Vizcainos campeones del Manomanista

Jesús García Ariño e Iñaki Gorostiza: “Queremos un buen partido? ¡Y que gane Urrutikoetxea!”

Jesús García Ariño (Axpe, Atxondo, 1934) fue el primer vizcaino campeón del Manomanista e Iñaki Gorostiza (Axpe, Atxondo, 1953), el último hasta la irrupción de Urrutikoetxea

09.02.2020 | 04:53
Jesús García Ariño e Iñaki Gorostiza, junto a Mikel Urrutikoetxea, confían en su vecino.Foto: Borja Guerrero

SONDIKA - Axpe alumbró a dos conquistadores del Manomanista: Jesús García Ariño (campeón en 1957 y 1963) e Iñaki Gorostiza (en 1977). De hecho, el mayor actuó de botillero del segundo en su trayectoria profesional. No lo hizo en la final que ganó Iñaki, porque el rival era Roberto García Ariño, hermano de Jesús y otro de los grandes de la pelota. Aquella cita fue entre vecinos y "una fiesta". Ahora, los dos animan a Mikel Urrutikoetxea para que vaya a por su segunda txapela del mano a mano el domingo en el Bizkaia de Bilbao (17.30 horas). Será una cita complicada frente a Iker Irribarria.

Junto a Hilario Azkarate, que ganó seis txapelas del Manomanista, y Mikel Urrutikoetxea, que busca el domingo la segunda, son los únicos campeones vizcainos de la especialidad. ¿Cómo ven el encuentro del zaratamoztarra ante Iker Irribarria?

IÑAKI GOROSTIZA: Es un partido bastante abierto. Cualquiera de los dos finalistas tendrá sus opciones de ganar la final del frontón Bizkaia. A veces los detalles deciden este tipo de duelos. Entre ellos, el acierto con el saque, que puedas meter el resto a la pared, que la táctica que lleves te salga bien? Incluso, si Iker Irribarria atina con el saque puede hacer mucho daño. Iremos con la idea de ver quién es el que acierta el domingo.

JESÚS GARCÍA ARIÑO: Iñaki tiene toda la razón. Los detalles pueden marcar la diferencia. Normalmente, el que más falla es el que pierde. Mikel le puede cargar a la derecha y ver si Iker responde. También dependerá de las pelotas que haya en el cestaño. Hay algunas que botan tanto que se hacen sosas. Queremos un buen partido... ¡Y que gane el nuestro, Urrutikoetxea!

Ya han abierto el melón, si tuvieran que decantarse con el corazón...

I. G.: ¡Por Urrutikoetxea!

J. G. A.: ¡Hombre! ¡Por algo somos vecinos!

El Manomanista siempre ha sido considerado como el campeonato más importante de la temporada pelotazale profesional. ¿Creen que tiene algo especial?

J. G. A.: Totalmente. Es una competición en la que no tienes ni defensa ni botillero. No hay ayuda. Estás solo y el que lleva la presión eres únicamente tú. Por mucho que pienses en que hay que dirigir la pelota a la pared izquierda o que hay que buscar el ancho, el único que puede responder eres tú. No hay más.

I. G.: En el mano a mano no puedes echar la culpa a nadie. Si ganas, ganas tú, y si pierdes, lo mismo. El único protagonista es el pelotari.

¿Era la modalidad que más les gustaba jugar?

I. G.: Era el campeonato que más nos gustaba por una simple razón: solamente había uno.

J. G. A.: No teníamos ni Cuatro y Medio ni Parejas, como hay ahora. Era distinto. El mano a mano es antiguo.

Han nombrado antes el tema del material, pero también se puede hablar del cambio fundamental que ha vivido el juego en el mano a mano, ¿no creen?

I. G.: Fíjese, antes era impensable tener que entrar al saque de aire. Prueba de ello es que los zagueros están todos eliminados y que prácticamente no pueden ni participar en el Manomanista. Se ponen en el seis o seis y medio a restar. Como no practican el juego de aire, estamos eliminando de la competición a la mitad de los participantes. Ahí tenemos una desigualdad de oportunidades. ¿Por qué no retrasamos que bote en el seis o en el siete? ¿Por qué no ponemos la pasa en el cinco? Esto sería, por lo menos, para que los zagueros se puedan defender. Parece que no interesa.

J. G. A.: En nuestra época el saque era un arma fundamental. Yo jugué con saque libre y no veías la pelota. Ha cambiado tanto? Por ejemplo, nuestras pelotas botaban muy poco y solo lo hacían si les soltabas un gran pelotazo. Si no, dejabas pelota servida en el uno.

I. G.: ¡Y las canchas! ¡Vaya cambio!

J. G. A.: Eso sí que ha cambiado. Jugábamos en frontones en los que el suelo estaba lleno de agujeros y había goteras y de todo. En nuestra época, el que se hubiera tirado al ancho como van ahora se habría roto el pantalón y las rodillas. Ha cambiado todo.

Fueron los dos últimos campeones vizcainos del Manomanista hasta que Mikel Urrutikoetxea conquistó el título en 2015. ¿Cómo vivieron ustedes esos 38 años de sequía?

J. G. A.: ¡Aguantando el tirón!

I. G.: La cuestión no es que ningún vizcaino ganara, sino que no había nadie con opciones de hacerlo. Cuando llegó Mikel pudimos respirar, porque ya había un vizcaino con opciones. Parecía que los vizcainos no se presentaban al Manomanista. Eso era lo más triste. Venían chavales que parecían figuritas y que luego desaparecían. Los navarros comandaron la especialidad.

J. G. A.: Pues en mis primeros años en el campo profesional no había ni un solo pelotari profesional navarro. ¡Ni uno! Después, dominaron treinta años.

I. G.: ¡Eso es porque han mejorado las carreteras! (Risas).

¿Qué es lo que tiene especial Mikel Urrutikoetxea para jugar el Manomanista?

J. G. A.: Es muy completo para jugar el tipo de mano a mano actual: tiene gancho, derecha, dejada, saca bien, defiende, tiene facultades? Luego tiene que salirle un buen partido. Eso sí, hay que tener cuidado con Irribarria. Si le da a la pelota, te puede echar del frontón.

I. G.: Mikel es bueno en todo. Eso es lo que tiene que tener un buen manomanista. Además, tiene buena cabeza. Si el ordenador te funciona bien, se nota en la cancha.

¿Se acercaría al prototipo perfecto de manomanista?

I. G.: La verdad es que lo tiene todo. Ahora todo depende de las sensaciones, del momento en el que le pille. Asimismo, hay otras cuestiones, ya que nadie domina siempre. Puede haber chapas, tantos que se escapan?

¿Qué recuerdos tienen de sus finales del Manomanista?

I. G.: Son inolvidables. Recuerdo que vivimos una grandísima fiesta en Axpe. En el pueblo había una alegría tremenda. Eso queda marcado dentro para toda la vida.

Y se despierta al día siguiente...

I. G.: ¡Y no te lo crees! Gané la txapela con 24 años, joven, aunque podía haber ganado la primera con 20. Perdí con Juan Ignacio Retegi por un solo tanto en una grandísima final. Eso hubiera sido excepcional.

J. G. A.: Yo también jugué la primera de mi carrera con 21 años. Y la perdí.

¿Cuál es la anécdota que siempre cuentan?

J. G. A.: La primera txapela siempre es la más especial. La gané con 22 años y fue increíble. Es una ilusión terrible. Después, pierdes o ganas y sufres o te alegras, pero la primera final es la mejor. Con esa edad, uno se cree la leche. Además, había muchos contrarios malos.

I. G.: ¡Siempre ha habido cocos!

J. G. A.: Es cierto, en el mano a mano siempre ha habido pelotaris peligrosos. También hablamos que no había el control que hay ahora de las pelotas.

I. G.: A mí me pasaba que según el pelotari contra el que jugaba me amoldaba o no. En mi caso, contra Roberto, hermano de Jesús, me costaba muchísimo ganar, pero Bengoetxea III, que había sido campeón dos veces, se me daba bien, le ganaba casi siempre. A veces, cuesta acoplarse a los contrarios por su sistema de juego.