Si hasta David de la Fuente, que en los inviernos nevados de Reinosa acostumbraba a entrenar a rueda del quitanieves, resopla heladito en la salida de Soller, es que el asunto es serio. Hay dos grados, o menos, y allí arriba, la sierra de Tramuntana, que a ratos asoma entre las nubes, parece los Dolomitas. La estampa es invernal en Mallorca. Hay nieve por todos lados a nivel del mar. Ni qué decir en las alturas. El Coll de Sóller, ni siquiera 500 metros de altitud, está cerrado a cal y canto; y, claro, el de Puig Major, casi 1.000. Como son los dos puertos que se suben en el último trofeo de la Challenge, lo que durante toda la mañana es un rumor se confirma unos minutos antes de la salida: se suspende la etapa. Los corredores se marchan sin bajar del autobús y buscan un lugar más cálido en la isla para entrenar.

Tan frío como el día en Mallorca, o más, es Tony Martin, 26 años, el alemán que en 2011 fue el azote de Fabian Cancellara en las cronos. Le ganó al suizo en los escenarios de mayor boato, el Tour, la Vuelta y, por supuesto, el Mundial. En un duelo voltaico, un asunto de portentos, de bestias, el alemán pisoteó más fuerte los pedales.

"Fue un año importante para mí, el de la confirmación", cuenta cuando se sienta en las escaleras del autobús de su nuevo equipo, el Omega Pharma-Quick Step. "Aprendí, además, a aguantar la presión y a convivir con ella en momentos de máxima tensión, cuando todo el mundo me señalaba".

La París-Niza Hace años que se sabía que Martin era un excelente contrarrelojista, una máquina perfecta que, además, funcionaba en ocasiones como un eslabón fundamental en la cadena de lanzamiento de Cavendish en el HTC. Su relevo era el más largo, el más intenso, el que mojaba la pólvora de los rivales más explosivos del británico antes del último kilómetro. También era conocida su capacidad de sufrimiento en la montaña, la única manera de arrastrar cuesta arriba su vasta musculatura. En 2009 le discutió hasta la última curva el triunfo en la penúltima etapa del Tour, la del Ventoux, a Juanma Garate, uno delgadito y escalador. La mezcla de las dos virtudes, su poderosa zancada en la crono y su adaptación a la montaña, le dio en marzo de 2011 su triunfo más sugerente, la París-Niza, la carrera de las revelaciones. Con 26 años, una superioridad apabullante en la contrarreloj y una gestión de contable en la renta en la montaña, se multiplicaron las conjeturas. Ninguna más discutida que la del Tour.

Se escribió entonces recordando a aquel Indurain grande y pesado que aprendía a digerir la montaña cuando ganaba, de blanco entonces, dos París-Niza, la de 1989 y la de 1990, antes de ascender a la cima del Tour. O de Andreas Klöden, el alemán que después de ganar la París-Niza de 2000, además de la Vuelta al País Vasco pocos días después, fue nombrado heredero de Ullrich, el primer y único germano vencedor de la grande bouclé. Hay quien dice que Tony Martin será el siguiente.

Dos años de plazo Podría ser este el Tour de la ausencia de las grandes cumbres tradicionales -tres etapas entre Alpes y Pirineos- y los 96 kilómetros contrarreloj, 44 de ellos -seis del prólogo y 38 de la primera crono-, como en los tiempos de Indurain, antes de alcanzar la montaña, lo que hizo desear a Christian Prudhomme que alguien como Tony Martin coja el amarillo y una ventaja motivadora para obligar a los escaladores a reaccionar, ser osados y ambiciosos, algo que asegura el espectáculo.

Podría ser este el Tour del lanzamiento del alemán, de no ser porque él mismo lo descarta: "¿El Tour? Todavía no. Puede ser un buen Tour para mí y trabajo para ello, pero los últimos tres años no estado arriba en la general, principalmente porque no he superado la alta montaña", dice. "Es cierto que en la París-Niza me defendí en ese terreno, pero la montaña del Tour es otra cosa. Me doy dos años más de plazo. De momento, en este Tour me voy a concentrar en lo que realmente sé que se me da bien, las cronos". Las tres del Tour -el prólogo de 6 kms., la primera crono larga de 38 y la larguísima, 52, antes de la llegada a París- y la de los Juegos de Londres.

El oro olímpico ejerce de poderoso imán para Martin. "Este año es especial porque es olímpico. Por eso voy más tranquilo y no estaré tan en forma en marzo como en 2011. En el Tour prefiero centrarme en las cronos y luego pensar en la prueba de los Juegos, antes que luchar por un puesto entre los cinco primeros en la general que luego me deje agotado y sin opciones de medalla", traza el alemán.

En el Tour, lo dijo ayer el suizo, no estará Fabian Cancellara, el rival más rocoso que se encontrará en Londres Martin, que cuando le preguntan si la especialidad contra el tiempo es un asunto de dos, ellos dos, niega con una rotundidad, "no, hay otros", más gélida que el temporal que obliga a suspender el último trofeo de la Challenge de Mallorca.