Presidente de la Fundación Arizmendiarrieta

Juan Manuel Sinde: "Como empresario la transparencia te vuelve vulnerable, pero a largo plazo es algo bueno"

Arizmendiarrieta Fundazioa intenta trasladar a la empresa un modelo de gestión más transparente con una mayor participación de la plantilla en las decisiones y los resultados

08.11.2021 | 00:37
Juan Manuel Sinde, presidente de la Fundación Arizmendiarrieta.

Sin ruido, la Fundación Arizmendiarrieta lleva realizadas ya más de un centenar de presentaciones de su propuesta para mejorar las relaciones laborales en foros universitarios, empresariales e institucionales. La fundación ligada al Grupo Mondragon ha logrado eco entre una parte del empresariado y, algo difícil hoy en día, un cierto consenso sindical. Ahora el objetivo es dar el salto a Madrid para lograr cambios legales que favorezcan su implantación en las empresas.

¿Qué es el modelo inclusivo-participativo?

—Se trata de reforzar la competitividad empresarial en base al desarrollo de las personas, que es esa visión humanista que defendía Arizmendiarrieta. Si como empresario te preocupas por las personas, por su futuro, por su formación... eso redunda en la competitividad. Buscamos sustituir la confrontación por la cooperación.

Pero sin llegar necesariamente al cooperativismo.

—Buscamos apoyarnos en los valores del cooperativismo y no tanto en la parte jurídica. Intentamos que los valores que están en la base del modelo cooperativo se trasladen a la empresa convencional. Algunas ya los tienen, como es el caso de Alcorta Forging, ganadora del Premio Arizmendiarrieta Saria que entregaremos el día 29. Cuidado porque también hay cooperativas que tienen un modelo jerárquico y autoritario, aunque no es lo normal, al igual que hay sociedades anónimas más humanistas.

Cuando habla del desarrollo de las personas, ¿qué es exactamente?

—Hemos hecho una reflexión con partidos, sindicatos y empresarios y hemos desarrollado 21 características del modelo. La más importante es la información y la participación. En la empresa debe haber una comunicación sistemática y entendible. Eso supone que debe haber formación para que el trabajador entienda la información que le das. Los propios representantes sindicales no tienen por qué tener una formación financiera. Hay que hacer un esfuerzo para que esa información sea entendible. Destacaría como segunda clave la participación en resultados. No puede ser que sustituyas la confrontación por la cooperación pero luego haya alguien que se queda con todo el fruto del trabajo de todos.

Informar puede tener riesgos...

—Claro, la transparencia y la comunicación son un problema para los directivos. Te desnudas, eres vulnerable, muestras tus carencias. Eso a nadie le gusta. Lo que pasa es que hay que llegar a la conclusión de que eso a largo plazo es bueno. Un sindicalista nos solía decir que en su empresa cuando las cosas van bien no les dan ninguna información pero cuando van mal les dicen hasta las comidas que hace el gerente. Hay que cambiar ese funcionamiento, pero eso se hace organizándolo tiempo atrás.

Entiendo que cuando la empresa va mal ya es tarde.

—Es que es incluso desaconsejable, lo único que genera es desconfianza.

¿Hay en Euskadi en general una cultura inclusiva-participativa?

—Diría que hay una cultura sociológica favorable a este modelo. La cooperación es la forma natural de resolver los problemas. Luego aquí ha habido unas relaciones laborales más conflictivas que han hecho que los empresarios sean más desarrollados en estos aspectos. En Madrid el nivel de sensibilidad hacia estas cuestiones es mucho más baja.

Es llamativo que sea así teniendo unas relaciones más conflictivas.

—Es una paradoja, sí. En las cooperativas se da este modelo sin ninguna presencia sindical. ¿Por qué no están los sindicatos en las cooperativas? Porque la gente considera que no son necesarios porque tienen unos cauces de comunicación que ya están desarrollados y son suficientes.

¿Hasta qué punto el sindicalismo de confrontación es un obstáculo para su modelo participativo?

—Los conflictos están en la base de la vida. Quizá en algunas empresas concretas la confrontación es la única alternativa. Pero es una cultura muy de corto plazo. Llama la atención que quien practica la confrontación luego quiera tener una influencia en las políticas a largo plazo. Si no estableces una relación de cooperación, luego, ¿quién se va a fiar de ti?

Por hacer referencia al último gran conflicto en Euskadi, el de Tubacex, costó armar un acuerdo incluso con sentencia favorable a la plantilla.

—Mira, cuando Fagor Electrodomésticos cierra, el problema viene de muy atrás. En ocasiones detrás de ese tipo de problemas como el de Tubacex hay una historia en la que las cosas no se han hecho bien. La empresa no es ni el empresario ni los trabajadores, es un ente con sus propias necesidades. Y ahí seguramente las dos partes han hecho las cosas mal, en Tubacex y en Fagor Electrodomésticos.

¿Qué le parece el aterrizaje de fondos de inversión en empresas vascas? ¿Alejar geográficamente la propiedad dificulta la transparencia?

—¿Que vengan fondos de inversión es malo? Seguro que sería peor que no viniera ninguno porque eso querría decir que no tenemos una industria atractiva. Pero no es la alternativa más adecuada desde luego. Nosotros promovemos que esta dinámica de participación pueda terminar en una inversión como pasó en CAF. Lo ideal sería avanzar en la línea de que sean los trabajadores y directivos los que tengan una participación en la propiedad, pero es posible en pocas empresas. Entonces, que venga un fondo es mejor que nada. Y una vez que viene hay que demostrar que las plantas de aquí son competitivas. Lo ocurrido en Euskaltel es un riesgo pero a la vez es una oportunidad porque tienes un nivel de inversión que antes no tenías.

La industria vasca encara un proceso de transformación digital que necesita sostenerse sobre la comunicación y la formación.

—Sí, pero con tiempo suficiente y no en el momento en que se plantee una necesidad. Se debe hacer partícipe a la plantilla de lo que se quiere hacer y preocuparte de su desarrollo.

¿Ha forzado el covid a las empresas a mejorar la comunicacion?

—Conozco algunas empresas que han mejorado de forma sustancial, sobre todo cuando había que poner en marcha un ERTE o medidas similares. Claro, eso funciona cuando había una base de confianza. Pasar de no hablarse a que los trabajadores se crean todo no es posible. Hay empresas que se creen que comunicar es poner en la web. Si informas en la web en holandés pues la gente no se entera. La comunicación correcta es la que el trabajador recibe de su jefe inmediato.

Su modelo está encontrando eco entre agentes vascos muy diversos.

—No somos fundamentalistas. Decimos: aquí hay 21 recomendaciones, si no están de acuerdo con una pues cojan las demás. En general los empresarios no están de acuerdo ni con la participación en la propiedad ni en el consejo de administración. Tampoco ELA está de acuerdo en este punto. Nuestra experiencia es que eso es bueno, pero es lo más duro de aceptar para los empresarios. Pero bueno, si eso no lo ven pues que empiecen por las demás, por cosas como la formación, el seguimiento de la satisfacción de los trabajadores...

¿Cómo suena la música, en general, entre los sindicatos?

—En Euskadi, en privado, todos nos han hecho una valoración muy positiva de nuestras propuestas. Otra cosa es que a veces la forma en que se quiere trasladar al exterior el posicionamiento sindical no coincide exactamente con este modelo.

¿Y entre los empresarios?

—Diría que un 15% o así lo ven claro, pero aun hay bastantes que no. Creo que la principal barrera es el miedo, les da miedo desnudarse. Los más capaces, los que más visión y más éxito tienen están apostando por esta vía.

¿En qué proyectos trabaja ahora su fundación?

—Estamos en el proyecto Bilbao Metropoli-30 para construir valor para las empresas de Bilbao y vamos a presentar también un trabajo con Euskalit (fundación para la mejora de la gestión) para concretar más esas recomendaciones y fijar indicadores que permitan a las empresas hacer su propia evaluación. Estamos intentando trasladar este modelo a Madrid porque hay una serie de cosas que no se pueden legislar en Euskadi. Hemos estado con las principales ideologías políticas, empresariales y sindicales del Estado. Queremos intentar impulsar una ley sobre participación de los trabajadores en la empresa y el reglamento de empresa participada.

"En privado todos los sindicatos vascos nos han dicho que valoran positivamente nuestras propuestas"

"Hay que informar a los trabajadores y hacer que esa información sea entendible. Publicar en la web en holandés no es comunicar"

"¿La llegada de fondos de inversión es malo? Pues no es lo mejor, pero seguro que sería peor que no quisiera venir ninguno"


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