¿Te puedes quedar con la fruta de un árbol de tu vecino si sus ramas invaden tu jardín?
Este tipo de situaciones pueden acabar provocando disputas vecinales que van desde simples desacuerdos hasta conflictos legales más complejos
Hay situaciones que ponen a prueba la convivencia entre vecinosy que es mejor abordarlas desde el principio para evitar que se enquisten y acaben convirtiéndose en un problema mayor. Puede que la cuestión no sea un tema personal, sino que su origen esté en la naturaleza, y en esos casos hay que vigilarla de cerca.
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Un árbol que crece descontrolado, una planta cuya espesura deja en sombra el jardín del vecino, una o varias ramas que invaden su terreno... son algunas situaciones habituales que pueden comenzar como una ligera molestia y acabar convertidas en un conflicto doméstico con consecuencias legales.
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En este punto, nos asalta una duda sobre una situación concreta: si el árbol del vecino que invade mi propiedad es un frutal, ¿puedo quedarme con sus frutos? La respuesta en principio es que no, pero, como ocurre tantas veces en Derecho Civil, los matices son muy importantes.
Qué dice el Código Civil
La Ley de Propiedad Horizontal (LPH) es la que regula la convivencia en edificios y zonas comunes pero, para tratar este caso concreto en el que un árbol invade la propiedad privada de un vecino, hay que acudir al Código Civil. En su artículo 591, este fija las distancias mínimas para plantar árboles respecto a la finca colindante: dos metros si son altos y medio metro si son arbustos. No es un capricho, sino una forma de prevenir lo que puede venir después: raíces que avanzan bajo tierra y ramas que, con el tiempo, acaban asomándose al otro lado causando posibles molestias.
Cuando la invasión ya es un hecho, entonces entra en juego el artículo 592. La norma reconoce al propietario afectado el derecho a exigir que se corten las ramas que se extienden sobre su terreno. Pero, ¡cuidado!, porque exigir no significa tomarse la justicia por su mano. Uno no puede podarlas por su cuenta sin el consentimiento del dueño del árbol, porque ese árbol sigue siendo suyo con todo lo que eso implica. El caso de las raíces es distinto, ya que si penetran en el suelo ajeno, quien sufre la invasión sí que puede cortarlas directamente dentro de su propiedad.
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Qué pasa con los árboles frutales
Hasta aquí, la teoría parece clara pero, ¿qué ocurre cuando el árbol da frutos?, ¿de quién son esas ciruelas, cerezas o higos que cuelgan sobre el jardín ajeno? El Código Civil no responde de forma expresa a ese supuesto concreto, pero su interpretación se apoya en el artículo 354, el cual establece que los frutos naturales pertenecen al propietario del árbol. Es decir, aunque las ramas estén sobre tu terreno, la fruta sigue siendo de tu vecino; incluso si cae al suelo de forma natural, la titularidad no cambia dependiendo del lugar en el que aterriza. Esto, que puede escapar a cualquier lógica, sobre todo cuando es uno quien barre las hojas o recoge la fruta caída, lo que busca es proteger el derecho de propiedad.
En cuanto a la convivencia, la ley es el marco, pero no siempre resuelve los problemas del día a día. Lo más razonable en estos casos es hablar, acordar una poda periódica, repartir la fruta o, simplemente, poner los medios para evitar que se produzca el problema. Si la convivencia de por sí no es buena y no hay voluntad de solucionar las cosas por las buenas, pueden aparecer las reclamaciones e incluso la posibilidad de solicitar una indemnización si las ramas causan daños o perjuicios.
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Casos especiales
A diferencia del resto del Estado, en Aragón y Navarra sí que existe una regulación específica de la cuestión de los frutos. En la primera comunidad autónoma, la ley establece que el propietario de la finca invadida tiene derecho a quedarse con la mitad de los frutos que cuelgan de las ramas que exceden el límite. En el caso de Navarra, se permite que el vecino decida si prefiere quedarse con la mitad de los frutos o proceder a la poda de las ramas que invaden su propiedad.
Ya lo ves, la próxima vez que una rama ajena rebosante de fruta cuelgue sobre tu jardín debes recordar que no todo lo que está al alcance de tu mano es legalmente tuyo y que la mejor fórmula para resolver este tipo de conflictos es sin duda el diálogo.
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