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Matxín: No he perdido nada de lo que fui y nadie me lo va a hacer perder"

Matxín: No he perdido nada de lo que fui y nadie me lo va a hacer perder"Juan Lazkano

santander. En la cafetería del hotel Bahía de Santander, acodado en una mesa apartada y pegada a un ventanal frente al que pasa la vida en un día húmedo y gris, habla Joxean Fernández Matxín de los sueños, una palabra que había desterrado de su vocabulario en los duros años posteriores al Tour de 2008 que le tocó vivir. "Entonces me paré y vi cosas que ni sabía que existían", dice. Le sorprendió la realidad. Que fuese tan cruda. Subsistió para, tres años después, ganar su primera grande, la Vuelta de Cobo, un éxito de una inmensa hondura personal.

¿Sabe que es usted el primer director vizcaino que gana la Vuelta desde que Antón Barrutia guiara a la victoria a Pesarrodona en el 76?

Pues no, no tenía ni idea. Como director nunca me he planteado ese tipo de cosas. Es como si sintiese que el que va en el coche no consigue los triunfos sino que, simplemente, es una de las partes que ayuda a conseguirlos.

¿Quiere decir, por ejemplo, que no considera como suyo el triunfo de Cobo en la Vuelta?

No exactamente. Sí que lo siento como mío, al menos en parte, y más en el caso de Cobo, porque creo, sin pretender ser presuntuoso, que he sido alguien importante en su trayectoria deportiva y personal.

¿Cuánto significa esta Vuelta para usted en el plano personal?

Mucho. Para mí y para Cobo. Nos identificamos en nuestra manera de pensar y sentimos las mismas ganas de decir cosas que nos callamos.

¿Cuáles?

Son gestos. Cuando Cobo gana en las Lagunas de Neila en 2008, tras el Tour, entra con una rabia que entendió quien quiso entenderlo. Igual que en la Laguna de los Peces, en 2009, cuando señaló el maillot. Quiso decir: aquí estamos nosotros.

Aquella era la época posterior al escándalo de Riccó en el Tour y el derrumbamiento del Saunier Duval, el imperio ciclista que usted mismo edificó piedra a piedra y con el que llegó a estar en la cumbre. ¿Recuerda usted a aquel Matxín?

Me recuerdo como una persona pasional. Tenía ilusión y creía verdaderamente que nada era imposible. Antes de aquel 2008 no veía límites. Creía que todo se podía conseguir. Mi objetivo era hacer el mejor equipo del mundo. Era mi sueño.

¿Ya no lo es?

Sigo soñando, lo que ocurre es que, de algún modo, después de ese frenazo a mis expectativas me he replanteado muchas cosas. He aprendido que no es tan fácil lograr lo que he conseguido y que la vida no siempre es de color de rosa ni te sonríe todo el mundo cuando pasas a su lado. Me paré y observé cosas en las que nunca antes me había fijado. Cosas que ni sabía que existían. Cosas como que provocas sentimientos como la envidia, los celos, las dudas... De todo eso no te das cuenta hasta que te molestas en mirar hacia tu alrededor cada vez que das un paso. Eso es algo que yo no hacía antes. Me limitaba a correr, sin fijarme en nada más. Tampoco, quizás, disfrutaba lo que tenía que disfrutar de los momentos.

¿Tuvo que caer para darse cuenta de todo eso?

Son las situaciones de la vida las que te hacen comprender. La juventud, creo que es eso, te empuja hacia adelante con tanta fuerza que... Cuando pasó aquello de 2008 que mencionas me quedé pensando en que quizás no merecía la pena tirar pa'lante de esa manera, como si fueses solo por tu carretera, sino que a veces es más importante observar a los demás.

¿2008, aquel Tour y lo que vino después, es un punto de inflexión en su vida a nivel personal?

Entonces fue cuando vi todo lo que no había visto antes.

¿Qué no veía anteriormente?

Lo negativo. Solo veía lo positivo, la gente que era enrollada y te reía las gracias. Luego me di cuenta de que esa no es la vida. O no, al menos, la verdadera, porque la vida está hecha también para sufrir. Hay que reír, claro, pero cada cosa en su momento y en su medida. En esa época aprendí más que en el resto de mi vida.

¿Se le ha hecho larga esa mala racha?

Todo lo contrario. Cuando lo he pasado mal, la vida se me ha acelerado. Se me vinieron muchas cosas encima. Las buenas, las malas, las penas y tristezas... Fue un frenesí. Al fin vi toda la vida en su conjunto.

¿Descubrió también el verdadero rostro de las personas?

Aprendí a valorar cuándo una persona es realmente sana y alegre, de esas que aportan mucho a tu vida, y cuándo realmente esa persona está contigo porque se incorpora a tu carretera, ve que le arrastras y va de cine; un interesado, vamos.

¿Le ha decepcionado mucha gente?

No miro nunca a la gente que me ha hecho mal y tampoco creo que haya tenido enemigos. Lo que pasa es que a veces he conseguido lo que otra gente también buscaba.

¿Habla de la envidia?

Lo menciono como un sentimiento natural. Por poner un ejemplo, ahora hemos ganado una Vuelta que mucha gente quería. Eso habrá generado varios sentimientos: algunos pensarán que nos lo hemos merecido; a otros no les habrá agradado tanto porque era también su objetivo y verán en Cobo o en mí a alguien que les ha apartado de su sueño. Quiero decir que este es un mundo de rivalidad que en principio es deportiva pero puede trascender a lo personal.

¿En aquella época que tanto aprendió se llegó a replantear lo andado?

Si te refieres a si se me pasó por la cabeza dar un volantazo y cambiar de vida, la respuesta es no. De hecho, me dio más fuerza. En los buenos momentos avanza cualquiera; es en los malos cuando hace falta echarle valor para resistir. En mi caso fue una cuestión de comerse el orgullo. He comprobado que el orgullo no te hace bien, para nada, y yo he pecado de ello. También de ser positivo, extremadamente positivo, y he tenido que buscar el equilibrio.

¿Ser orgulloso y optimista le ha jugado malas pasadas?

Tampoco es eso. Puedo llegar a decir y he dicho que Cobo tiene una Vuelta en sus piernas. También De la Fuente. Y Durán. Y Duarte. Y Valls. A veces no puedo demostrar que lo que creo es verdad. Y si me equivoco, me moriré con mi equivocación. Pero seguiré luchando por un sueño y un convencimiento. Cobo es el mejor ejemplo. ¿Te crees que me importa que la gente diga si tiene o no credibilidad? Todo el mundo habla de aquel Tour -2008-, pero nadie dice que entonces pasó 23 controles y el 80% fueron de CERA y de EPO. Todos dieron negativo. Este año hemos pasado 183 controles. Creo que no debería haber ninguna duda.

¿La hay?

Cosas del ciclismo. No podemos entrar en el pensamiento de las personas. Solo se puede trabajar para que su percepción cambie. Y creo que el ciclismo está en un momento de credibilidad mucho más amplio de lo que había en 2007, 2008 o 2009.

Ha ganado la Vuelta, su primera grande como director. ¿Es un nuevo principio?

No es ni final ni principio de nada. Simplemente es un punto en el camino, un punto muy reflexivo.

¿Sobre qué reflexiona?

Sobre lo recorrido. Sobre que puedo garantizar que no he hecho mal a nadie y que lo único que he tratado de hacer es ayudar a muchos ciclistas. Más que de todas las victorias, de lo que más orgulloso me siento es de un póster que tengo en casa. Es de mi último año con el equipo aficionado y de los 21 corredores que posan en la foto 19 llegaron a ser profesionales. Eso es lo que da sentido a todo lo que he hecho estos años. 19 sueños cumplidos. Eso es para mi el ciclismo: los sueños. Yo no soy de realidades ni de datos. Ni sabía que era el primer director vizcaino desde Barrutia que ganaba la Vuelta ni que Cobo era el primer ciclista cántabro en hacerlo. Los sueños son otra cosa diferente a los números y los datos; tienen la fuerza de unir.

El Geox no parecía muy unido cuando la Vuelta arrancó en Benidorm y...

¿Por lo de Sastre? Pues es precisamente el mejor ejemplo de lo que digo de lo sueños. Es cierto que no empezamos la Vuelta de la mejor manera. Hizo unas declaraciones que no me agradaron y se lo dije. Pero luego se contagió de este proyecto y se dejó la vida por sus compañeros. El otro día, cuando anunció que colgaba la bici, dijo que se sentía orgulloso de dejarlo tras ganar la Vuelta por equipos con el Geox. Ese es mi mayor éxito. Ese y que Menchov, tan frío y tan ruso, se tirase en la cena de Madrid más de cinco minutos dando las gracias al equipo.

¿Hace cuánto no se sentía tan realizado?

Siempre lo he sentido. Nunca he perdido nada de lo que fui y nadie me lo va a hacer perder. He pasado momentos malos, claro. Entonces tocaba hablar de la realidad, cruda, y no había hueco para los sueños.

¿Cree que hubo gente que no se alegró de que usted ganase la Vuelta?

No lo he pensado ni un segundo.

¿Esta Vuelta ha salvado al Geox?

Hemos respirado. Este era un proyecto muy ambicioso que se frenó al quedarse fuera del World Tour. Hubo dudas y problemas. No fue sencillo estar fuera de las mejores carreras. Y la necesidad nos hizo respirar en una bolsa de plástico, casi asfixiados. El Giro es un ejemplo bueno. No salió bien porque íbamos apremiados. La Vuelta fue lo contrario: todo fue bien porque salimos a disfrutar.

¿2012 será distinto para el Geox?

Sin ninguna duda.

¿Entrarán en el World Tour?

Eso espero. Ficharemos a corredores con puntos que nos harán entrar.

Sin Sastre, con Menchov y ¿Cobo?

Denis tiene contrato y es importante para el equipo. Cobo confío en que siga. Pero es lógico que le lluevan las ofertas.