La presión del éxito
Joane Somarriba, Teresa Motos, Ainhoa Tolosa y Garazi Iturralde explicancómo gestionaron la dura exigencia que conllevaron sus triunfos mundiales
El grito se convirtió en una perfecta exteriorización de la victoria de Eunate Aguirre. La sopeloztarra, incapaz de emitir palabra alguna, optó por mostrar su alegría de una forma poco usual, a base de rugidos de felicidad. Comenzó en los últimos segundos de la semifinal, la manga decisiva, cuando la rider vasca, haciendo buen uso de su prioridad en el pico, tomó la ola decisiva. Los ánimos se encendieron en la orilla y cuando la bodyboarder recuperó el centro de gravedad, tras ejecutar a la perfección el giro de la victoria, deslizándose hacia la segunda parte de la pared salada, emitió un grito de júbilo. Emergió del salitre con el puño en alto, sabiéndose campeona, pero aún faltaba la confirmación, la necesaria puntuación de los jueces. Eunate se perdió entre la espuma para arribar a la pedregosa orilla de las Islas Azores y, tras una eterna espera de minutos disfrazados de horas, la voz masculina del altavoz anunció la puntuación: 6.50. Los pronósticos se hicieron realidad, la ola valió un campeonato.
Eunate enloqueció, lanzó el boogie por los aires, olvidándose de que es un fiel vasallo que, unido a su brazo, le sigue a todas partes. Y reptó por las rocas, abandonándose a la locura, sin respirar, tan solo emitiendo el ruidoso grito de la victoria. Buscando unos brazos, los primeros, con los que compartir el ansiado triunfo, sin palabras, sin idioma, solo gritos ininteligibles de satisfacción. Solo un bramido sin sentido. Y ahí permaneció, en las oscuras rocas de la costa portuguesa, sonriente, exhausta de felicidad, con la respiración entrecortada por el júbilo. Sin hablar, solo sintiendo, solo disfrutando del momento. Suspiros de un cansancio bien avenido, jadeos del eterno objetivo por fin cumplido.
Una humilde reacción que Eunate llevó hasta el humor, comprensible solo para las pocas elegidas que han logrado subirse al máximo escalafón de su modalidad. Quizá por ello, Joane Somarriba, campeona del mundo de contrarreloj en 2003, puede mostrarse tolerante con la locura transitoria de que lució la bodyboarder: "Después de todo el esfuerzo y el sacrificio, del agotador día a día, de estar constantemente pendiente de tus rivales, es un gran desgaste físico y psicológico y, cuando lo consigues, es como, por fin, lo he logrado y te relajas, te dejas llevas", explica la exciclista. Para Teresa Motos, campeona de hockey hierba en Barcelona 92, el título mundial es como una obsesión que te persigue hasta que consigues acariciarla: "Tras el trabajo de muchos años, largos e intensos, ves que puedes conseguir el título porque mejoras año a año. Te haces ilusiones, piensas que puedes, la gente te anima, tienes muchas esperanzas y cuando lo consigues te quitas un peso de encima", reconoce la donostiarra recordando su victoria en los Juegos Olímpicos de la ciudad condal.
Ambas campeonas coinciden en la confianza en uno mismo que se gana cuando se logra mirar a las contrincantes desde el primer escalón del podio, sin embargo, mientras que Somarriba admite que la relajación tras la victoria es algo corriente, Motos se niega a creer que el triunfo mundial es el techo de cualquier deportista: "Es imposible que te relaje ya que, aunque hayas conseguido una meta, enseguida aparecen otras porque es necesario tener objetivos para poder continuar y mejorar", argumenta la exjugadora de hockey. Así, el campeonato mundial tan solo es un peldaño más que no hace sino aumentar al exigencia sobre los vencedores tal y como explica Motos: "Cuando eres la número uno te conviertes en la persona a batir. Sabes que estás preparada para ganar a cualquiera pero cualquier resultado que consigas, por muy bueno que sea, si está por debajo del liderato, es considerado un fracaso", explica.
unas privilegiadas De igual opinión son las actuales campeonas mundiales de kayak surf, Ainhoa Tolosa y Garazi Iturralde. Para estas palistas, el oro supone una mayor demanda de resultados: "La presión se la pone uno mismo pero parece que tienes que demostrar más y eso pesa", admite Ainhoa. Sin embargo, Somarriba se muestra más optimista y lejos de la presión que supone tener que demostrar constantemente por qué se logró ser la campeona de la modalidad, la exciclista prefiere tomarse las cosas con más calma: "No reeditar el título no es un fracaso porque es algo muy duro, es muy complicado estar arriba siempre en cualquier deporte de élite, muy pocas personas lo consiguen", asegura. Así, la gernikarra opta por sonreír ante lo que se ha conseguido en vez de preocuparse por la incertidumbre del futuro que sigue a cualquier victoria: "El campeonato mundial es una recompensa que no tiene todo el mundo. Por eso, tenemos que sentirnos privilegiadas porque hay que ser conscientes de que mucha gente se queda en el camino".
Así se encuentra Eunate Aguirre, entra la felicidad y la relajación que conlleva el trabajo bien realizado y la presión de tener que mejorar para demostrar, ya en el circuito del año que viene, por qué logró coronarse en Portugal como la soberana del bodyboard mundial. Una exigencia que la rider de Soepala espera ser capaz de controlar.
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