bilbao. Más que una muestra de una recuperación física milagrosa, el triunfo que logró Javier Ruiz de Larrinaga ayer en Villaviciosa -ante Díez Arriola y las ausencias de Murgoitio, Aitor Hernández, Isaac Suárez, Hermida o Aketza Peña- tiene un poder inmenso como reparador. Ha revitalizado la maltrecha moral del alavés, triple campeón de España, referente en estos últimos años y, sin embargo, extrañamente desdibujado en lo que va de campaña. No arranca el motor de Larrinaga, lo que le tiene desconcertado, un estado mental peligroso porque trabaja en la destrucción de la confianza, que es uno de los propulsores del ciclista. Con Murgoitio a años luz y Aitor Hernández en progresión meteórica, el alavés, mermado, no sabe hacia dónde mirar. La situación que atraviesa la refleja mejor que nada un fotograma del pasado Campeonato de Euskadi de Laudio. Ocurrió cuando, mediada la batalla, Aitor Hernández aceleró el paso y se fue a por el subcampeonato. Javi resopló y, pobre de confianza, renunció a codearse con el vizcaino. Se dijo: "No puedo". Derrotado. En pleno desconcierto, perdió también la rueda del podio, que era la de Aketza Peña. Y cuando se hundía, de repente, resurgió. Cazó y tumbó a Aketza, que sufrió una caída, y le quitó tiempo a Aitor en un gran final.

"Quizás todo haya cambiado en ese momento", dijo ayer Larrinaga tras sobreponerse a un pinchazo mediada la carrera y superar después la oposición de Díez Arriola en Villaviciosa. "Sé qué carrera era y también que había muchas ausencias. No es que ahora esté en una nube y que mí nivel haya subido de repente, pero con la victoria y la última parte de la carrera de Llodio he recuperado la confianza", traza el alavés.

La sonrisa de Larrinaga es tan serena como el gesto de contrariedad de Egoitz Murgoitio tras el naufragio, ayer también, en la Copa del Mundo de Zolder. El vizcaino obtuvo su peor resultado del año pero no se martiriza. Solo es un accidente. Salió mal, sacudido por dos bandazos que no supo gestionar, y acabó en el fondo del pelotón en la primera vuelta tras otro par de curvas de fatal digestión. En el segundo giro, lejísimos de los puestos nobles que ha ocupado durante toda la temporada, se desconectó. "Se me ha ido la cabeza, me he venido abajo y he pensado solo en acabar". Lo hizo a un mundo, más de cinco minutos, de Kevin Pauwels, que superó al sprint a Zdenek Stybar y rescata de los hombros de Sven Nys el maillot de líder de la Copa del Mundo. Egoitz, 47º, apenas rascó algún punto.

El vizcaino disputará esta semana, mañana y el viernes, otras dos pruebas de la GvA en Bélgica antes de volver el sábado a casa y descansar para el Estatal de Gandía en el que, claro, es el gran favorito. Al campeón, Larrinaga, al igual que a Aitor Hernández, Suárez o Aketza Peña, solo le queda la prueba de Ormaiztegi de este sábado para poner su organismo a la altura de su confianza.

Morrás asume la retirada Sin equipo tras dos años de experiencia en Portugal, el alavés Alberto Morrás, otro gran ciclista de la factoría del Seguros Bilbao, asume con naturalidad la posibilidad, casi una certeza, de tener que colgar la bicicleta. "Hay condiciones en las que no merece la pena seguir. Sería sorprendente que llegara en estos días una oferta decente para continuar", dijo ayer.