El 27 de junio de 1960 una niña de 20 meses, Begoña Urroz, murió a consecuencia de las graves quemaduras que le produjo una bomba colocada en uno de los armarios de la consigna de la estación de Amara. Era la hija de un matrimonio residente en Lasarte: Juan Urroz y Jesusa Ibarrola. Aunque durante mucho tiempo este asesinato se atribuyó a ETA, las investigaciones del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo concluyeron que el autor del atentado fue el grupo terrorista Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación, un efímero grupo hispanoluso antifranquista y antisalazarista.

Cuando dos años después nació otra niña, la familia de Begoña Urroz decidió ponerla el mismo nombre. Su vida ha estado marcada por un silencio familiar, anclada en una ausencia de la que nadie podía hablar. Un silencio que la periodista, escritora y documentalista sonora, especializada en asuntos relacionados con la memoria histórica Isabel Cadenas ha dado voz en la serie Se llamaba como yo, la tercera temporada de su podcast De eso no se habla.

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Con la historia de un silencio de una familia que vivió a escondidas el duelo de aquella niña asesinada y también, la del ruido que, cincuenta años después, vino a romperlo, Isabel Cadenas acaba de recibir el premio Ondas en el Teatro del Liceu de Barcelona. La serie, en la que colabora EITB, está disponible en su plataforma de audio GUAU.

¿Cómo surgió ‘Se llamaba como yo’?

Un amigo de Lasarte, el documentalista Xuban Intxausti, me contó que había allí un grupo de convivencia llamado Bizikidetza y que en ese grupo había una mujer que tenía una historia que le recordaba mucho a mí y a mi obsesión con los silencios. Se llama Begoña Urroz, igual que su hermana, que murió en un atentado dos años antes de que ella naciera, víctima de una bomba, en la estación de Amara en Donostia. Me impresionó mucho esa historia, empecé a preguntarme cómo habría vivido con el peso de ese nombre, y cómo habría hecho para reinterpretarlo después. También me contó desde el principio que la familia vivió pensando que a su hermana la había matado ETA y había sido otra banda. Esto puede no parecer importante para algunos, pero para Begoña y su familia sí lo era.

Y decidió ponerse en contacto con ella...

No me puse con contacto con Begoña Urroz directamente. Primero, hablé con su entorno porque quería saber cómo estaba ella, si le apetecía hablar. Contacté con Rosabell, una integrante del grupo de Bizikidetza, ella ya conocía mi podcast De eso no se habla, así que sabía el tipo de acercamiento que iba a hacer a la historia, le mandó a Begoña mi podcast y después nos puso en contacto por teléfono. Tuve mucho apoyo por parte de este grupo. Nos escribimos un par de veces, pero Bego me dijo que no estaba en un buen momento para meterse en algo así y la verdad, yo me di cuenta de que tampoco era mi momento. Un año después, quedamos en Lasarte para tomar un café y seguimos adelante. Hablamos durante varias horas, sin grabadoras ni nada, y Bego decidió que sí, que quería que la entrevistara. Y empezamos a trabajar, eso fue hace 3 años y medio.

Su familia ha llevado su sufrimiento en silencio durante 50 años...

La serie es una historia de silencios, pero no solo de la muerte de la niña, sino también de Begoña. En las entrevistas comenta el silencio que ha habido siempre alrededor de eso y la manera en la que sus padres la educaron siempre en el miedo y en el silencio. No se hablaba de ello. Su padre se murió sin saber nada, sin saber la verdad. Siempre pensó que su hija fue víctima de ETA. Iba a todas las concentraciones de Gesto por la Paz y se quedaba ahí, en un banco sentado y nunca dijo nada.

¿Qué es lo que le ha impactado más de toda la serie?

No sabría decir, hay tantos momentos... He tenido un gran trabajo de investigación de más de tres años. Al principio, era una historia muy pequeñita, muy íntima y muy personal, después se fue volviendo cada vez más compleja, muy global, porque era una historia de un pueblo, de Lasarte, y, al final acabó siendo la de todo un país, de cómo un error se va perpetuando y de cómo se puede crear esa otra narrativa de que a esa niña la mató ETA.

Incluso Rodríguez Zapatero llegó a admitir en su podcast que había sido un error atribuir la autoría a ETA del asesinato.

Llegué a entrevistar a Zapatero. Hubo un momento en que la historia llegó al Congreso de los diputados y tuve que hablar con Zapatero, que entonces era el presidente. Ha sido también muy bonito ver el proceso de Bego, de una persona que está en silencio, a hablar para empezar en la entrega del premio Ondas. Los que habéis escuchado el podcast ya conocéis mi voz, ahora quería que me vierais en persona, aseguró al subirse. En el podcast nunca hemos mostrado su imagen, las fotos son siempre de espaldas. En el séptimo episodio, ella narra en primera persona conmigo, ha sido muy bonito porque cada vez quiere hablar más.

‘Se llamaba como yo’ es la tercera temporada de ‘De eso no se habla’, el podcast, en el que trata historias que se han silenciado con el tiempo .

He tratado temas como los inicios del movimiento memorialista, Las 11 de Basauri –que es mi pueblo–, y fueron precursoras de la ley del aborto, del patronato de protección a la mujer, un mecanismo usado en la dictadura franquista para ejercer un férreo control patriarcal sobre aquellas muchachas que osaran desafiar el modelo de buena mujer... Son las historias que me interesan.