Coincidiendo con la muerte de su teclista y guitarrista Perry Bamonte, se ha editado The Cure. El sueño perfecto, de Ian Gittins, que describe con un análisis pormenorizado y más de 300 fotografías, muchas de ellas poco conocidas, la vida y obra de la banda de Robert Smith, situada en un espacio indeterminado entre las listas de éxito y el fervor de los grupos de culto. Ideal para convencidos, funciona como guía visual y narrativa de un combo que siempre ha navegado entre la pesadilla y la ensoñación, la caricia y la oscuridad, el afterpunk más gótico y psicodélico y los ritmos bailables y los estribillos pop.

El libro, de contenido y estética enciclopédica, es una versión ampliada y documentada de un trabajo previo del autor, que se pasea, alternando datos y declaraciones, por la carrera de The Cure –siempre liderado con mano firme, el pelo cardado y carmín en los morros por Smith–, desde su formación en 1976 hasta su presente, incluido su último trabajo del año pasado. Aprovechamos la excusa del libro para repasar su trayectoria destacando varios de sus trabajos más significativos. En el libro, cada disco aparece contextualizado con listas de lecturas y canciones y grupos que influyeron en su composición.

UN DEBUT DOBLE

Debut del 8 de mayo de 1979, Smith renegó de él y lo calificó de “recopilación”. Heredero del postpunk y todavía con cierta energía del power pop y la new wave, su pop tristón se alimentó de clásicos para fans como 10.15 Saturday Night, Fire in Cairo o el adrenalítico Gindring Halt. Podría enlazarse con “nuestro primer álbum de verdad”, Seventeen Seconds (abril, 1980), marcado ya por un sonido minimalista que fijaba la angustia y la soledad a través de himnos como Play for Today y A Forest.

‘FAITH’

Editado el 14 de abril de 1981, es su primera obra cumbre en atmósfera y producción. “No queda nada excepto la fe”, se oía en él. Temas como el irónico The Holy Hour, Primary, The Funeral Party o The Drowning Man suenan sombríos y sin melodías. A pesar de ello y que su líder lo considerara otro disco fallido, alcanzó el n.º 20 de las listas de éxito británicas. Sus canciones “tenían un efecto depresivo sobre nosotros”, recoge el libro. De hecho, el batería Lol Tolhurst, co-fundador del grupo, se dio a la bebida y el resto… a lo que se ponía por delante.

‘PORNOGRAPHY’

Disco gloriosamente deprimente, nihilista y marcado por el consumo de drogas, se editó el 4 de mayo de 1982. “La verdad es que apenas me acuerdo de su grabación”, reconoce Smith. Temas como One Hundred Years o The Hanging Garden integran un trabajo marcado por la intensidad, con el grupo enclaustrado y durmiendo en el propio estudio, entre pilas de latas de alcohol. Un álbum de guitarras intrincadas, agresivos golpes de bajo, una batería repetitiva y unas letras que anunciaban el descenso a los infiernos desde el verso “¡no importa si todos morimos!”. Se separaron durante la gira después de una pelea a puñetazos.

‘LET´S GO TO BED’

Harto de su imagen depresiva y con el grupo roto, Smith dio un giro de 360º con esta canción, que le abrió el camino hacia el pop y las listas –luego confirmada con éxitos como Close to Me–, siguiendo las tendencias del momento. “No la considero una canción de The Cure”, llegó a declarar el británico, siempre comprometido con su arte mientras engrosó las filas de Siouxie and The Banshees. El vídeo de Tim Pop hizo el resto, así como otras andanadas del pelo de la electrónica The Walk, emparentado con New Order y su primer éxito popular.

‘THE HEAD ON THE DOOR’

Tras su regreso con The Top (1984), disco entre el pop y lo gótico, editaron este álbum en verano de 1985, que se abría con otra gema pop, In Between Days, pero sin renunciar a su vertiente más gótica, como en Kyoto Song o The Blood, entre versos sobre dolor, envejecimiento y muerte aunque adornados por sintetizadores, guitarras envolventes y la magia melódica pop.

‘DESINTEGRATION’

Ya asentados como grupo millonario tras un recopilatorio y el irregular y doble Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me, publicaron este álbum en 1989, una de sus cumbres artísticas gracias a himnos como Plainsong, Fascination Street, Lovesong, Lullaby, Pictures of You... Texturas oníricas, guitarras mágicas, ritmos colosales y majestuosos pringados de desesperación ya adulta y real, y de las primeras pérdidas. Y un final apoteósico con la romántica The Same Deep Water As You y el tema titular. Uno de los grandes discos de finales del siglo XX. Le siguió la expulsión del ebrio Tolhurst y un largo proceso en tribunales.

‘SONGS OF A LOST WORLD’

Tras una larga travesía con curiosidades como Wild Mood Swings y discos menores como Bloodflowers (2000), The Cure (2004) y 4:18 Dream (2008), este fue su gran regreso de 2024, 16 años después. Son 50 minutos de un rock lúgubre, emotivo, melancólico y majestuoso de canciones extensas, alejadas del pop y repletas de dolor, soledad, preguntas, incertidumbre y, sobre todo, de muerte, con los fallecimientos de los padres y el hermano mayor de Smith pesando sobre las atmósferas desasosegantes de sus canciones. Todas ellas sin concesión alguna al pop, a la claridad y a la melodía y el estribillo fácil. Nuevos himnos como Alone, Nothing is Forever, A Fragile Thing… que estamos deseando escuchar en vivo, sobre un escenario.