"No me obsesiona el Tour"
De todo lo que fue amargo en 2011 -la muerte de Tondo, la espiral de caídas, casi todo-, el vizcaino del Movistar dice que ha hecho una selección, un especie de reciclaje, algo muy selectivo, para reutilizarlo en el futuro; por eso, habla de ambiciones y sueños que mezcla sin diferenciar
bilbao. Beñat Intxausti, 26 años, entrena estos días en soledad en Canarias. Eso que a primera vista no parece indicar absolutamente nada, salvo que abunda en el sacrificio espiritual de un deporte cosido al ascetismo, debe tener un valor insondable para alguien que, maltratado en lo físico y lo psíquico en 2011 -ya saben, la muerte de Tondo y su huella posterior, la cadena de caídas...-, buscó el abrigo humano, el calor de la familia y el calor de su gremio, para reponerse de las heridas, fosas de una profundidad desconocida. La soledad buscada sin temor al sentimiento de desamparo debe indicar algo parecido a la rehabilitación. Es como desprenderse de las muletas. Hay más señales que lo insinúan. Que el vizcaino recordara el otro día a Tondo logrando la primera victoria en la historia del Movistar cuando se cumplía un año es la mitad de una; que no recordara al catalán con dolor, la otra. No hay pastilla para el olvido. O, dicho por Intxausti, no es posible olvidar, pero sí, moldear el recuerdo. Dice que es lo que ha hecho para crecer. Como ciclista, hacia un escalón superior que le hace hablar de victorias en sus pruebas fetiche, la Vuelta al País Vasco, la París-Niza, Romandía; como persona, hacia la madurez y un mayor conocimiento de su interior. "Algo muy filosófico", traza. Y ensaya: "El pasado hay que hacerlo útil para el futuro". Así le hinca el diente a la temporada.
Se castiga en Canarias antes de iniciar la temporada en Mallorca.
Vine a buscar el buen tiempo. Aquí entreno de corto, a algo más de 20º. Así cuesta menos hacer fondo, que es en la fase de preparación en la que estoy ahora. Me toca meter horas y horas de bici. Es la base de la temporada antes de empezar a apretar el acelerador. De momento, todo va bien, sin contratiempos salvo una molestia en la rodilla allá por diciembre que ya está olvidada.
Estos días entrena solo y pasa los días solo.
Solo, solo.
¿Y cómo mata el tiempo?
En la bicicleta, y cuando no estoy sobre ella... en lo que se presente. Nada especial. Se trata de entrenar y descansar, de estar tranquilo. El domingo, por ejemplo, salí a ver por la tele el partido del Athletic contra el Madrid. El fútbol en general no lo sigo mucho, pero el Athletic es otra cosa. No es que me vaya la vida en ello, pero sí que me altero un poco alguna vez. Lo vivo y me gusta.
El Athletic; ¿hay algo más que altere a Intxausti?
No creas, sigo lo que hace, pero ni siquiera el Athletic me saca de mi sitio. En general, no hay nada que lo haga. Soy un tipo tranquilo.
¿Es usted de los que repasan el pasado o nunca echa la vista atrás?
Siempre es bueno echar un vistazo al pasado y repasar lo que se ha hecho bien y mal. Pero no para lamentarse, sino para aprender, para sacar conclusiones que sirvan para el futuro. El pasado hay que hacerlo útil, si no es así, no le veo ningún sentido a repasarlo.
El año pasado fue malo para usted.
Visto ahora creo que sí. Al menos es lo que más huella ha dejado. Lo malo destaca sobre lo bueno, no hay duda. Tuve una primera mitad de año bonita que luego taparon las desgracias.
Le ocurrió de todo: sobre todo, la muerte de Tondo, pero también se abonó usted a las caídas. ¿Llegó a desesperarse?
Es que después de pasar por momentos difíciles y duros -se refiere a la muerte de Tondo-, quería levantar la cabeza, salir del bache como fuera y disfrutar. No pude hacerlo. No conseguía enderezar el rumbo. Era por las caídas. Parecía que me perseguían. Llega un momento que dices basta, que bajas los brazos y te rindes porque no tienes más fuerzas para seguir luchando. Yo estuve en ese borde. Quizás más cerca de rendirme que de seguir adelante. Pero me levanté. O, mejor dicho, me ayudaron a levantarme.
¿Quién?
Mucha gente. Ellos saben quiénes son.
¿Usted ha pasado página?
No he olvidado, eso no lo puedo hacer, pero ahora estoy centrado en el futuro. En esta temporada que acaba de comenzar, en las carreras que tengo por delante, en los objetivos que me gustaría alcanzar...
O sea, que mentalmente está recuperado.
Al menos, es lo que creo. Y es muy probable que sea así. Lo veo en algunos detalles. Mira, el otro día se cumplió el primer aniversario de la primera victoria del Movistar. La consiguió Xavi -Tondo- en el Tour de San Luis. Yo no me acordaba, pero lo leí en Twitter y me vinieron imágenes a la cabeza. Que fue en una crono, que fue el bautizo del equipo, que fue algo bonito... Son todo cosas positivas. No recordé con pena. Eso quiere decir algo.
¿Siente que ha perdido un año?
No, para nada. Como ciclista, por ejemplo, he conocido una carrera tan especial como el Tour, aunque fuese por poco tiempo -una semana antes de abandonar con un codo destrozado-. Eso no es perder el tiempo. Como persona creo que he crecido. A nivel psicológico, mental o filosófico, llámalo como quieras, he aprendido cosas. Me he endurecido, o algo así. No sé como explicarlo. Es algo que pasa muy dentro.
Cuentan que 2012 es el año en el que Intxausti da el paso definitivo hacia el estrellato ciclista. ¿Se lo plantea usted así?
No sé si para tanto, pero lo afronto con unas ganas tremendas. Y es cierto que quiero subir un peldaño más. Hablo de ganar, de levantar los brazos. Y de hacerlo en carreras importantes que me gustan. Sitios tan especiales para mí como la Vuelta al País Vasco, la París-Niza, Criterium Internacional o Romandía. Igual me pongo metas demasiado altas, pero creo que están a mi alcance.
No ha dicho nada del Tour.
No pienso en él, de verdad. De momento, mi vista solo llega hasta mayo. No veo más allá. Luego, puede que llegue el Tour. O quizás haga la Vuelta. No le doy vueltas al asunto. El Tour me gusta, pero no me obsesiona.
¿Qué le falta a Intxausti para dar ese paso que dice que quiere dar?
Un poco de todo. Es un tema de madurez física y mental. Eso viene con la edad, ¿no? Tengo 26 años y llevo cinco de profesional. Creo que ya sé, más o menos, donde está mi sitio en el pelotón. Solo me falta ese pasito que me siento capacitado para dar.
Hay quien confunde su tranquilidad con desgana y concluye que le falta carácter para crecer como ciclista.
Por fuera parece que soy tranquilo y que no me altero nunca. Pero la ambición la llevo por dentro y la saco sobre la bicicleta. ¿Acaso alguien sin carácter ni ambición se marcaría objetivos tan importantes?
Hablando de ambición, ¿vio ganar a Valverde en Australia?
En directo, no. Lo busqué luego en Youtube. Es una máquina. Aposté con un amigo a que ganaba en la primera carrera que corría. Dije, además, que se llevaba una etapa y la general. Me equivoqué, ha acabado segundo.
¿Le sorprende?
¿Valverde? No, qué va. El año pasado ya nos dio un repaso a todos en la concentración de Mallorca y sabíamos que iba a andar igual o mejor que antes.
¿Mejor dice?
Por la rabia que tenía dentro. No le conozco muy bien porque apenas he coincido con él, pero deportivamente hablando es un fuera de serie; como persona, solo te puedo decir que es muy natural. De la mezcla de ambas sale alguien único. Es la palabra que mejor le describe.
¿Qué ha cambiado en el Movistar con su regreso?
Era la pieza que nos faltaba. Ahora se nota más ilusión. Valverde da vida a este equipo.
Dice Unzue que la llegada de Valverde es buena para el equipo en su conjunto, pero que, particularmente, le da aire a usted, joven y excesivamente expuesto en 2011.
Siempre viene bien que llegue alguien que te da sombra. Los focos ahora son para Alejandro y para mí y otros hay algo más de tranquilidad en ese sentido. De todas maneras, tampoco me sentí tan presionado o agobiado el año pasado.
¿Se siente mimado, arropado, en el equipo?
Desde el primer día. Más aún después de todo lo que pasó en Sierra Nevada. Unzue, por ejemplo, parece una persona que está ahí arriba, tan lejos que es inalcanzable e intocable, y resulta que es el más humano de todos, el que más cariño te da. No el único, claro. También pasa con Hoyos -Jesús, el médico del Movistar- y otros.
¿Y admirado? ¿Siente que tiene peso en el equipo? ¿Le intimidan frases lapidarias como la de Pablo Lastras en la Vuelta cuando dijo aquello de que usted, simplemente, tenía un don?
Lo que puedo decir es que eso no me hace enrojecer. No me intimidan los elogios. Y tampoco me hacen ser un creído. Me sirven de motivación. Que alguien como Pablo -Lastras-, que lo ha visto todo en el ciclismo, diga de mí algo así me da más autoconfianza.