"No me creo que Trenasa cierre"

Quejas, malas condiciones laborales, despidos selectivos... varios trabajadores relatan sus años en la filial de CAF. No son pocos los que dudan del cierre de la planta, aunque desaparezca la marca Trenasa.

28.09.2020 | 10:01
Roberto Rodríguez, Cristian Monreal, Óscar Rodríguez (trabajadores) y Iosu Jiménez (extrabajador) posan junto a la pancarta situada en la puerta de la empresa Trenasa.

Resulta complicado encontrar a alguien que hable bien del trato humano o laboral de la empresa Trenasa, filial de la CAF en Castejón. La noticia del cierre anunciada el pasado viernes cogió a muchos desprevenidos, otros esperaban su despido en unos meses ("nadie dura más de dos años") y también había quien se sabía en el punto de mira por la lucha sindical realizada (había muchos casos anteriores) pero todos coinciden en que desde que se abrió Trenasa ha sido un continuo calvario para los trabajadores. Su desconfianza en la gestión parece evidente si se habla con los que más tiempo llevan en la fábrica. Los contratos fijos realizados a última hora del jueves, la entrega de ropa con el sello de Trenasa el mismo viernes, las obras de una nave para pintar vagones que han costado más de 300.000 euros, el hecho de que haya trabajo aún pendiente o de que en los últimos meses, con la mitad de plantilla trabajando por ERTE, les instaran a terminar rápidamente los pedidos para que la CAF tuviera stock son señales, cuando menos, muy confusas.

Más allá del desgarro que deja en Castejón, con más de medio centenar de familias que se quedan sin sustento, o en toda la plantilla con 110 despidos que se harán efectivos el 31 de diciembre, está la mala imagen que durante sus 13 años de existencia se ha ido ganando a pulso la firma. Basta con hacer una búsqueda en internet para hacerse una idea.

La noticia del cierre que se dio al comité a través de un correo electrónico y la presencia de un abogado sin aportar más explicaciones. Llegó a las 12.00, algo que a los que llevan más de un año les extrañó, ya que las malas noticias "las daban siempre los viernes a las 13.30. Siempre, siempre. Estaba cantado. Hace unos meses a un trabajador le llamaron a las oficinas a la una y media y le dijeron 'deja la ropa que terminas a las dos'. Era siempre así, para que te vayas caliente el fin de semana. Era su juego psicológico y demuestran la poca empatía que tenían con el trabajador; nula".
 

Óscar Rodríguez, Cristian Monreal y Roberto Rodríguez, trabajadores de Trenasa, y Iosu Jiménez, despedido en 2015, completan las frases de unos y otros con las mismas experiencias y relatan ante unas cañas y un café sus vivencias en la empresa.

Óscar Rodríguez, representante sindical de LAB en el comité hasta 2015, entró en 2009 y está seguro de que iba a ser despedido cerrara o no la empresa. Represalias similares habían experimentado ya otros trabajadores como Iosu Jiménez, despedido en el último ERE de 2015. "Tengo más esperanzas de que se salve Trenasa que de que me salve yo. No me creo que esta planta vaya a cerrar. Si no es como Trenasa, será como Trenase. Si no igual esperan y cierra un tiempo para volver a abrir. Es una herramienta de CAF y es una vergüenza que una multinacional tan grande haga estas cosas, mientras que un autónomo para conseguir una subvención de 2.000 euros tiene que presentar un plan de viabilidad a tres años. A Trenasa le ha dado el Gobierno más subvenciones que sueldos ha pagado en Castejón", asevera Rodríguez.

Tampoco los jóvenes que llevan poco tiempo dentro de la empresa tienen buenas experiencias y con menos de dos años trabajando ya relatan, con cierta desesperanza, el ambiente vivido. Con solo 25 años, el corellano Cristian Monreal barruntaba su salida, pasara lo que pasara. "Venía con buenas referencias de la empresa pero en muy poco tiempo ya vi que nadie cumplía los dos años, solo cuatro contados, y también había mucha limpieza de gente señalada a dedo por quejas o por la lucha sindical". En su corta experiencia dentro de la factoría remarca que "lo que yo he visto no es bueno y no he llegado a estar ni dos años. La verdad es que estoy muy decepcionado con el trato que daba la empresa a la gente. Los fallos siempre se remarcan mucho, pero cuando había que meter muchas horas extras no te lo reconocía nadie".
 

Iosu Jiménez, que vive actualmente en Murchante, era también delegado de ELA en el primer conflicto laboral que acabó con despidos en 2012, su defensa de los trabajadores le valió ser despedido en el ERE de 2015. Fue de los primeros en entrar en Trenasa, de hecho, antes de que se abriera la factoría en 2007 él ya se estaba formando en Zaragoza desde 2006. "No hay estabilidad de ningún tipo. No puedes estar cada dos años teniendo un proceso de despidos. Para mí fue mucho peor todo el proceso de 2012, por la presión que viví, que cuando me despidieron a mí. Estaba luchando contra unos despidos cuando sabía que, estando en el comité, me quedaba. Al final eres el responsable de muchos puestos de trabajo y de sus familias. Estaba todo el día con el teléfono, no dormía y fue mucha presión". Jiménez recuerda cómo a la negociación acudió el abogado catalán Cuatrecasas que, años más tarde, fue condenado a 2 años de prisión y 1,5 millones por defraudar a Hacienda. "Estabas hablando con los capos de los capos y tú enfrente que lo único que tienes son cuatro sesiones en una oficina de Tudela para poder entender cómo leer un convenio. La lucha es desigual, desproporcionada y no tienen ningún tipo de empatía hacia el trabajador". Para él no fue una sorpresa su despido, "estaba señalado y lo tenía clarísimo. Cuando ya lo llevas tragado es diferente. Tuve la suerte de que me salió una oportunidad, hice una entrevista y aunque me dijeron que terminaba en septiembre me pude ir en junio".

Los más veteranos recuerdan cómo el jefe de soldadura abandonó la factoría cuando le obligaron a despedir a varios trabajadores que eran los que mejor resultado le estaban dando.

Es tal la presión que sufren los empleados y "el grado de acojono de la gente" que el mero hecho de que el gerente haya entrado a su hora a trabajar tres días de esta semana ya había hecho pensar a la plantilla "que iba a pasar algo. Esta semana ha ido a trabajar temprano miércoles, jueves y viernes", confirman los empleados.

De todos ellos Roberto Rodríguez es el recién llegado. A sus 26 años llegó a Trenasa en febrero por una empresa de trabajo temporal y aún no le había dado mucho tiempo a conocer las situaciones de la factoría castejonera. "Tuvimos un pico muy alto y venga a meter horas a mansalva, sábados y todos los días. Luego vino lo de la covid, se llevaron el trabajo de montaje pero nosotros en soldadura seguimos a tope. Con ERTE y con todo estábamos a todo correr porque necesitábamos sacar un montón de trabajo. Así que luego llega el viernes y me quedé flipado. Había bajado el trabajo, pero pensaba que me iban a despedir y que luego ya me volverían a llamar cuando tuvieran trabajo".

Uno de los integrantes del comité de empresa por parte de USO, Manuel Ruiz, resumía el viernes el pensamiento de muchos trabajadores: "Llevo desde el 5 de agosto sin trabajar por el ERTE y lo habíamos asumido, pero después de dejar los mejores años aquí, ¿a dónde voy con 42 años dedicado 14 a hacer trenes?".
 

Uno de los extremos que más ha sorprendido a los trabajadores es que, según relataron muchos el pasado viernes, tenían trabajo comprometido hasta 2023, quizás para la mitad de la plantilla, rehabilitando vagones para Francia. De hecho, acababan de construir en la parte trasera de Trenasa una nave para pintar vagones enteros que, según los trabajadores, había costado más de 300.000 euros. Dentro de esos sinsentidos, Cristian Monreal recuerda que en virtud del parón del confinamiento aún debe horas a la empresa y teme de que vaya a tener que realizarlas tras el aviso de cierre, lo que le deja bastante estupefacto.

En 2015 les dijeron que el trabajo de hacer trenes se había acabado y les iban a dar autobuses y lo que lograran encontrar. "Formaron a los de oficinas en hacer presupuestos y se consiguió un gran trabajo para aeropuertos, con mucho volumen de trabajo, pero de repente dijo CAF "dejad eso y haced trenes". Trenasa es una herramienta de CAF. La trampa es que compra por debajo del precio de producción a Trenasa y cuando no tiene liquidez Trenasa, le vuelve a inyectar, porque no es para ganar dinero, sino para hacer trenes".

Tras once años en la empresa, numerosas luchas sindicales en los ERE dentro del comité y un largo camino de reivindicación política en todos los ámbitos, Óscar Rodríguez se muestra mucho más combativo que sus compañeros. "Tengo 35 años. No me da miedo trabajar y enseguida empezaré a buscar. De lo que estoy convencido es de que vamos a luchar hasta el final y vamos a dar guerra. Esperamos un proceso largo y duro, pero eso sí haciendo las cosas con cabeza. Yo doy ya mi puesto de trabajo por perdido, pero hay que seguir por los que han estado en mi situación durante estos años y por los que puedan quedar trabajando". Rodríguez avisa de que "hay que tener en cuenta que Castejón es el nudo de comunicaciones entre Beasain y Zaragoza"