Director de la Elías Querejeta Zine Eskola

Carlos Muguiro: "Veremos películas de alumnos de nuestra escuela en la Sección Oficial del Zinemaldia, seguro"

18.03.2021 | 00:47
Carlos Muguiro, director de la Elías Querejeta Zine Eskola.

Ubicada en Tabakalera, la Elías Querejeta Zine Eskola, dirigida por Carlos Muguiro, ha abierto el proceso de matriculación para su cuarta promoción

La Elías Querejeta Zine Eskola (EQZE), un proyecto impulsado por el Departamento de Cultura de la Diputación de Gipuzkoa, se ubica en la planta baja de Tabakalera. El cineasta navarro Carlos Muguiro dirige este centro singular donde, más que hacer películas, se apuesta por "hacer cine". Abrió sus puertas en 2018 –la tercera promoción se encuentra formándose– y en este tiempo ha consolidado su relación con otras instituciones cinematográficas como el Zinemaldia y la Filmoteca Vasca.

¿Qué diferencia la Elías Querejeta Zine Eskola de otras escuelas?

—Tradicionalmente, desde que se crean las escuelas de cine después de la Revolución Rusa, las escuelas han sido centros de oficios para hacer películas. Este modelo se ha venido repitiendo de tal manera que las escuelas han sido formadoras de oficios. Esta es una escuela de cine más integral, no solo para hacer películas, y parte de la reflexión de cómo debería ser una escuela de cine más un siglo después de la invención del cine.

¿Cómo debe ser?

—La respuesta es triple. El cine es, desde luego, las películas que están por hacerse y, por lo tanto, es muy pertinente un centro que forme en los oficios de hacer películas. Pero el cine también es toda la herencia del pasado. Por lo tanto, también debería atender a la conservación del patrimonio heredado. Finalmente, teniendo en cuenta las formas cambiantes de acceso al cine, otro punto importante es cómo se gestiona el cine en el presente. A esta pregunta, en parte, responde el Zinemaldia. Por lo tanto, una de las características fundamentales es que la EQZE no es solo una escuela para hacer películas, es una escuela de cine integral.

Habla de las tres líneas, de los tres posgrados que ofrece la escuela: Archivo, Comisariado y Creación.

—Siempre hablamos de la escuela de los tres tiempos del cine: del pasado, del presente y del futuro. Esta visión integral, holística, completa, acaba influyendo a la visión que todas las áreas tienen del cine. Otro rasgo característico es las instituciones que conforman el centro y que se produzca una transmisión de conocimiento. Pero también es importante el no saber, es decir, que la EQZE esté vinculada a la investigación. Es una escuela pequeñita, flexible, que tiene la capacidad de ser distinta casi cada año. Entendemos, además, que el aprendizaje se da en confrontación con otros, pero la individualidad también es importante. Por eso tenemos tantas asignaturas optativas, para el diseño individual del itinerario.

Siempre hablan de "hacer cine" por encima de "hacer películas".

—El cine está en muchos sitios. Cuando alguien está trabajando, como nuestros estudiantes, con películas de 1924 que hace 80 años que nadie las ha visto, devolverlas a la pantalla blanca es una manera también de sentirse responsable de esa película. Ese trabajo es igualmente creativo. En ese acto hay un trabajo de hacer cine.

Godard decía que incluso escribir críticas era hacer cine.

—Siempre ha dicho esto. Toda esa generación de cineastas de los 60 empezaron a hacer películas escribiendo sobre ellas. Es así. Hay críticas que mejoran las películas y que son verdaderas piezas literarias.

¿Es un buen momento para estudiar cine?

—Creo que es un buen momento para estudiar. No solo para formarse en cuestiones técnicas, sino para reflexionar sobre qué está pasando.

Tirando de ese hilo, ¿qué está pasando? ¿Cómo ve los cambios que está viviendo el sector?

—Es una pregunta muy compleja. Estamos en un periodo de transición, que no es reciente. Todos los procesos de digitalización llevan ya 20 años. Podemos sentir nostalgia del cine con el que nos hemos formado, en mi caso con el cine clásico, por ejemplo; y de ciertos hábitos de acceso al cine. Pero cuando uno repasa la historia del cine y ve los caminos secundarios, se da cuenta que, en esencia, el cine es un arte mutante. Seguramente estemos en un momento de transformación.

¿Le preocupa alguna arista de esa transformación?

—Uno de los aspectos más difíciles tiene que ver con la exhibición. Es uno de los grandes temas, probablemente ayudado por la pandemia, que está sufriendo una transformación. Ahí no sé hacia dónde vamos.

La EQZE se encuentra formando a su tercera promoción. ¿Cómo ha evolucionado la escuela?

—Considero que la valoración corresponde a otras personas, empezando por las propias que participan en la concepción de la EQZE; obviamente, de la Diputación que toma la iniciativa; a los medios y a los estudiantes. Cuando miro para atrás y miro en julio de 2017, en el centro no había paredes, equipos, profesorado, estudiantes, programa de estudios... Lo que había era un entusiasmo enorme de las instituciones. Tres años después tenemos tres másteres reconocidos por la UPV/EHU, estudiantes de 25 países distintos, un engarce con la producción y con el cine vasco, películas que están en festivales... El trabajo que se ha hecho ha sido importante. Por otro lado, en una institución como la nuestra que trabaja sembrando para el futuro, tres años es muy poco tiempo. La capacidad de crecimiento de la escuela es muy grande.

Se cumple un año del inicio del confinamiento. ¿Cómo se adaptaron?

—Con mucho trabajo. La pandemia ha afectado ya a dos cursos y afectará a un tercero. Cerramos el 13 de marzo de 2020, pero para el 16 de ese mes ya habíamos adaptado a la no presencialidad las asignaturas. Durante el tiempo en el que no estuvimos en la escuela el 90% de las asignaturas tuvieron lugar. Solo tres no se pudieron celebrar on line. En agosto convocamos cuatro asignaturas más. La paradoja es que el año pasado se impartieron más horas presenciales que las previstas.

¿Y de cara a este año?

—Es distinto. Los estudiantes ya sabían a dónde venían y la escuela también ha adaptado el plan docente. Quizá sea más monótono, todo está demasiado previsto y ordenado. En todo caso, la dificultad no está en cómo adaptar el plan docente o el espacio. La dificultad es cómo incorporar lo que está sucediendo a una escuela de cineastas. Si esta reflexión no ocurre en una escuela de cine, ¿dónde va a ocurrir? Cualquier cineasta debe estar mirando al mundo constantemente.

¿Cuántas candidaturas reciben?

—El año pasado recibimos 183 para 45 plazas en total, 15 estudiantes por especialidad. Es verdad que hay especialidades con más demanda que otras. Creación es la más demandada. Intentamos que la selección sea equilibrada entre las tres áreas.

Han pasado alumnos de 25 países por la escuela, ¿cuántas candidaturas reciben de Euskadi?

—Este año hay siete estudiantes de Hegoalde. Nos gustaría que hubiese más y creo que irá ocurriendo.

¿Qué buscan los alumnos cuando se matriculan en la Elías Querejeta?

—Cosas muy distintas. Ofrecemos posgrados. En el caso de los creadores, seguramente busquen un espacio de seguridad para encontrar una voz personal, pero en otras áreas te puedes encontrar a alumnos con un propósito más profesional. Es decir, formarse en una serie de técnicas y oficios a los que no tiene acceso habitualmente. O entrar en contacto con un mundo profesional que es muy hermético. Puedes pensar la plataforma que supone el Zinemaldia. Gracias al festival, por ejemplo, el director de Cannes, Thierry Frémaux, viene regularmente a nuestra escuela.

Los informes de género sobre el sector revelan que las mujeres acceden en igual número a las escuelas de cine, pero después de rodar su primera o segunda cinta, desaparecen. ¿Cómo vive este fenómeno?

—En nuestro caso la presencia de estudiantes mujeres siempre ha sido mucho más elevada. Son casi dos tercios. La cuestión es qué pasa después. No solo en la creación, sino en otros ámbitos. Imagino la escuela en un futuro como un centro de acompañamiento, sino durante toda su vida profesional. Uno de los problemas es cuan difícil es hacer sostenible el oficio de cineasta. Es relativamente fácil hacer una película, pero es muy difícil seguir haciéndolas. En este sentido, hay que seguir trabajando en cómo facilitar que las cineastas mujeres vayan ocupando lugares de responsabilidad y no solo oficios o funciones más tradicionales. Es un trabajo que hay que hacer desde todos los ámbito pero, sobre todo, desde los lugares de pensamiento.

Me imagino que habrá no pocos alumnos a los que les gustaría colaborar o exhibir sus cintas en el Zinemaldia, como fue el caso de Marina Palacios en la última edición.

—¡Imagínate! ¡No hay cosa comparable a esa! El Zinemaldia está atento a lo que pueda ocurrir. Sucedió con la primera promoción y Marina Palacio, que fue seleccionada para Zabaltegi-Tabakalera, y seguramente ocurrirá más adelante también. Veremos películas en la Sección Oficial, seguro que va a ocurrir. Por la estructura de nuestros estudios, de una duración de un año y cuatro meses, buena parte de los proyectos que se gestan aquí se concluyen fuera.

¿Hay alguna rodándose?

—Que yo sepa, ahora mismo, hay tres largometrajes rodándose. Uno de ellos ha recibido una ayuda importante de Venecia y sabemos que se estrenará allí. Esta es la cuestión, no aspiramos a que los alumnos acaben sus películas aquí; pero seguimos acompañándolas hasta que acaban en la medida de nuestras posibilidades.

Elías Querejeta Zine Eskola pivota mucho en torno al Zinemaldia.

—A veces olvidamos que el propio festival tiene una capacidad pedagógica enorme. He aprendido a amar el cine a través del Zinemaldia. Al participar en la escuela, el festival continúa con esa labor pedagógica, pero a lo largo de todo el año. Y, como otras instituciones de Tabakalera, es un motor esencial por el apoyo, por la capacidad de autocrítica, de generar contenido y de entender también que el festival tiene que extenderse a todo el año, y que en la línea que ha tenido de apoyo al talento joven desde los 60, que es cuando por primera vez convoca a los estudiantes de cine. Vienen Basilio Martín Patino o Víctor Erice.

¿La escuela de cine cumpliría los mismos objetivos fuera del ecosistema de este entorno en el que se relaciona con instituciones como el Zinemaldia o la Filmoteca Vasca?

—Creo que no. La escuela tiene su sentido en esta casa. Es muy fácil explicar la EQZE en esta casa y sería muy difícil hacerlo fuera. De la misma manera que la escuela recibe el impulso de todas esas instituciones, la escuela lo que aporta de vuelta es una especie de velocidad distinta. Casi todas las instituciones están pendientes del programa público, del próximo Zinemaldia... pero la escuela como centro universitario no tiene prisa, aporta una dimensión de reflexión y de pensamiento crítico.

Proyectos como 'Zinemaldia 70: todas las historias posibles' permite a la Zine Eskola ganar visibilidad sobre resultados tangibles.

—Uno de los deseos del proyecto es que la escuela no sea endogámica, que devuelva a la sociedad conocimiento. Esto se hace a través de estos proyectos que tienen una visibilidad y que permitirán que cuando el año que viene cumpla su 70 aniversario ponga a disposición del ciudadano los materiales del archivo del Zinemaldia para poder hacer una lectura de los últimos 70 años.

"Si una reflexión sobre la pandemia no ocurre en una escuela de cine, ¿dónde va a ocurrir? El cineasta debE estar mirando al mundo"

"Al participar en la escuela, el Zinemaldia continúa con esa labor pedagógica, pero a lo largo de todo el año, no solo en septiembre"

"Uno de los proyectos que ha pasado por nuestra escuela ha recibido una ayuda del Festival de Venecia y se estrenará allí"

"Es muy fácil explicar la Elías Querejeta en Tabakalera y sería muy difícil hacerlo fuera; la escuela tiene sentido en esta casa"


noticias de deia