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Kevin Morby viaja feliz entre canciones y carreteras hacia la mortalidad

Publica el magnífico ‘Little Wide Open’, fotografía de un músico en gira y en tránsito por la vida con una Americana sensible y emotiva, entre el folk y el rock, y la ayuda de colaboradores de prestigio

Kevin Morby viaja feliz entre canciones y carreteras hacia la mortalidad

Camino de los 40 años y a punto de ser padre, el estadounidense Kevin Morbyacaba de publicar su octavo disco, Litlle Wide Open (Dead Oceans), una suerte de fin de la trilogía con la que evocaba su terruño, el Medio Oeste de su país, del que salió huyendo a Nueva York impulsado por un anhelo tan artístico como vital. Tras Sundowner y This is a Photograph, este álbum, producido por el miembro de The National Aaron Dessner y con colaboradores ilustres, apuntala su expresiva y poética zambullida en la Americana, principalmente el folk y el rock, entre reales viajes en coche por tierras baldías que sirven como metáforas del paso del tiempo y de la necesidad de vivir y amar mientras nos encaminamos a la mortalidad.

El paso del tiempo y su reflejo durante los últimos años que pasó de gira marcan todas y cada una de las 13 canciones de Little Wide Open, el regreso de Morby y ya uno de los discos de este 2026. También su vuelta al lugar donde creció, Kansas City, “mi lugar desolador”. Ese que el trovador dibuja entre grandes cielos y una naturaleza rebelde que se contrapone con las pequeñas vidas, muchas veces desoladas, de sus habitantes, esos fantasmas sin ambición de pueblos con menos de 10.000 habitantes, cruces al borde del camino, furgonetas Econoline y romances de rock´n´roll.

El paso del tiempo y su reflejo durante los últimos años que pasó de gira marcan las 13 canciones de ‘Little Wide Open’, el regreso de Morby

“Este es, sin duda, el álbum más personal y vulnerable que he hecho. Gran parte es una reflexión sobre el tiempo que pasé de gira como adulto” reconoce Morby, cuya génesis fija en la escucha de la delicada y preciosa canción Square One, de Tom Petty. Él, yéndose al otro extremo de la balanza, tituló su álbum Little Wide Open, la antítesis de Into The Great Wide Open, el álbum que su héroe grabó junto a Jeff Lynne. La razón descansa en el sonido que buscaba el productor, Aaron Dessner, miembro de The National, grupo al que teloneó Morby.

“Aaron –que se está ocupando de la producción del próximo disco de Eñaut Elorrieta– hizo un trabajo heroico al impedirme usar demasiados trucos en las canciones y dejar que mis historias se mostraran tal cual. A pesar de su título, este álbum es, de hecho, muy abierto”, indica Morby. Además de Dessner, quien toca varios instrumentos en él colaboran Justin Vernon (Bon Iver), Katie Gavin, Lucinda Williams, Mat Davidson, Meg Duffy, Oliver Hill, Rachel Baiman, Stuart Bogie, Tim Carr, Andrew Barr, Benjamin Lanz, Colin Croom y Tom Moth.

LAS CANCIONES

Badlands’

Arranca entre el Springsteen del tema homónimo y la peli de Terrence Malick, que también alimentó el posterior Nebraska del Boss. Con apoyo vocal de Vernon, el estribillo repite “el cielo es un lugar en la Tierra”. Por cierto, Belinda Carlisle, ex The Go–Go´s, tuvo un éxito pop con tal título. Es una canción sobre la fugacidad de la vida: “donde el cielo se expande y tú y yo expiramos como chispas de un petardo”.

Die Young’

Medio tiempo sensible, de tono folk y con un fondo de violines de Mat Davidson (Big Thief). A lo largo de sus estrofas, Morby recuerda imprudencias pasadas y expresa gratitud “por no morir jóvenes”. Una loa a la resistencia y a la

perseverancia que conducen a la asunción de la madurez aunque el tiempo vaya demasiado rápido. “Sentí el peso de mi edad, extrañaba a mi mujer… seguimos adelante” con las canciones “construyendo habitaciones en el tiempo”.

Javelin’

Vital y luminosa, se inicia con el ruido de un motor y es una canción sobre “estar enamorado de alguien con quien no paras de dar vueltas por el mundo”, según su autor. Primera joya del disco y con un coro irresistible –“hey, hey”– de Amelia Meath (Sylvan Esso), Morby se muestra feliz de viajar “por el aire y por la carretera como una jabalina”, y de aguantar: “cuando caes, te levantas”.

All Sinners’

Folk acústico con delicadas notas de piano. Canciones en el valle, recuerdos de Ohio y Oklahoma, y el deseo flotante de que Dios nos perdone todos nuestros pecados porque “sería muy agradable volver a todos mis amigos en nuestro Idaho privado”, en claro guiño a Gus Van Sant. Aquí deja otro verso para el recuerdo: “si el tiempo es un conductor violento, viajamos como pasajeros, sí, viajamos y morimos, somos Bonnie y Clyde”, le canta a su pareja, Katie Crutchfield, de Waxahatchee.

Natural Disaster’

Praderas, colinas y llanuras arrasadas por huracanes y tornados. Paisaje externo metafórico para hablar de lo interno –“cuando encuentro algo bueno, no estoy seguro de merecerlo”–, de “las subidas y bajadas” personales equiparadas a los desastres de la naturaleza. Arranca folk, pero Morby le va insuflando energía hasta estallar en un solo de guitarra marciano y heterodoxo de Vernon. Le ayuda la reina del Alt–Country, la resiliente Lucinda Williams, que recita sobre el amor, su desaparición, el dolor y las lágrimas que acarrea arriesgarse a vivir. A pesar de todo, el tema acaba con él acaba pidiendo “ven a mí, ahora”.

100.000’

Crónica poética de la gente, especialmente joven, que vive en las ciudades de provincias de USA, ese Medio Oeste en el que creció y que explota Trump. A ellos les canta: “cien mil cadáveres, todos durmiendo en sus camas a dos metros bajo los tejados, durmiendo como los muertos”. Texto lúgubre edificado sobre un medio tiempo elegante y electro–acústico que deja una melodía de belleza inabarcable en una coda final a voz en grito, casi noise y con otro ruido de motor.

Little Wide Open’

Larga columna vertebral del disco, en tono baladístico y escorada al country con una slide. Canta expresivo y cálido que los cielos abiertos nos hacen sentir pequeños. “A veces refulgimos, otras nos oxidamos, deseo de volver atrás en el tiempo, pero mi cuerpo no es un Triumph, nena/y la vida no es una autopista, sé que no puedo estar en todas partes todo el tiempo/pero mírame morir intentándolo”, escribe, y sueña con “extendernos para siempre hacia la eternidad”.

Cowtown’

Echa la vista atrás para recordar cuando soñaba con escapar de una pequeña ciudad de vaqueros donde el peligro era “caer en la nada”, y le inundaban “las ganas de llorar” aunque ya no le quedaran lágrimas. Extrae belleza del sentimiento de desolación.

Bible Belt’

Otro pasaje acústico y desnudo de arreglos sobre la falta de futuro de los pueblos “solitarios y crepusculares”, el vacío de la derrota, las lágrimas… Su solución es una llamada a sonreír entre alegres “lalalá”.

I Ride Passanger’

Una mandolina aporta ritmo y cierta alegría a una letra tétrica –“cuando me lleven de vuelta, viajaré de pasajero en una bolsa para cadáveres”– que remata con humor: “cantar salvará tu alma, una vez más con sentimiento hasta que nos convirtamos en tierra”.

Junebug’

Otra de las joyas pausadas del álbum, con una bella melodía de piano que evoca a los pasajes de los 70 del Tom Waits más bohemio entre voces y respuestas de canción infantil con un arpa exquisita de Tom Moth (Florence+The Machine). Y en el aire, la alegría de disponer de “otro día en este Planeta Tierra”.

Dandelion’

Más folk con voz femenina y violín, sostenido por otra gran línea melódica

Se muestra feliz de “la apuesta” de la vida, en la que actúa como un joven aunque se sienta ya viejo. Como esa planta, “diente de león”, que se muestra resistente y sobrevive a la lluvia.

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Field Guide For The Butterflies’

Sobre un mágico riff de guitarra llega el final estremecedor del viaje con otra metáfora de impacto, esas mariposas que se estrellan contra los cristales de los coches. Y ofrece otra muestra más de su capacidad poética: “en un mundo que mata, no me quedaré quieto/no es suicidio si muero persiguiendo emociones, solo yo tratando de hacerme crecer alas”.