Y, de pronto, ese ejecutivo de traje impoluto y ceño fruncido relaja el gesto. Se lleva la mano al bolsillo de la americana y enciende un cigarrillo. Está en la calle Arbieto, es viernes, y acusa el cansancio acumulado de la semana. Pero en cuanto suenan los primeros acordes de una pieza de Berlioz, todo parece importarle un poco menos.
Este viernes, Bilbao ha amanecido con ocho pianos de cola instalados en distintos puntos de la ciudad. La iniciativa Tu ciudad se llena de pianos, impulsada por el Concurso Internacional María Canals y la Fundación Occident, invita a músicos profesionales, aficionados, niños y cualquier espontáneo a sentarse ante las teclas —o simplemente detenerse a escuchar— y, de paso, bajar el ritmo de la ciudad.
Existe la percepción de que la música es un lenguaje ignoto, solo inelegible para mentes preclaras. Eso, dice Guillermo Moreno, no es necesariamente así. "El propósito de este proyecto es acercar el piano a la gente, experimentar con él, ver qué partes tiene... Está abierto a toda clase de públicos", explica el pianista.
Colaborador de la organización, se ha presentado como voluntario por segundo año consecutivo para dinamizar el pequeño escenario en el que se ha transformado la calle Arbieto, que acoge uno de los ocho pianos de cola que ya llenan de música el espacio público. Los demás se sitúan en el Museo Guggenheim, Azkuna Zentroa y en las plazas Jado y Santiago.
En ediciones anteriores, los instrumentos también estuvieron presentes frente a los juzgados de Bilbao. Entonces era habitual que algunos recién casados le pidieran al pianista que interpretara la marcha nupcial. Sin éxito: no la conoce. Hoy, en cambio, ha atendido a público de todo tipo, incluido un grupo de escolares del Sánchez Marcos (Kontxa Eskola).
“Hemos venido para conocer un piano por dentro, disfrutarlo, tocarlo y aprender”, señala Alexander Barrueta, profesor de música del centro. El docente valora de forma muy positiva proyectos como este, ya que permiten a los niños una experiencia de aprendizaje diferente, al aire libre. “Y pueden, además, ver cómo es un piano de cola. En el aula tenemos órganos y uno de pared, pero poder ver las tripas de este tipo de instrumento y disfrutarlo al aire libre es un auténtico privilegio”, añade.
Pianistas veteranos
"¡Qué bien has tocado, chaval!". "Has metido horas, ¿eh?". Guillermo se sienta ante las teclas, también disponibles para él, y recibe el calor de un público improvisado. Quienes recorren hoy esta céntrica vía, encajonada entre la Biblioteca y el Palacio Foral, frenan el ritmo frenético de la ciudad.
Hay quien se detiene unos segundos, quien se queda escuchando más de la cuenta o quien simplemente baja la mirada y deja que la música haga su trabajo. Otros graban vídeos del momento, con el teléfono ya convertido en una extensión de sus brazos. Y solo unos pocos intrépidos se atreven a sentarse al piano.
Cristina Artundo es toda una veterana: estudió los ocho años de carrera que exige dominar este instrumento, trabajó como profesora en una academia de Ballet; en orquestas, con otros músicos. Este viernes, ha tocado un zortziko. "No me preguntes cuál, porque no me acuerdo", dice. Pero las notas parecen brotar de sus dedos de forma instintiva.
Dice que sigue practicando a diario: “Hay que hacer ejercicios, mantenerse en forma para no olvidar”, apunta. En días como hoy puede hacerlo en plena calle y compartir lo que sabe con la ciudad. Cristina ya es una habitual de esta iniciativa. “También vine el año pasado. Hago todo el recorrido, intento tocar en todos los pianos”, confiesa, antes de dirigirse al siguiente.
"Todo lo que contribuya a acercar la música a las personas y, además, dar vida a la ciudad tiene que ser celebrado"
Embaucado por el canto de sirena que Cristina arranca al piano, Yoan Rodríguez termina en la calle Arbieto. “No lo he podido evitar. Lo he oído y he seguido la melodía hasta llegar aquí”, reconoce. Él también es músico y, claro, no quiere quedarse al margen. Le toma el relevo a la veterana profesora con una melodía que no logra descifrar quien escribe estas líneas. El gesto provoca un aluvión de aplausos.
"No me lo esperaba en absoluto. Un piano de cola en plena calle, es maravilloso", señala, al terminar. "Todo lo que contribuya a acercar la música a las personas y, además, dar vida a la ciudad tiene que ser celebrado", añade.
"¿Y qué queréis que toque?". Así abre Guillermo la veda de peticiones cuando Yoan se retira del piano. Vuelan las propuestas: una pieza clásica, algo de Mozart. Este periodista baja la mirada a su camiseta azul, con una imagen del eterno Bowie estampada en el centro. Finalmente, las notas de Life on mars inundan la calle.