Publicaron su debut en 1985, el primero de un total de 33 discos con los que Tennessee han vendido dos millones de copias en una trayectoria que supera ya los 45 años. La gira de celebración del trío, formado por Roberto Gil (batería y voz), Isidro Arenas (guitarra y voz) y Amancio Jiménez (bajo y voz), llega este domingo al Kafe Antzokia de Bilbao, a las 19.00 horas. El bajista del grupo de rock y duduá, que está revisando sus clásicos junto a voces como las de Ramoncín, Javier Gurruchaga y los cantantes de Rebeldes, La Guardia o Danza Invisible, defiende que “los indies somos nosotros ahora”.
Con Elvis Boys empezó todo ¿verdad?
Sí, fue la primera piedra, estábamos en el colegio y teníamos unos 13 años. Empezamos cantando en las fiestas de fin de curso y donde nos dejaban. Al ser menores, para nuestra primera actuación tuvo que firmar la autorización la hermana de Roberto, que ya era mayor de edad. Poco a poco, el proyecto se fue haciendo profesional y ya montamos Tennessee a los 15.
Hasta el nombre surgió de su pasión por Elvis.
De Elvis Boys al Estado en el que nació, la cuna del rock´n´roll, sí. Ambos vienen de nuestra pasión, ya que al principio hacíamos solo versiones de Elvis. Poníamos su música y cantábamos encima, a capela, solo voces. Luego ya fuimos avanzando con el acompañamiento de la guitarra. Fue un nombre adecuado, pero se escribe difícil. Nos han llamado de todo (risas).
Estamos hablando de 1978, en plena época punk.
Siempre nos sentimos diferentes a lo que nos rodeaba. Eran tiempos de mucho punk y heavy, y de la música de baile, pero a nosotros nos gustaban las voces y las armonías vocales, los orígenes del rock, el swing, Frank Sinatra y las bandas de los 40. Y nos sentimos sintiendo diferentes en 2026, a pesar del éxito logrado.
45 años. ¿Cómo analizan esta hazaña?
Es un privilegio poder seguir viviendo de la música y subiéndonos a los escenarios, a la vez que mantener la amistad de la niñez a pesar de las idas y venidas del éxito, los egos… Siempre nos hemos mantenido firmes a nuestros principios y a nuestra amistad. Ese es el secreto. Somos muy de verdad y desprendemos buen rollo y magia. Puede sonar pretencioso, pero es cierto. Disfrutamos de la vida y queremos que el resto lo haga también. No podemos ser más felices que haciendo nuestras canciones. Y si el público responde…
¿Mantienen la misma pasión de los inicios?
Ahora somos más conscientes de todo, de saber disfrutar porque sabemos lo efímero que es esto. Hubo un tiempo que todo fue muy rápido.
A finales de los 80 y primeros 90 tuvieron mucho éxito con discos como ‘Una noche en Malibú’, ‘Llueve en mi corazón’ y ‘Sueños’.
Solíamos hacer unas 150 actuaciones al año, además de la promoción y las grabaciones. No tuvimos tiempo ni de disfrutar, ni de aburrirnos tomando un café en una terraza (risas). Fue una locura.
¿Les pasó factura? ¿Por eso lo dejaron durante seis años?
Sí, pasó factura. Tuvimos siempre los pies en la tierra, pero no parábamos en casa, apenas un día a la semana. Así es difícil llevar una vida familiar normal. Además, hubo un desgaste entre nosotros, personal, además de bodas y divorcios. Ahora, un año bueno son 60 actuaciones, que está bien. Tenemos tiempo para estar con nuestras mujeres, ensayar y escribir con tranquilidad. Ya no vivimos aquella vorágine destructiva que nos llevó a querer estar en todos los sitios.
¿Cómo asimilaron vender tantos discos y luego pasar a épocas menos mediáticas?
Es la línea de la vida, que no puede ser ascendente siempre. ¿Quién vende ahora esos dos millones de discos físicos? Se ha acabado, quizás Bad Bunny y Taylor Swift. Al resto nos oyen en descargas y escuchas en digital. La música, en general, ha perdido valor. Antes un vinilo o Cd era un tesoro que oíamos multitud de veces; hoy, al estar todo a mano, se le da menos importancia y se pasa de una canción a otra. Al éxito que encanta esta semana le sustituye otro la siguiente. Hay gente que solo oye novedades, por ejemplo. Yo tengo discos del inicio de Swift y estoy abierto a escuchar cosas nuevas porque el nivel de los músicos actuales es más alto que en los 80.
Hablemos de su proyecto actual, grabar una canción al mes junto a compañeros como Javier Ojeda y Los Rebeldes.
Surgió en una radio el año pasado, cuando nos dijeron que hacíamos 45 años. Le dimos vueltas y optamos por hacer este disco de colaboraciones con los colegas. Casi el 100% dijeron que sí. Nos sentimos un grupo muy querido, así que hemos ido publicando una canción al mes con gente con la que hemos compartido cientos de escenarios y grabaciones como Ramoncín y los cantantes de La Guardia, Orquesta Mondragón, Seguridad Social, Mojinos Escozíos, Los Rebeldes o Danza Invisible. Incluso nos han dicho que sí otros más jóvenes, como La La Love You o Barry Brava. El disco saldrá en vinilo y Cd el 7 de marzo próximo, y quedan sorpresas por desgranar.
Ha participado gente que poco tienen que ver con el rock, como Tamara, David de María o Vicky Larraz.
A Vicky la conocemos desde que estaba en Olé Olé, hemos coincidido en directo y nos une una gran amistad. En el caso de David de María, le hemos visto crecer y hemos compartido estudios de grabación y hasta cumpleaños, y Tamara, que es una cantante melódica y ha hecho boleros, pensamos que podría cantar muy bien Hoy estoy pensando en ti, una de nuestras primeras baladas; y así ha sido, suena sublime. Siempre tuvimos claro qué tipo de artista podría encajar con las canciones que interpretarían. Y algunos nos han sorprendido, como El Sevilla.
¿Cómo contactaron con The Rubinos, una banda mítica de power pop?
A raíz de una versión que estaban grabando de Mediterráneo, la canción de Rebeldes. Carlos Segarra le dijo a mi compañero Roberto que necesitaba reforzar los coros y grabó más voces. Ahí surgió el nexo. Al saber que estábamos grabando un disco de colaboraciones ellos se apuntaron. Y no solo metieron voz, también guitarras. Al final, grabamos en castellano e inglés aunque se ha publicado el híbrido de ambos, que ha quedado precioso.
¿Qué es lo que más aprecian de un buena canción? ¿Si no hay unas buenas armonías vocales no vale?
Justo eso, tú lo has dicho. Sí, somos muy exigentes. Escuchar un tema con o sin coros, cambia una barbaridad; es otra cosa. Al menos en nuestro tipo de armonías, que están muy presentes, y no digamos si el proyecto es a capela. Las voces son nuestro sello de identidad.
¿Y un buen rock´n´roll, qué tiene que tener?
Una buena base rítmica, en mi opinión. El bajo y la batería son importantes, así como una buen actitud cantada. Y que no se haga de forma impostada o imitando a Elvis; y te lo dice un gran seguidor de él. Sobran gestos como torcer la boca… Debe ser de verdad, honesto y descarado.
El duduá es mágico ¿no cree?
Y parece fácil, ¿a que sí? Y se hace siempre con una sonrisa (risas). Eso es lo que intentamos transmitir siempre en los escenarios, buen rollo con unas canciones que ya no solo nuestras, sino del público porque se asocian a etapas concretas de las vidas, a personas que ya no están…
¿Conocen a los bilbainos Santiago Rodríguez y Runaway Lovers?
Sí, claro. Hay muchos grupos que defienden el rock clásico, como ellos y nosotros. La pena es que no llegan a tener una promoción espectacular. Hacemos la guerra como podemos, pero ahora somos nosotros los indies de la música aunque siempre trabajando con honestidad y cariño.
¿Qué veremos en Bilbao, qué repertorio y en qué formato?
Vamos en quinteto, nosotros tres, un batería y un guitarrista adicional. Haremos todos nuestros éxitos, alguna sorpresa que pida el público y las versiones de Elvis que no pueden faltar. Habrá también alguna improvisación, sin red.
Creo que la gira va muy bien.
Sí, estamos agotando entradas, menos en Bilbao. No sé por qué, puede que debido a que el concierto es el domingo y a las 19.00 horas. Es curioso porque las dos últimas veces que tocamos allí, en el BEC, en Yo fui a EGB, y en la capital, en una carpa para casi 6.000 personas, el público estuvo aplaudiendo muchos minutos y pidiendo ‘beste bat’. Fue mágico. En el segundo concierto no pudo ir Roberto porque le ingresaron en el hospital y la ovación del público fue espectacular. Hubo bailes, risas, palmas y hasta lloros. Fue uno de esos conciertos que no olvidas nunca.