La unión hace la fuerza

El Bilbao Basket suma efectivos para su causa en el momento en el que el curso llega a su punto álgido

08.02.2020 | 23:10
Edu Martínez, en la imagen en el duelo ante el CB Prat, va recuperando sensaciones en ataque.Foto: P. Viñas

Bilbao - "Necesitamos a nuestros doce jugadores". Han sido ya muchas las comparecencias públicas en las que Álex Mumbrú ha dejado claro que la fuerza de este Bilbao Basket debe sustentarse en la unión de sus piezas, en la suma de las aportaciones de sus jugadores, cada uno dentro del papel que se espera de él. Evidentemente, es complicado que todos brillen numéricamente al mismo tiempo, que exista brillo, titulares en letra gorda y protagonismo estadístico al mismo tiempo para cada pieza del engranaje, pero tampoco es ese el objetivo final. Se trata, como en todo colectivo, de aunar voluntades, asignar y asumir roles y que cada uno se sienta importante y protagonista dentro del papel que le toca representar. En el volátil ecosistema de la LEB Oro se hace complicado analizar tendencias y líneas argumentales, pues estas varían abruptamente en muy poco tiempo, pero los indicios de los últimos partidos apuntan a que en el seno del conjunto vizcaino se está alcanzando una sostenibilidad en el rendimiento de gran parte de sus piezas, lo que repercute positivamente en el desempeño de un grupo que cada vez parece más sólido, homogéneo y convencido de sus posibilidades.

No hace demasiado se hablaba de un Bilbao Basket de dos velocidades, con un grupo de jugadores instalados en el pico elevado de los dientes de sierra en lo referente a su aportación individual y otros ubicados en el valle, más rezagados. En el primero figuraba de forma inalterable Ben Lammers, siempre colosal, enchufado y desequilibrante. Junto a él, ofrecían muchas más luces que sombras Iván Cruz, sobrado de calidad y capacidad resolutiva en ataque, Javi Salgado, suministrador predilecto del pívot de Texas y siempre foco de atención de las defensas rivales, Tomeu Rigo, cumplidor con creces en labores defensivas cuando su presencia en cancha ha sido requerida, y Jaylon Brown, que tras un arranque dubitativo ha ido poco a poco consolidando su papel de principal suministrador de puntos al ritmo que iba obteniendo más libertad y espacio a la hora de expresarse en ataque.

Importante mejora La mejor noticia para el equipo que dirige Mumbrú es que en esta racha de cuatro victorias consecutivas que ha permitido a los suyos recuperar la segunda plaza de la clasificación ha ido apareciendo la mejor cara de otros jugadores cuyo rendimiento parecía haberse quedado algo atrás. Es el caso, por ejemplo, de Edu Martínez, brillante tirador durante toda su carrera con magníficos porcentajes desde la línea de tres puntos incluso en la Liga Endesa que este curso, sin motivo aparente, estaba totalmente desconocido, negado de cara al aro. El riojano ha protagonizado en dos de los tres últimos partidos (ante Araberri y Palencia) apariciones con el punto de mira atinadísimo en el momento en el que ha puesto el pie en la cancha saliendo del banquillo, papel para el que fue contratado y que será fundamental en este tramo final del curso. También Kevin Larsen ha recuperado parte de la eficacia ofensiva que había perdido en meses anteriores. Parecía que al danés los rivales le habían cogido la matrícula en ese juego al poste que tan dañino para el rival y agradecido para el conjunto bilbaino había sido en el amanecer del curso, pero poco a poco va recuperando sensaciones, tino e incluso consistencia física. En la última contienda Mumbrú quiso arrojar más leña a la caldera de ese proceso y reservó a Lammers para convertirle en el hombre de negro con más minutos en pista, a lo que él respondió con 13 puntos, 5 rebotes y un gran rendimiento. También Osvaldas Matulionis va ganando, con más hechos que palabras, protagonismo en ataque mientras brilla en todo lo referente a las labores de intendencia, al tiempo que Thomas Schreiner apuntala su versión más sobria y menos taquicárdica para jugar y hacer jugar a los suyos.

La suma de las partes repercute en el todo y el Bilbao Basket apunta a un andamiaje más sólido, fiable y armónico, con ideas e identidades claras. El triunfo contundente ante el Palencia invita a pensar en un futuro inmediato esperanzador, pero en una competición tan volátil cada paso debe ser refrendado con el siguiente.