Maribel Quiñones Gutiérrez (Huelva, 1954), conocida artísticamente como Martirio, es sinónimo de fusión y libertad personal y estilística. Actuará este viernes en el Teatro Campos de Bilbao, a las 20.00 horas y con entradas desde 32 euros, en la gira de presentación de su último espectáculo, Al Sur del tango, en el que su pasión por la copla andaluza, el flamenco y el bolero se abre al mundo del tango. “El tango está muy ligado a la copla, que es la mujer; el tango es su marido”, defiende la andaluza, que se acompañará de Marcelo Mercadante (bandoneonista), Jesús Lavilla (pianista) y Olvido Lanza (violinista).
En su última visita nos removió cantándole a Cuba y al pianista y vocalista Bola de Nieve. Ahora busca hacerlo con el tango.
El espectáculo tiene un año pero solo hemos hecho nueve conciertos porque los músicos tenían otros trabajos y lo hemos ido haciendo cuando podíamos. Pero es una ilusión llevarlo a Bilbao porque estoy seguro que va a sorprender y encantar. Es llevar a nuestro compás del Sur algunos tangos, muy escogidos y que puedan entrar con naturalidad por el compás de tres por cuatro de la soleá por bulerías o por bulerías directamente. Las letras son poéticas y maravillosas, igual que los arreglos hechos por tres pedazos de maestros.
Viene en formato de trío.
Sí, con el pianista gaditano Jesús Lavilla, que ha tocado conmigo muchísimas veces y transita por todos los géneros, la violinista catalana Olvido Lanza y el bandeonista Marcelo Mercadante, de Buenos Aires. Me estreno con él y con Olvido. Estoy feliz con este formato innovador porque viste el repertorio con una sensibilidad excepcional. Además, al cantar solo lo que me creo, he elegido las canciones con mucho cuidado. Hablan de amor, desamor, distancia, ausencia…
O sea, las cosas importantes de la vida.
Así es, los sentimientos universales y descarnados del ser humano.
¿Se ha atrevido con clásicos?
Canto Volver, que lo llevo haciendo desde 1998, desde que grabé Flor de piel. Y está también El día que me quieras, llevado a un compás que lo traslada a otro lado y con otra lectura. Y le doy cierta teatralidad a esas letras. Tanto el tango como la copla son géneros que permiten interpretar con una actuación teatral.
Usted tiene mucho de actriz, especialmente en directo.
Sí, por eso disfruto mucho con eso. Y también con la posibilidad de conectar el pasado y el presente, y con la unión de la cultura argentina con la española, que han estado ligadas mucho tiempo. Ellos oían copla y nosotros tango, y nos unía el cine, la literatura, la música, el teatro… Es un placer traer al presente estos tangos, desde Gardel a Astor Piazzola, pasando por los hermanos Expósito, Eladia Vázquez, Discépolo…
Palabras mayores.
Tal cual, es de las cosas más bonitas que he hecho en mi vida. Y también de las más difíciles. Yo intento naturalizar mi cante, que no parezca que imito. En este caso sería apropiación debida, no indebida, porque parte de mi amor, respeto y conocimiento.
Su amor por el tango viene de lejos.
Lo llevo cantando casi 30 años y he participado en festivales de tango en Andalucía y en Argentina. He compartido tangos con Susana Rinaldi, Rodolfo Mederos, Daniel Binelli… En casa se escuchó toda la vida y me gusta decir que es el marido de la copla, ya que es más masculino aunque lo canten también mujeres como Rinaldi o María Graña. Ambos estilos están muy ligados.
Sobre algunas letras machistas del tango…
Si lo son, no las canto. Claro, también era otra época, hay que contextualizarlas en el tiempo; y si buscamos, esas letras las habrá en todos los géneros. Lo que no me parece normal es que hoy se puedan cantar letras machistas; y se cantan. Por eso elijo con mucho cuidado al pensar que un artista es su repertorio. Canto lo que pueda suscribir, para que me crean.
¿Cuál es su primer recuerdo ligado al tango?
Mi madre y mi padre, a quienes les encantaba, sobre todo Gardel. Y a mi madre, Libertad Lamarque, que era también actriz y fue la madre de Joselito (risas). Y también oían a Carlos Acuña. Los escuchaban en la radio, en una Grundig. Tengo esa imagen muy viva, con ellos paladeando las palabras porque les gustaba mucho el teatro y trabajaron en la radio como aficionados. Ese paladeo lo he heredado yo.
A nadie debería extrañar este acercamiento porque siempre ha sido maestra de la fusión: flamenco, pop, bolero, jazz...
Lo llevo haciendo desde que empecé, pero defiendo la fusión si tiene sentido, si de ella sale otro palo, otro género. Eso ocurre si tienes conocimiento, has estudiado y cuentas con amor y has profundizado. No me parece bien si supone añadir una guitarra flamenca a una música que no tiene nada que ver. Eso es más confusión que fusión.
Fusión rima con transgresión, algo muy unido a usted.
Si nos vamos al conservadurismo, por supuesto que las defiendo. En este siglo XXI, la fusión es necesaria, evidente, solidaria e inevitable por la cantidad de información que tenemos.
¿Estamos demasiado domados, deberíamos apostar más por la transgresión?
Domadísimos, demasiado callados y con mucho miedo. Sobre todo por la cantidad de cosas que pasan, estoy aterrorizada. Abogo por la belleza, la cercanía, el cariño y la familia, la tuya o la elegida. Hay que darse cariño y ser conscientes de quiénes somos por dentro. Hay que dejar de lado tanta información que carece de reflexión.
Parece que no aprendemos, también en aspectos como el feminismo. Usted siempre ha sido libre y radicalmente autónoma.
Hace falta mucho tiempo para educar a los niños y jóvenes, y para reeducar a la gente mayor. Hay que echarle tiempo a eso y dejar de estar tres horas seguidas con el móvil. Es uno de los males de nuestro tiempo. Está muy bien utilizarlo, pero también saber mirar a la gente cara a cara y que los niños aprendan a socializar. Si cada uno nos metemos en un mundo somos más dominables.
Presenta un espectáculo que no ha grabado previamente en disco.
Quiero grabarlo en directo, en Buenos Aires si fuera posible. Esa es mi ilusión, poder disfrutar de esa respuesta emocionante del público.
¿Cómo reacciona?
Estoy escuchando muchos gritos que me dan las gracias. ¡Qué cosa más bonita! Además, te aseguro que la gente llora también; y ríe, ya que me gusta provocar esa sonrisa antes de meter todo el drama del tango (risas). Creo que esa es la labor del arte, hacer que la gente se conecte consigo mismo, con su pensamiento y su sentimiento.
Sigue viviendo en Madrid, pero ¿echa de menos Andalucía?
No, porque voy cada dos por tres. Allí están mis amigos y familia, Andalucía es mi signo de identidad. El Sur es como la amplitud del mar.
Me ha sorprendido ver su cara en una cerveza andaluza.
(Risas). Me han puesto en la mano de la gente con los botellines de Cruzcampo. Fue algo hermoso porque la he bebido siempre, en nuestras reuniones en casa o de amigos no faltaba la litrona. No es algo postizo.
La primera vez que la vi en directo, en la discoteca Anaconda de Barakaldo, en los 80, llevaba una peineta de Altos Hornos de Vizcaya.
Y la tengo todavía, recuerdo que hicimos el humo con algodón. Conservo todas mi peinetas para poder hacer una exposición. Estoy terminando el dossier para ponerla en marcha. Será itinerante, para que la gente la pueda ver por todos lados.
¿Cuántas peinetas puede tener?
Yo qué sé chiquillo, será una nave (risas). No he tenido filtro ninguno con ellas, siempre palante. La primera fue de cartón forrada con papel de plata a lo Bauhaus, y surgió con la mujer de Kiko Veneno. Después trabajé mucho, unos 20 años, con el fallecido Andrés Martín, y he usado muchos materiales. Con el tiempo fuimos buscando que pesaran poco, porque en algún momento me llegué a poner en la cabeza una tabla de surf. Era más grande que yo y pesaba… Era horroroso. Pude hacerlo por la fuerza que te da la ilusión; y me sigue gustando, sigo llevándolas, al igual que las gafas. Ahora más discretas, glamurosas y art decó debido a la edad que tengo. No me voy a poner ahora la olla a presión (risas). Ese trabajo artesanal en vestidos, abanicos, peinetas y gafas lo tiene que ver la gente porque es un tesoro.
¿Cómo recuerda su colaboración con Kiko Veneno en los 80? Fue un soplo de aire muy fresco.
¿Verdad que sí? Estoy muy contenta de que por fin se tenga a Kiko como el grandísimo poeta popular que es. A algunos les ha costado, pero hoy es ya un clásico, como dice la última canción que ha hecho. Sus canciones divierten mucho, pero también tienen mucha profundidad.
¿Maribel va por la vida sin gafas?
Claro, a mí no me conoce nadie. A veces, cuando digo que soy Martirio no me creen, te lo prometo. Yo tengo ese personaje, me visto y me pongo para sacar lo mejor de mí, pero soy una persona muy tímida, pegada a la tierra y de andar por casa. Es bonito porque así puedo vivir una vida normal y pudiendo ir a todos los sitios sin guardaespaldas.
Sus gafas son entonces como las de Supermán, se esconde tras ellas.
Sin gafas no me dejan entrar en los sitios, con ellas me ponen la alfombra roja. Imagínate el poder que tiene una cosa tan pequeña.