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15 de septiembre de 2001, circuito alemán de Lausitzring. Alex Zanardi, piloto italiano con un modesto pasado en la Fórmula 1 pero una gran celebridad en Estados Unidos, domina con mano de hierro la prueba germana de la CART Series estadounidense (actual IndyCar Series), rebautizada como The American Memorial como homenaje a los fallecidos cuatro días atrás en los atentados del 11-S. Cuando se cumplen 143 de las 154 vueltas previstas al óvalo, decide pasar por boxes. Lo tiene todo para ganar, pero a la salida un acelerón demasiado abrupto hace que su Honda Reynard realice un trompo, por lo que regresa a pista cruzado. El canadiense Patrick Carpentier le esquiva con pericia, pero Alex Tagliani no tiene escapatoria. Su monoplaza impacta frontalmente, a 320 kilómetros por hora, con el lateral del de Zanardi partiéndolo en dos, desintegrándolo. Los restos del coche quedan esparcidos por la pista. Las 87.000 personas que llenan las gradas enmudecen mientras que el piloto, de 34 años, se debate entre la vida y la muerte en estado crítico. Sólo la rápida intervención de los servicios sanitarios le otorga un halo de esperanza, ya que ha perdido mucha sangre. La evacuación en helicóptero a la cercana clínica Marzahn de Berlín es rapidísima. Allí, tras una operación de más de cinco horas, los galenos logran salvar su vida, aunque para ello deben amputarle sus dos piernas, totalmente destrozadas como consecuencia de la brutal colisión.

Aquel 15 de septiembre de 2001 en el que vio de frente y prácticamente estrechó la mano a la muerte, Alex Zanardi volvió a nacer. Los médicos salvaron su vida. Su coraje y ansias de superación le permitieron, tras intensos años de rehabilitación y duro esfuerzo, seguir siendo piloto de carreras. Y no sólo tomar parte en ellas, sino ganarlas. Porque después de esa fatídica fecha, Zanardi decidió que la ausencia de sus extremidades inferiores no le iba a postrar en el sofá de casa. Se puso manos a la obra y menos de tres años después de su brutal accidente reapareció en el Campeonato de Europa de Turismos de la FIA con un BMW adaptado. Y ganó carreras. También volvió a ponerse a los mandos de un Fórmula 1, registrando tiempos más que solventes, y ahora, tras retirarse el año pasado de los turismos, se ha propuesto un nuevo reto. Participar en los Juegos Paralímpicos de Londres"12 en bicicleta adaptada.

Zanardi descubrió esta modalidad, en la que el competidor impulsa la bicicleta moviendo las bielas con los brazos, en 2007. Tras sólo cuatro semanas de entrenamiento acabó cuarto en la maratón de New York. Desde entonces ha ido sumando competiciones y ganando en preparación. En 2009 se impuso en la cita de Venecia y este mismo mes hizo lo propio en Roma, aventajando en dos minutos al segundo clasificado, resultado que le ha animado a ponerse como meta la medalla de oro en la cita olímpica. "Correr este tipo de pruebas es muy excitante, mucho más que esperar en un coche a que se apague el semáforo rojo. Encontrar en las cunetas a gente que te apoya, te anima y te estimula es algo muy gratificante. Sientes el calor de los aficionados directamente en tu piel, pedalada tras pedalada. Ahora mismo tengo un objetivo claro, que no es otro que luchar por estar en Londres y pelear por el podio", reconocía esta misma semana en una entrevista publicada por La Gazzetta dello Sport, en la que subrayaba que "entreno casi todos los días 60 kilómetros y hay jornadas en las que he llegado a los 120 para comprobar mi grado de resistencia".

Nacido en Bolonia el 23 de octubre de 1966, el gusanillo del motor atrapó a Zanardi desde la infancia. Comenzó a competir en karts a los 13 años. Tras brillar en las categorías inferiores, debutó en la Fórmula 1 disputando tres carreras con Jordan en 1991. Una temporada después corrió otras tantas con Minardi y su gran oportunidad le llegó en 1993, cuando fue fichado como piloto oficial por Lotus. La suerte no le acompañó, y tras ser sexto, su mejor puesto en el Gran Circo, en Brasil, tuvo que retirarse en cinco de las nueve carreras antes de sufrir un brutal accidente en los entrenamientos del Gran Premio de Bélgica que le obligó a cerrar la temporada y a perderse las cuatro primeras pruebas del Mundial"94.

EL SUEÑO AMERICANO Ante la falta de ofertas en Fórmula 1, Zanardi decidió cruzar el charco. En 1996 desembarcó en la CART Series, donde ofreció auténticas exhibiciones. En su curso de novato acabó segundo y en los dos siguientes se llevó el título, convirtiéndose en un fenómeno de masas en un deporte que causa furor en Estados Unidos. Sus resultados hicieron que Williams le diera la oportunidad de regresar a la Fórmula 1 en 1999, pero no pasó del octavo puesto en ninguna carrera, por lo que regresó a Estados Unidos.

Su carrera quedó mediatizada por el accidente de 2001, pero no frenada. Tras serle colocadas dos prótesis en sus piernas y quedar poco satisfecho con el resultado, el propio Zanardi diseñó y confeccionó unas prótesis más ligeras y flexibles con el objetivo de volver a correr. En 2003 regresó a Lausitzring y completó, de forma simbólica, las once vueltas que le faltaron para recibir la bandera a cuadros aquel 15 de septiembre de dos años atrás y lo hizo marcando velocidades punta de 310 kilómetros por hora y logrando un registro que en los entrenamientos oficiales le hubiera colocado en la quinta plaza de la parrilla, lo que le animó a seguir compitiendo con un coche adaptado en el Europeo y en el Mundial de Turismos, donde cosechó cuatro triunfos en cinco años y fraguó el sueño de subir a lo alto del podio en la cita olímpica de 2012. Nada es imposible para Alex Zanardi, un hombre acostumbrado a vencer a la lógica y a impulsarse con el corazón.