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DEIA EUSKAL KIROLAREN SARIAK- HOMENAJE AL DEPORTE NO PROFESIONAL

Reconocimiento a jóvenes promesas del deporte de Bizkaia

Las jóvenes promesas Lartitegi, Pineda, Munguira, Pereda, Galíndez, Soto, Urresti y Ebro dan voz a todos aquellos deportistas anónimos que tuvieron que parar durante meses por la crisis sanitaria del covid-19

25.02.2021 | 10:44
Reconocimiento a jóvenes promesas del deporte de Bizkaia

En marzo de 2020 se paró el mundo, la vida y el deporte. El covid-19 detuvo competiciones, carreras y sesiones de entrenamiento. Algunas por un tiempo. Otras, para siempre. Porque los más privilegiados, como los profesionales de las primeras competiciones estatales, pudieron regresar a los terrenos de juego, a su trabajo, cuanto antes.

Pero otros, como los amateurs, los desconocidos y los anónimos tuvieron que escoger entre dejar su pasión o seguirla en su casa. En el salón de su casa o en la terraza.


AQUÍ NOS LO CUENTAN:  


En representación de todos ellos, Amaia Lartitegi, Jorge Pineda, Itxaso Munguira, Xabier Pereda, Naiara Galíndez, Bruno Soto, Sara Urresti y Aser Ebro -jóvenes que se encuentran en el programa de detección y apoyo a promesas de la Diputación de Bizkaia- cuentan su experiencia durante la pandemia. Cómo tuvieron que adaptarse a la nueva situación para poder seguir entrenando y cómo gestionaron la ausencia de competiciones. Su historia es la de miles de no profesionales. Y para todos ellos va el galardón principal de estos DEIA Euskal Kirolaren Sariak.


AMAIA LARTITEGI, CICLISTA: "Se me hizo muy duro"


La explosión del covid-19 le pilló a Amaia Lartitegi (2001) justo en un momento clave de su carrera. Porque el fin de semana en el que se decretó el Estado de Alarma, el del recordado 14 de marzo de 2020, la ciclista vizcaina debutaba en categoría pro con el Bizkaia-Durango. Exactamente ese fin de semana: "Dije bueno, si no debuto este finde lo hago el que viene, porque en un principio iban a ser solo quince días. Justo empezaba la temporada, pero luego se me hizo muy largo, muy duro, y lo pasé mal porque no sabíamos si ese año se iba a poder celebrar alguna competición, que es lo que motiva a entrenar. Hubo mucha incertidumbre". La corredora reconoce que lo que peor llevó durante el confinamiento fue tener que entrenar en casa. El rodillo y ella. Solos. "Para mí cambió todo porque lo que más me gusta del deporte es salir, despejarme, estar con mis compañeras... Además, entrené desmotivada porque no sabía si iba a merecer la pena. Había días que no sabía si era domingo, sábado o lunes...", explica.

Por eso recuerda con especial emoción el primer día de pandemia en el que pudo salir a entrenar fuera. Esa mañana de mayo en el que se montó en la bici y por fin le dio el aire en la cara: "Me dieron un permiso para salir de mi municipio para entrenar normal. Sola, pero con normalidad. Se me puso la piel de gallina la primera vez, me gustó mucho porque valoré cosas simples, como poder ver el mar, rodar por la costa... que antes no tenías en cuenta. Me encantó".

De hecho, a pesar de los momentos duros que vivió en el confinamiento, a pesar de la incertidumbre de no saber qué ocurriría con su temporada, Lartitegi saca un gran lección del 2020: "He aprendido que el trabajo tiene su recompensa porque después se ha notado quién ha estado entrenando. He valorado lo que me da el deporte. A mí me hace sentirme bien y forma parte de mi vida. Cuando vi que alteraba mi rutina, no era lo mismo".


JORGE PINEDA, REMERO: mentalidad de ganador


Jorge Pineda (1997) tiene tatuado en la memoria el 17 de junio de 2020. Fue el día que volvió a tocar el agua: "Lo tengo grabado. Fue una sensación increíble volver a sentir el bote, el agua, el deslizarse... el viento en la cara, la naturaleza... Estaba como un niño pequeño. En días así aprendes a valorar más la normalidad que llevabas antes". Ese 17 de junio, el remero de Raspas Arraun dejó atrás más de tres meses de entrenamiento de secano, de sesiones de más de dos horas en casa, primero, y en el CPT de Fadura, después. Fueron tres meses complicados; pero, con todo, Pineda reconoce no haber llevado tan mal el confinamiento, aunque tuvo que tirar de "paciencia" para afrontar la incertidumbre de no saber cuándo comenzaría su temporada: "Solo nos quedaba aceptar la situación, tener cabeza fría y mantener el estado de forma de la mejor manera posible".

Es más, el joven promesa, que tiene una displejia eplástica que afecta a sus piernas, además a una enfermedad que provoca debilidad muscular, siguió entrenando como si el comienzo de la temporada fuera a ser el fin de semana siguiente. Así que la máquina de remo que le puso el club a su disposición se convirtió en su casi inseparable amiga: "Tenía claro que cuando el confinamiento se acabase tenía que estar preparado para competir y esa mentalidad me ha ayudado bastante para llevar mis sesiones día a día. Mi entrenamiento era todos los días ir a saco".

Esa mentalidad le ayudó a ganar la medalla de plata en el Campeonato del Mundo Indoor de 2018 y le sirvió, en plena pandemia, para superar con creces el test de acceso a la selección estatal que se puso justo dos semanas después del levantamiento de restricciones. Dos semanas después de ese grabado 17 de junio. Así pues, aunque Pineda echó muchísimo de menos "competir con gente al lado", reconoce que ahora "valora muchísimo más las cosas cotidianas" de su deporte.


ITXASO MUNGUIRA, ATLETA: La más resiliente


A Itxaso Munguira (1999) el coronavirus le sorprendió en un estado de forma envidiable. La atleta con discapacidad visual acababa de colgarse al cuello el bronce del Meeting Internacional de Madrid que se había celebrado apenas un mes antes. Así que eso de parar no le sentó nada bien. "Lo gestioné muy mal porque tenía un objetivo muy claro, el Europeo que iba a ser a principios de junio, y me encontraba muy bien. El confinamiento me influyó mucho porque pensaba que no iba a llegar en buena forma. Mi objetivo en ese Europeo no era solo ir, sino conseguir cosas, mejorar mi rendimiento", recuerda. Munguira llevó eso de estar en casa muy mal porque tuvo que detener sus entrenamientos completamente. No pudo contar ni con cinta de correr ni con bicicleta estática. Y eso, en un deporte como el atletismo, es básico: "Psicológicamente me afectó muchísimo porque para mí, entrenar es algo que me viene muy bien para despejarme. Solo podía hacer planchas y abdominales para estar muscularmente bien, así que me afectó mucho negativamente".

De hecho, la joven atleta, que estudia y entrena en Madrid, se volvió para casa en cuanto supo que ambas cosas se paralizarían por bastante tiempo. Con la familia. Así que fue en Leioa donde Munguira disfrutó de su primera carrera post-confinamiento, de su primer entrenamiento en pandemia, de su primer momento de libertad en tres larguísimos meses: "Me acuerdo el primer día que toque la calle para ir a entrenar. Fue una sensación de libertad. No tengo palabras para describirlo porque de verdad que me sentí como nunca". Y eso que a la deportista le costó más que a sus compañeros volver a la rutina porque hasta comienzos de verano no pudo ejercitarse junto a un guía: "Mi guía estaba en Madrid así que al comienzo salía a trotar con mi aita y por mi cuenta sí que podía entrenar técnica o me iba al gimnasio del CPT de Fadura". Así que si algo ha aprendido Munguira del coronavirus es a adaptarse.

Resiliencia. "La pandemia me ha enseñado que si no se puede hacer de una manera, se puede hacer de otra. Siempre hay que tirar para adelante como se pueda, pero nunca rendirse".


XABIER PEREDA, KARATECA: "No fue difícil adaptarme"


Xabier Pereda (1999) es una de las promesas más firmes del kata estatal, la modalidad del karate en la que hay que realizar una secuencia de movimientos establecidos contra un rival imaginario. O quizá sea algo más que una promesa, puesto que ya en el 2017 el getxotarra se convirtió en campeón del mundo sub'21. Sin embargo, esta pandemia no hizo distinciones. Incumbió a todo el mundo, afectó a todo el planeta. Así que Pereda tuvo que quedarse también en casa. Paralizar entrenamientos y competiciones, lidiar con la incertidumbre de una ola tras otra. Pero supo adaptarse: "Mi deporte es individual y no requiere de mucho equipo para entrenar, así que tampoco fue complicado adaptarme a la situación de tener que entrenar en casa. Comencé en mi habitación y cuando vi que la cosa iba para largo tuve que adaptar todo a espacios reducidos como el salón".

Y es que la modalidad de kata se desarrolla en un tatami de 8x8 sobre el que ejecuta sus movimientos, bloqueos, saltos y golpes al aire. Pero el salón de su casa, como el de muchos, no daba para tanto. "Había que reducir todo a avanzar en el sitio, intentar no moverme demasiado y cambiar un poco los pasos. Pero intentando no desvincularme demasiado de lo que es el kata. Es decir, haciendo modificaciones de los pasos porque las técnicas se podían hacer, pero avanzar y retroceder había que hacerlo reducido", recuerda.

Asimismo, el getxotarra se adaptó a los entrenamientos online. A seguir las planificación que le pasaba los entrenadores y las instrucciones por videoconferencia. Sin embargo, Pereda también es profesor, enseña a niños lo que es y significa el mundo del kata, por lo que tuvo que apañárselas no solo para recibir órdenes, sino también para darlas: "Por videoconferencia también les mandábamos entrenamientos y les mostraba cómo tenían que hacerlo y no nos arreglamos mal. Las clases tuvieron buena acogida porque sí que eran diferente a lo anterior, no es a lo que estaban acostumbrados; pero había que adaptarse. Afortunadamente, este es un deporte individual en el que se pueden mantener bien las distancias, así que hemos podido volver a entrenar ya". Y así, con el confinamiento ya pasado, Pereda echa la vista atrás para sacar una buena moraleja: "Ahora me centro solo en las cosas que puedo controlar porque que se cancele un campeonato o no poder ir a mi gimnasio habitual es algo que no depende de mí; pero en mi mano sí está entrenar y adaptarme lo mejor posible a la situación".

NAIARA GALÍNDEZ, AMAZONA: "Fueron meses sufridos"


El 2020 era el último año de Naiara Galíndez (1999) como joven jinete, en la que se conoce como la categoría pony. Así que 2020 era el año en el que la amazona vizcaina iba a demostrar todo su potencial. Era la temporada para la que tanto había estado trabajando. Pero, además, era la campaña en la que se despedía de Altanero CXXXIV, el caballo, el compañero con el que se convirtió en campeona estatal. 2020 iba a ser un buen año para Naiara Galíndez, pero en marzo, apareció el covid-19. "Nos fastidió un poco porque teníamos unas expectativas no voy a decir altas, pero sí que cogíamos la temporada con muchas ganas y con objetivos como ir al Europeo o al Campeonato de Espña y como se fueron modificando todos los calendarios, se nos alteró todo", explica la amazona.

De hecho, a diferencia de otros deportes, la hípica, por sus características, tuvo que parar completamente. Freno de mano y sin previo aviso. Así que Galíndez se resignó a pasar todo el confinamiento sin poder entrenar, demasiado lejos de Altanero. "Es que no estoy sola, en esto somos un binomio porque los deportistas somos los dos, tanto él como yo. Y no hemos podido llevar a cabo ningún tipo de entrenamiento para él y en mi caso tampoco he podido hacer trabajo específico de mi deporte porque se basa casi todo en la práctica. Así que han sido unos meses muy sufridos", reconoce la vizcaina.

Con todo, en cuanto se terminó la cuarentena, la amazona pudo reencontrarse con su compañero. Aunque los primeros días no hubo la conexión esperada: "Entreno en el mismo municipio en el que vivo, entonces cuando acabó pude volver a ejercitarme con él e ir poco a poco retomando los entrenamientos. Al principió noté esa falta de chispa, fue tanto tiempo sin trabajar el feeling que se notó. Pero reencontrarme con él fue brutal y poco a poco volvimos a coger nuestra chispa". De hecho, Galíndez y Altanero llegaron a tiempo al Europeo, pero ambos notaron el impacto del covid-19 en el resultado: "Noté mucho el haber estado parada, pero sobre todo noté la incertidumbre que generó el no saber si se iba a cancelar y todas las veces que los relocalizaron. Que si Polonia, que si Hungría... Fue una incertidumbre constante y no sabía si tenía que entrenar fuerte o conservar. Eso me desgastó mucho y la temporada que iba a ser especial para mí acabó muy afectada".


ASER EBRO, LUCHADOR: El valor de lo cotidiano


Al igual que Galíndez, el año pasado Aser Ebro (2000) se enfrentaba al final de una ciclo. El desenlace de una bonita etapa. El luchador barakaldarra afrontó el 2020 como su último año de junior. Y lo hacía con las expectativas por las nubes y la mirada hacia el cielo. Bagaje le sobraba porque, con apenas 20 años, Ebro es ya campeón de España sub'23 y campeón de España sub' 20.

Pero el coronavirus paralizó el mundo y sus pretensiones. Echó por tierra los objetivos más ambiciosos de su temporada: "Justo era mi ultimo año como junior y estaba la posibilidad de ir al Mundial, pero cancelaron todas las competiciones internacionales. Entonces dejé de entrenar con la misma motivación que en un año normal, en casa no era lo mismo". Y es que el barakaldarra se encontró solo, sin rivales con los que entrenar y mejorar, algo que en lucha resulta crucial. "Es complicado entrenar lucha en casa porque normalmente necesitas a un compañero para poder hacer técnica. El físico lo pude trabajar con pesas, gomas y demás material. Al principio me lo tomé como un descanso porque iban a ser solo quince días, pero cuando se fue alargando tuve que tirar de videollamadas con compañeros para que fuera más ameno", explica el luchador.

Así, Ebro también recuerda el momento exacto en el que volvió a pisar un tapiz: "Me hizo mucha ilusión porque en el tapiz pruebas acrobacias y los entrenamientos específicos de lucha se hacen mucho más atractivos. Poder pisar tapiz y empezar con los enfrentamientos y la técnica fue muy bonito". Con todo, el barakaldarra estuvo cuatro meses sin competir. Sin probarse con un rival. Y, aunque le encantó volver, admite que "las sensaciones no fueron las mismas que antes": "Cuando llevas tiempo sin luchar, las sensaciones al derribar, al intentar proyectar... se pierden y hay que recuperarlas trabajando la técnica. Porque la parte física sí que se trabajó bastante, pero la parte técnica nos costó un poco. Aun así, volvimos a recuperarla para llegar de la mejor forma posible al Campeonato de España". Y es que, tras el confinamiento, Ebro reconoce haber empezado a valorar "mucho más lo que tengo, las cosas rutinarias que antes no les dabas valor, pero que ahora sabes que son importantes y que cuando no están las echas mucho de menos".


SARA URRESTI, SURFISTA: "El surf no existe sin mar"


El año pasado, Sara Urresti (2001) se enfrentó a la pesadilla de cualquier surfista: entrenar sin mar. El coronavirus dejó a la vizcaina sin olas, ni playa, ni olor a sal. Por tiempo indefinido. Y eso a alguien que vive en Sopela, tan cerca de buenos picos para ejercitarse y disfrutar, fue una eterna angustia. Sin embargo, como todos, al comienzo Urresti se lo tomó con filosofía. Mal, pero con filosofía. "Los surfistas lo hemos pasado muy mal porque el surf no existe sin mar. Hacíamos en casa movimientos de surf, pero claro, no es lo mismo. El entrenador nos mandaba intentar imaginarnos olas y entonces me ponía en el salón a hacer movimientos viendo vídeos. Al comienzo me lo tomé como algo nuevo, iban a ser quince días así que no era para tanto, pero lo fue", dice la rider. Y es que la motivación de Urresti fue descendiendo con los días y llegó a lo más hondo cuando la Federación Vasca de Surf anunció la cancelación de todas y cada una de las pruebas de la temporada: "Fue una desmotivación porque realmente no sabíamos cuando podríamos volver a surfear. Se anuló todo, no podíamos salir del municipio para ir a otras olas, había toque de queda y se nos iba la luz muy pronto... fue un desastre".

Sin embargo, Urresti fue de las bendecidas por la decisión del Gobierno vasco de flexibilizar las restricciones a los deportistas de élite. "En cuanto abrieron las fronteras empecé a ir todos los días al agua, a primera hora del día y a última. Pero fuimos todos. Lo bueno fue que luego había horarios específicos para surfistas de élite y eso estuvo muy bien porque a las tardes solo estábamos tres en el agua, lo que para entrenar fue muchísimo mejor", reconoce. Así, la sopelotarra recuerda como si fuera ayer su primer baño post-confinamiento.

Esa primera vez que saboreó el mar en pandemia: "Ni me lo creía. Fue increíble, pero se hizo muy raro todo al comienzo. Remar era raro, estar encima de la tabla era raro y ponerse de pie era raro. Enseguida le volví a pillar el truco a todo, pero me dolía todo el cuerpo, las costillas...". En ese momento, Urresti entendió lo que realmente era el surf para ella. Porque el covid-19 no solo le dejó tardes interminables sobre la cinta de correr o miles de olas imaginarias, sino también una gran lección. "Me di cuenta de las ganas que tenía no solo de surfear, sino también de competir. Esas ganas que solo tienes cuando te lo quitan", declara la sopelotarra.


BRUNO SOTO, HALTERA: "Yo tuve mucha suerte"


A Bruno Soto (2004) le bastaban una barra y unas pesas para entrenar. Así que se las procuró en cuanto el covid-19 nos encerró a todos en casa. Su objetivo fue simple: mantener el mejor estado de forma posible para volver a competir al máximo nivel lo antes posible. No quería que el coronavirus le estropeara todo el trabajo que le había llevado a convertirse en una referencia de la halterofilia en categorías inferiores.

Y es que Soto es doble campeón de España sub'17 y sub'15, ostenta varios récords estatales e incluso logró un meritorio sexto puesto en el Europeo sub'15 que se celebró en 2019. Un palmarés envidiable que la pandemia sanitaria no iba a tabicar. Así que el levantador lemoarra siguió entrenando igual, pero en casa. "Tuve bastante suerte porque mi deporte con una barra, unas pesas y un espacio más o menos preparado se puede entrenar. Y justo tenía todo eso en casa, así que pudo entrenar bien. Es decir, suelo hacerlo en el gimnasio porque allí hay mejor material y mejor espacio, pero me apañé con la parcela de garaje y la verdad es que estuve bastante cómodo", dice.

Así pues, aunque en su casa no podía "tirar las pesas ni trabajar técnicamente" como en el gimnasio, Soto pudo mantener la fuerza durante el confinamiento, por lo que no notó ningún bajón grande en su rendimiento tras el estado de alarma. Eso sí, regresar a su local habitual y ver a sus compañeros fue un subidón para su rutina: "Cuando fui al club por fin pude hacer los movimientos técnicos, que en halterofilia son básicamente dos: arrancada y el dos tiempos. Son movimientos muy técnicos en los que se levantan muchos kilos por lo que no pude hacerlo en el garaje. Pero una vez que estuve en la tarima fue todo rodado".

Al igual que en el resto de deportes, la halterofilia también sufrió muchas variaciones, cancelaciones y aplazamientos en su calendario, lo que cambió el itinerario de Soto: "Por suerte se pudo hacer el campeonato de España, pero el Europeo no y me da rabia porque tenía muchas oportunidades de ir".

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