El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939–2026), una de las voces más reconocibles y personales de la novela latinoamericana contemporánea, falleció este martes a los 85 años. Fue uno de los narradores más singulares de las letras hispanas y una de las figuras más destacadas surgidas tras el boom latinoamericano, el movimiento editorial y literario de las décadas de 1960 y 1970 que internacionalizó las letras del continente con autores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o su compatriota Mario Vargas Llosa.

Retratista de la experiencia latina del exilio, la nostalgia y la identidad, su obra combinó humor, melancolía y una mirada crítica sobre las élites latinoamericanas. Todo ello lo convirtió en uno de los grandes referentes de las letras en español del último medio siglo.

"Su obra, que abarca novela, cuento, ensayo y memorias, dejó una huella significativa en varias generaciones de lectores (...) Expresamos nuestras condolencias a sus familiares, amistades y a la comunidad literaria que hoy despide a uno de los narradores más destacados del país", lamentó la Casa de la Literatura Peruana tras comunicar el fallecimiento de Bryce Echenique.

Por su parte, el también escritor peruano Jorge Eduardo Benavides destacó que "no solo fue un grandísimo escritor, con un estilo absolutamente personal, certero, fino, lleno de deliciosos hallazgos que contribuyeron a edificar un inmenso mundo narrativo; fue también una gran persona y un amigo leal, cariñoso y lleno de detalles y atenciones".

Formación y vida en Europa

Bryce Echenique nació en Lima el 19 de febrero de 1939 en el seno de una familia acomodada vinculada a la política y la banca. El ambiente social en el que creció quedó reflejado en muchas de sus novelas.

Tras estudiar Derecho y Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), se trasladó a Europa. Vivió en París, donde se diplomó en Literatura francesa clásica y contemporánea en La Sorbona. También residió en Italia, Grecia y Alemania. En 1984 se afincó en España, donde permaneció hasta 2010, año en el que regresó a Lima, pasando allí el resto de sus días.

A diferencia de los grandes nombres del boom, la prosa de Bryce Echenique se caracterizó por un estilo más íntimo y confesional. El desarraigo, la nostalgia y las relaciones sentimentales fueron grandes temas de su obra, atravesados siempre por un humor irónico y una profunda melancolía.

Un mundo para Julius y su consolidación literaria

Responsable de una obra no excesivamente prolífica, su carrera arrancó con 'Huerto cerrado' (1968) —Premio Casa de las Américas—, doce relatos que dejan vislumbrar los ejes que sentarán las bases del estilo bryceano, como el sarcasmo, el amor, la amistad o el humor.

'Un mundo para Julius' (1970) fue su primera novela, convertida desde el mismo momento de su publicación en un clásico de la narrativa latinoamericana. La obra cuenta, con fina ironía, ternura y crítica social, la infancia de un niño de la alta sociedad limeña que observa con inocencia las desigualdades que le rodean. La obra obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Perú en 1972.

Fue cincelando su estilo en sus siguientes novelas. 'Tantas veces Pedro' (1977) mostraba ya a un autor plenamente consolidado, que remató con 'La vida exagerada de Martín Romaña' (1981), una de sus obras más representativas. En ella, el autor traza un alter ego literario que recorre el París de los años setenta entre reflexiones existenciales, amores frustrados y episodios de humor absurdo, en una narración que mezcla memoria personal y ficción.

Bryce Echenique consolidó su trayectoria con títulos como 'El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz' (1985), 'No me esperen en abril' (1995), 'La amigdalitis de Tarzán' (1999) o 'El huerto de mi amada' (2002), esta última reconocida con el Premio Planeta. Su última novela fue 'Dándole pena a la tristeza', publicada en 2012.

Además de narrativa, cultivó el ensayo, los artículos y las memorias, destacando el tríptico 'Antimemorias' ('Permiso para vivir', 'Permiso para sentir' y 'Permiso para retirarme'), donde manejó con gran maestría una escritura híbrida entre autobiografía, reflexión y literatura.

A lo largo de su carrera recibió otros reconocimientos como el Premio Nacional de Narrativa del Perú o el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, uno de los galardones más prestigiosos de las letras en español, que consolidaron su posición como uno de los autores más singulares de la narrativa latinoamericana.