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Javier Gurruchaga

"Orquesta Mondragón sigue siendo cabaré y rock 50 años después"

La troupe de Javier Gurruchaga celebra su medio siglo de carrera este domingo en el Arriaga de Bilbao y el 7 de mayo en el Victoria Eugenia donostiarra

"Orquesta Mondragón sigue siendo cabaré y rock 50 años después"

La troupe de Javier Gurruchaga celebra su medio siglo de carrera este domingo en el Arriaga de Bilbao y el 7 de mayo en el Victoria Eugenia donostiarra con clásicos como Ponte la peluca, Viaje con nosotros, Caperucita feroz o Corazón de neón. Los 50 años de Orquesta Mondragón, siempre con Gurruchaga al frente, muestran una fotografía ligada a sonidos en los que se funden el rock, el blues y el pop con una mezcla de provocación, humor ácido, irreverencia y el punto teatral de su líder, entre el clown, el rockero iconoclasta y el maestro de ceremonias de un circo. “Surgimos para ser irreverentes, fuimos un corte de mangas”, explica.

50 años son motivo de alegría, pero ¿duelen un poco? Son ya casi 70 ‘palos’ los suyos.

68, sí, pasada la jubilación. Es algo que impone y da qué pensar en todo los hecho y en tantas andanzas. Ha sido medio siglo maravilloso que se inició en julio de 1976, meses antes de fallecer Franco, con una apertura a otras cosas mal vistas o prohibidas. Ese fue el concepto, darles la vuelta y ser irreverentes en la música y las interpretaciones. Era dar un corte de mangas.

Se lo habrá pasado de tralla.

Sí, claro. Imagina, yo estaba a punto de hacer la mili y trabajaba de botones en un banco. El poderme dedicar a lo que me gustaba desde niño, a entretener, actuar y cantar, ha sido una aventura increíble. Lo de la contabilidad y los valores no iba conmigo. La orquesta me ha permitido tener unos horarios diferentes y ser el jefe de mí mismo aunque ello conlleva errores y precipitaciones.

Le vi con Broncano y parecía estar en muy buena forma física.

Ayuda el darse cuenta de que el tiempo no pasa en balde y que hay que cuidarse y bajar kilos. El sobrepeso es como llevar una maleta encima. Ahora me he puesto en orden, tengo 20 kilos menos.

La voz nunca le falló.

Es verdad, me ha funcionado siempre estupendamente. Si no lo digo yo… También la he cuidado, no he fumado… Eso me ha ayudado a seguir en la carretera.

¿Celebra los cumpleaños, los suyos?

No me hace mucha gracia, es un recordatorio de que nos queda menos cada vez. Dan rabia, pero este de la orquesta es muy bonito, es medio siglo de recorrer todo tipo de escenarios: frontones, salas de fiestas, teatros, polideportivos, campos de fútbol, pequeños clubs… Exponerse ante el público es maravilloso y por eso haremos una gira de casi 50 conciertos. Arrancamos en Madrid y estamos ilusionados de tocar en el Arriaga y en el Victoria Eugenia.

¿Habrá tartas conmemorativas?

Están ya preparadas y serán de merengue. En el cine hay muchos tartazos. De hecho, hay canciones nuestras y espectáculos que son muy cinéfilas, con homenajes al cine mudo y al de terror y fantástico, de Lon Chaney a Charlot, Buster Keaton o El Gordo y el Flaco. El cine fue un gran sustento, sobre todo en los primeros tiempos. Venimos de él y está muy presente en el repertorio.

¿El artista mata por un aplauso?

Es una especie de egomanía maravillosa el que el público te quiera y responda. Por eso no queremos retirarnos y seguir mientras las condiciones sean buenas. Charles Aznavour siguió hasta los 94 años y ahí siguen los Stones o Eric Clapton.

Solo queda usted de los inicios. ¿Qué cree que significa?

Murió Popotxo, sí, pero siempre fue un espectáculo y una filosofía en la que siempre llevé la voz cantante aunque ha habido grandes aportaciones de otra gente. Y siempre siendo fiel al espíritu inicial, esa especie de cabaré de rock´n´roll.

¿Cumplir 50 años tiene que ver con su espíritu valiente, ese que le ha lanzado a abrazar diferentes palos artísticos?

Puede ser porque soy una persona hiperactiva y ecléctica que ha tocado teclas diferentes: música, cine, teatro o presentación de programas. Eso me ha mantenido en la boca de los medios, pero también puede tener su contrapunto, el que no se me haya dado quizás un mayor valor como cantante. A estas alturas no me preocupa, pero soy un buen cantante de rock y de blues; y en eso sigo, con un gran directo, intentando cantar como los negros.

¿Qué queda hoy de aquella Mondragón de 1976?

Pervive, cómo no, como el legado de Louis Prima, Louis Amstrong, los Stones o Chuck Berry. Ahí sigue esa pervivencia de música negra y blanca de la que salió el jazz y el blues. Y ahí tuvo importancia el Festival de Jazz de Donostia, al que le doy las gracias por lo que aprendí como él al ser tan abierto. Así debe de ser, hay que abandonar las etiquetas y abrirse y ser tolerantes con los estilos; como con todo, por cierto.

¿Y de aquel joven Gurruchaga que huía del banco y se subía a los escenarios?

Ya subí a un escenario a los cuatro años, a cantar un villancico en euskera en la radio La Voz de Gipuzkoa. Canté subido en un banco y ante un montón de chavales y un micro enorme. Luego, ya le canté a Elvis y a Mat Monroe con 12 años, antes de grupos como Calígula y Orfeo. Y tras ver a los Stones en Barcelona surgió la orquesta con el triunvirato formado por mí, Popotxo y Cheli Lanzagorta. Nació de la parodia en otro programa de radio.

Viene con la estética y el maquillaje de maestro de ceremonias de un circo o de un cabaré.

Sí, muy a lo Tim Burton y el cabaré berlinés y del cine mudo. Hay un gran cóctel de influencias en el show. 

Gurruchaga con la tarta de aniversario

Es usted un entretenedor, un ‘entertainment’ ¿no?

Sí, me ha gustado mucho el término, como aquella película homónima de Laurence Olivier, creo que de Toni Richarson. Es alguien que sube al escenario y necesita esa comunión con el público, ese calor, ese toma y daca. Como hacían influencias como Frank Sinatra, Jagger o Elvis.

Parodió a Donald Trump, pero si tuviera que disfrazarse hoy para cantar ‘Anda suelto Satanás’ tendría problemas para elegir personaje.

En esta gira no la incluimos, pero la hemos tocado mucho y la compartimos con su autor, Aute. Parece hecha a nuestra medida, la verdad. Lo que pasa es que cada vez hay más dosis de autocensura y tratamos de no ofender a tal o a cual. Esta es una época de ciertos miedos y censuras, de auto inquisiciones agobiantes.  

Usted lo tendría crudo con Trump si gobernara aquí. Los cómicos no lo están pasando bien con él.

Al principio podría hacernos cierta gracia, pero es un payaso que se está volviendo trágico. Está teniendo mucho que ver con la muerte de mucha gente y por ello no canto ya !Que viene Trump! Ojalá desaparezca pronto este personaje, que lo destituyan porque es un peligro. Es un payaso terrible que está creando problemas a los cómicos de su país. 

¿La ironía, el sarcasmo y el humor son más necesarios que nunca?

Siempre han sido importantes. En teatro y cine, cuando interpretaba a Aristófanes, él ya se reía de sí mismo y los demás hace siglos. No hay que perder el sentido del humor, hay que mirarse en el espejo y ver lo tontos y ridículos que somos a veces. En la interpretación y el espejo del escenario se ven todos nuestros defectos y fallos. A quien pierde el sentido del humor le falta un tornillo. 

¿Qué veremos en sus shows vascos?

Ahora repasamos nuestra vida y la carretera en dos horas e incluiremos, mirando al futuro, alguna canción sobre la paz, ya que cada vez hay más guerras. Sonará el Imagine de Lennon, claro, y la versión que hizo de Stand by Me. Son clásicos. 

No habrá sido fácil elegir las canciones.

No creas, todos quieren escuchar Viaje con nosotros, Garras humanas, Corazón de neónLola Lola, Caperucita feroz, Ponte la peluca... Ahora voy con una gran banda y en el concierto de Donostia le rendiremos un homenaje a Popotxo con la presencia de antiguos miembros como Lanzagorta o Jaime Stinus, entre otros. 

Sus temas han sido banda sonora de al menos dos generaciones. ¿Cree que la juventud las conoce?

Las redes sociales están haciendo esa labor ante el cambio del sistema de promoción tras la entrada en declive de las discográficas. Tenemos letras de Haro Ibars, Sabina, Luis Alberto de Cuenca, Manolo Tena, Moncho Alpuente... Deben ser escuchadas y conocidas porque hablan de cosas que han preocupado al ser humano ayer y hoy, y lo harán mañana. No hay que centrarse solo en lo inmediato, hay que abrirse a conocer de todo: jazz, canciones populares, música clásica, la francesa... Yo hasta los 40 años no descubrí a Shostackovich, por ejemplo. La ignorancia es un mal terrible. 

Y no solo en la música.

Claro, lo hago extensible a otras artes, al teatro, a la literatura o al cine. Hay que mirar hacia adelante, pero también a veces atrás para recuperar a los clásicos. 

Tiene una canción titulada 'Pasó cerca la bala'. ¿Muchas en 50 años?

Sí, sí (risas). Pero aquí estamos, camino de los 69 años. Y todavía sueño. A veces son pesadillas, otras bellos sueños. Lo importante es estar en la lucha de esta carretera maravillosa. Cuando me dicen que cuándo me jubilo, les digo que estoy en condiciones de seguir, muy ilusionado y con ganas de reivindicar.