La maestría de imponer los intereses

Gago y Lejarraga, boxeadores bien distintos, apelaron a sus esencias para doblegar a Sánchez y Solís, respectivamente, y aspirar a cotas mayores

09.02.2020 | 05:34
Kerman Lejarraga y Andoni Gago posan tras la conquista de sus títulos junto a integrantes del equipo de MGZ.Foto: MGZ Promotions

Andoni Gago y Kerman Lejarraga amanecieron ayer como flamantes vencedores. El de Otxarkoaga es el nuevo campeón de Europa EBU; el de Morga viste el cinturón del Campeonato Latino WBC. El camino al reinado fue desigual aunque eficaz en ambos casos. Fundamentados en las esencias. Conduciendo los pleitos hacia los intereses de cada uno.

Gago peleó contra un Jesús Sánchez, favorito en las apuestas. El Machito no se prodiga por el estilismo ni el poder de pegada. Es un púgil enjambre, que basa su propuesta en la constancia y el arrojo, haciendo honor a la escuela mexicana. Así es el bilbaino: aguerrido, sin renuncias. Este proceder lo impuso en once de los doce asaltos. Clave para el triunfo. Solo en el primer episodio pudo el madrileño sostener su propia apuesta, la búsqueda de la distancia para aprovechar su envergadura. Ágil de pies, confió en su movimiento, su bicicleta, pero fue acorralado.

Gago, de paso firme al frente, presionando, entraba en la distancia corta y salía para evitar las peligrosas voleas de El Ciclón de Parla. La inteligencia del bilbaino imponiendo su táctica, imprimiendo ritmo acosador para hacer de la pelea una carrera de fondo, propició que Sánchez acusara el esfuerzo. En el último tercio, alcanzado el noveno asalto, el foráneo abría la guardia. Sofocado. Buscando el oxígeno del clinch. Mientras, Gago sostuvo su feroz cadencia, incombustible tratando de privar de oportunidades, asfixiando, recortando espacios en el ring. Una prisión. El corazón del ensogado fue del boxeador local, agresivo, sin cuartel.

Cerrar la distancia expuso a El Machito, que recibió castigo, como acostumbra y porque es púgil asiduo a las cartulinas, pero el de Otxarkoaga es un gran encajador. Tiene mentón ferroso además de energía en las extremidades y fondo en la voluntad. El amor propio, su orgullo, es vital en su trayectoria. Además, con 34 años, frente a los 30 de Sánchez, exhibió su arduo trabajo en el apartado físico. Muy loable.

"Soy realista, hay pocos boxeadores de 35 años. Me queda un año o año y medio, no más", admitía días atrás. El cinturón de Europa EBU es su mayor logró profesional y además eleva las posibilidades de encarar un reto superior. Las pasadas navidades se le presentó la oportunidad de pelear contra el mexicano Óscar Valdéz por el cinturón mundial de la WBO, propuesta que aceptó, pero que no se definió al ser denegado el visado para viajar a Estados Unidos. Si antes de coronarse campeón continental existió la oferta de disputar semejante título, ahora el sueño gana enteros.

Quien ya sabe que podrá elevar su categoría -más bien recuperarla- es Kerman Lejarraga. El ruso David Avanesyan, que le arrebató el cinturón europeo en marzo, ha aceptado la revancha. Se espera que se celebre en 2019. Por de pronto, El Revólver pasea el cinturón del Campeonato Latino WBC. Lo obtuvo frente al mexicano Luis Solís tras una interesante actuación donde destacó la templanza.

Amparado en el sosiego, Lejarraga también impuso su estilo. Aplacó con serenidad sus ansias por resarcirse tras perder su condición de invicto. Volvió a ser ese tremendo pegador, pero con la virtud de la calma, lo que no le impidió aplicar su rutina del K.O. en el cuarto asalto, su promedio cuando liquida los combates por la vía rápida. El de Morga fue paciente para escoger los momentos oportunos, tanto para mostrar precisión en el golpeo como para no desperdiciar combustible. Y es que con Avanesyan acusó el desgaste a medida que se agotaban los asaltos. El sábado Lejarraga abrazó la serenidad frente al peligro de la necesidad por retomar la senda del triunfo. Trabajó con el jab para mantener a Solís en la distancia que le permite armar su poderoso golpeo. En el proceso de escoger cuándo, cómo y dónde soltar manos, fue virtuoso al contraataque y proyectó contra el cuerpo, como hiciera ante Skeete y Gavin para ser campeón europeo. Así se arrodilló Solís. Con una diana en el hígado. Impecable Lejarraga. Claro dominador con su propuesta.

Si bien, aunque el éxito recargó la confianza -paso imprescindible para reorganizar la mente-, el perfil del rival, por sus características: pegador, mayor altura..., no permitió evaluaciones sobre cómo Lejarraga podrá batir a un Avanesyan técnico y veloz que hizo aflorar las debilidades de un Revólver más lento y estático. Solís es muy diferente al habilidoso ruso. El trabajo específico, la estrategia y atender a la esquina serán claves para enfrentar un estilo tan dispar y que en su día llevó a Kerman por primera vez a la derrota.

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