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Hombre + joven= parado

La recesión ha duplicado el desempleo entre los menores de 25 años, sobre todo entre los varones

Hombre + joven= paradoFoto: david de haro

bilbao. A la igualdad que denota un impacto mayor del desempleo entre los chicos le falta un dato: la formación, según explican a DEIA dos agentes que conviven día a día con los jóvenes, Luis Almaraz, máximo responsable de Gazte Lanbidean, la herramienta de inserción laboral de BBK para las nuevas generaciones y Ane Abarrategi, técnica de condiciones de vida del Consejo vasco de la Juventud.

Por defecto o por exceso de cualificación el paro se ha disparado entre los hombres jóvenes vascos desde el inicio de la crisis. El mayor incremento se produjo el año pasado, pero también ha continuado durante este ejercicio a un ritmo más relativamente controlado. Los últimos datos publicados por el Inem que recogen la división por edades, los del pasado mes de noviembre, refuerzan estadísticamente esa percepción.

El motivo es en la mayoría de los casos el fracaso escolar, más acentuado entre ellos. Las chicas trazan un itinerario formativo a más largo plazo, son más constantes y logran completarlo en su mayoría.

Los chicos viven más al día o simplemente son más volubles a los obstáculos y tentaciones del camino. Y los años del boom inmobiliario abrieron un amplio universo de salidas profesionales en oficios que se aprendían a pie de obra y ofrecían salarios superiores a los que iban a cobrar los universitarios cuatro o cinco años después, al término de la carrera.

Para qué malgastar años de formación si el sistema productivo no lo premiaba. Ahí está la segunda parte del problema, los jóvenes con una gran cualificación profesional que han tenido que asumir trabajos por debajo de su nivel educativo. La disyuntiva era conformarse con poco o caer en un agujero en el que no había nada. Este problema ha afectado a ambos sexos, pero más a ellos.

De este modo, el desempleo juvenil femenino, que siempre ha sido superior al masculino, ahora está por debajo. El sector industrial, refugio tradicional de los que abandonan pronto el sistema educativo y se forman en el puesto de trabajo, ha estado tradicionalmente vetado a la mujer y eso se ha notado mucho en los primeros embates de la crisis. El año pasado la cifra de desempleo entre los hombres vascos menores de 39 años -edad aproximada que marca la línea entre las personas que no han conocido el frío de una crisis desde el puesto de trabajo y las que sufrieron la de mediados de los noventa- se multiplicó por dos. El Inem pasó de registrar algo más de 14.000 parados en esa franja a rozar los 28.500. La cifra superó los 34.000 el pasado mes de noviembre. Todo apunta a que cuando se conozca a mediados del año que viene el dato de diciembre, habrá algunos cientos más de varones jóvenes en el paro.

paro femenino La estadística femenina, en cambio, contuvo más o menos el año pasado su crecimiento, lo que permitió que fuera superado por primera vez por de ellos. El ritmo se ha acelerado este año cuando las empresas de servicios han realizado sus ajustes de plantillas, pero sigue por debajo del masculino.

Si se toma como referencia otro grupo de edad, los menores de 25 años, donde entran de lleno los universitarios que buscan empleo tras terminar la carrera y no se hace distinción de sexos, el incremento del paro en los dos últimos años, los de la crisis, en ese colectivo ha repuntado un 114,8%.

El dato está por encima del registrado por el siguiente colectivo que toma como referencia estadística el Inem, la franja entre 25 y 44 años, y sobre todo entre los mayores de 45 años. Además, antes de la recesión el colectivo con mayor inserción laboral era precisamente el de los menores de 25 años, con un descenso del paro superior al 25% en 2006 y rayano con el 6% hace sólo dos años. Aquellos ritmos de crecimiento del empleo era también ficiticios porque descansaban sobre un escenario marcado por la precariedad laboral y la temporalidad. La crisis se llevó por delante primero todos los contratos eventuales y luego les han seguido los fijos con menos antigüedad. Ese aspecto también ha penalizado a la generación que acaba de entrar en el mercado laboral.

Hay ejemplos con nombre y apellidos, que prefieren mantener en el anonimato, que ponen voz al crecimiento del desempleo masculino. Como Jon, un joven bilbaino que ha apostado por consolidar sus conocimientos de euskera con la obtención del EGA para acceder a la administración pública "de cualquier cosa, hasta de barrendero" tras perder su empleo en el sector industrial y toparse con la barrera de su escasa cualificación. "Dejé de estudiar hace cinco años y entré en una empresa, tenía dinero mientras mis amigos seguían dependiendo de sus padres. Ahora ocurre lo contrario", comenta. Tiene 22 años.

Hay otros casos que ni siquiera desean comentar su situación. Entre ellos un joven titulado en Ingeniería que trabaja en un bar en Durango. Se mantiene vivo a nivel laboral y económico mientras busca un empleo que se ajuste a su formación. Es otra batalla dentro de la crisis.