilibrio no se da, según los expertos. Como lugar de trabajo que es, "habría que fomentar la corresponsabilidad en la cocina", coindicen en señalar los arquitectos.

4) Bienestar y salud. Proteger contra el malestar físico y mental y fomentar la cohesión y las relaciones sociales. Según explican los expertos, "el entorno construido explica parte de los malestares de las personas. La vivienda es un elemento importante de ese entorno construido, sobre todo para las personas que tienen menos acceso a otros recursos para compensar sus malestares. Esas personas necesitan que el entorno sea de calidad, por eso consideramos que la salud es importante en la vivienda".

5) Trabajo productivo. Se busca facilitar el acceso a infraestructuras adecuadas en el propio entorno residencial. Si bien siempre se ha trabajado en las casas, ahora mucho más con la llegada del acceso a internet y tras la pandemia, con la expansión del teletrabajo.
En este sentido, el siguiente paso sería facilitar el acceso a espacios productivos dentro de la vivienda o en los elementos comunes del edificio, porque hay una brecha de género y el teletrabajo produce desigualdades visibles en nuestros días.



Cocinas más grandes y habitaciones multiusos


Las medidas para reforzar la seguridad y percepción de seguridad en las zonas comunes del edificio exigen, entre otros aspectos, mínimos de transparencia entre las puertas de compartimentación, incluidas las de los ascensores para que se visualice el interior y el exterior. También la nueva normativa incluye la instalación de espejos u otros sistemas visuales en las escaleras.

El portal, las escaleras, los rellanos y los garajes deberán ser más amplios e iluminados –a ser posible con luz natural– y su recorrido ha de ser fácil de entender, porque eso facilitará el control propio y la vigilancia natural sobre ese espacio, haciendo un espacio más agradable y de cara a evitar las agresiones.

En cuanto a las cocinas, se deberá realizar mejoras a través de una superficie útil mínima que incrementa lo anteriormente existente de 7 m2 para la cocina. Es decir, las cocinas que se construirán a partir de ahora deberán ser 7 m2 mayores y contar preferiblemente con diseños tipo cocina-comedor o, en caso contrario, situar la cocina colindante con el comedor de forma que se pueda unir o tener conexión visual.

En el decreto se propone que la cocina y el comedor puedan ir juntos también por una cuestión de que así conseguimos que las cocinas sean más grandes. Así se garantizan la accesibilidad y la seguridad y salud en los lugares de trabajo, porque una cocina es un lugar donde se trabaja mucho y se utilizan elementos peligrosos. Una cocina en L es mucho más cómoda y más funcional porque sí se permite la corresponsabilidad. Por su parte, una cocina que es, además, un comedor, se convierte en un lugar de encuentro de los habitantes de la vivienda.

Antiguamente era costumbre reunirse en la sala de estar en torno a una TV, hoy en día todo el mundo tiene una en el bolsillo y no es lo habitual juntarse para ver algo en la sala de estar, pero sí para comer o tomar algo en la cocina. Es importante también que esté abierta al exterior, con un espacio exterior.

Igualmente importante es "desjerarquizar" los dormitorios para que puedan llegar a ser habitaciones multiusos aumentando su tamaño mínimo. Las nuevas habitaciones tendrán una superficie mínima de 10 m2 y de 11,5 m2 si tienen un espacio para almacenaje en su interior. La regulación existente hasta ahora era de 10 m2, 8 m2 y 6 m2 para pisos de hasta 3 dormitorios. Pero un dormitorio de 6 m2 prácticamente tiene cabida para una cama y poco más, no permite la cantidad de cosas que personas adultas conviviendo, sean hijos o sea la relación convivencial que sea, necesitan. Estos cambios en ese mínimo vital son un síntoma claro de mejorar los estándares y la calidad de vida.

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