Más bailes que mascarillas en el concierto de Belako en el autocine de Getxo

Belako concluyó su minigira 'Autotour' en el autocine de Getxo ante unas 700 personas entregadas

28.06.2020 | 00:24
El cuarteto vizcaino Belako llenó el autocine de Getxo en un concierto inédito

Belako superó con nota su regreso al directo con público en la nueva normalidad. Unas 700 personas, la mayoría jóvenes, agotaron las entradas en el autocine de Getxo en la última parada de su road-movie tras visitar Madrid y Denia. Emocionado, crudo y entregado, el cuarteto vizcaino repasó sus clásicos, avanzó su futuro disco e hizo cantar y bailar a los fans repartidos sentados en una terraza y en sus vehículos. Con más bailes que mascarillas, eso sí.

La nueva normalidad es una putada pero, dada la coyuntura, es mejor que nada. Anoche lo demostró Belako en su regreso al directo con público. Los vizcainos, que se han visto obligados a supender medio centenar de conciertos, varios de ellos en Estados Unidos y Europa, se han liado la manta a la cabeza y, valientes e innovadores, se han sacado de la manga una minigira de conciertos en autocines para recuperar el pulso y volver a retroalimentarse con la pasión de sus cada vez más numerosos seguidores.

Concierto de Belako en el autocine de Getxo. Jose Mari Martínez

Bien es verdad que queda poco de la ingenuidad y mística que rodea a la imaginería de los autocines en estos tiempos de pandemia. Los protagonistas de American Graffiti o Grease habrían torcido el morro anoche. Frente al escenario, la propia autocaravana que ha servido al grupo de medio de transporte, camerinos y hotel en los últimos días, se repartía el público, 700 afortunados que agotaron las entradas en únicamente en un día. Delante, una zona de terraza con sillas y mesas para quienes acudieron andando o en bicicleta; y detrás, un centenar de coches, con hasta cuatro personas por vehículo y separados por unos tres metros unos de otros.

Con un ligero retraso, el sonido enmarañado de Munster, luego calmado y minimal, dio inicio a la extraña liturgia, que siguió con otra concesión al exitoso pasado reciente de Belako con Lungs, una crónica de los peligros del hedonismo descontrolado que sirvió de metáfora del momento actual cuando Cris Lizarraga cantó: "Solía gustarme rodearme de gente para hablar, fumar y emborracharme". Pues ahora, a metro y medio mínimo... y con mascarilla. Al menos, en la teoría.

También de su tercer disco sonó seguida Manskenfreiket, propulsado por la imparable sección rítmica formada por el batería Lander Zalakain y la bajista Lore Billelabeitia. Los sintetizadores coronaron la gótica Mum y Josus Billelabeitia lideró con sus guitarras enmarañadas Render me numb con un final de psicodelia ruidista que animó el falso picnic y lo acercó a la energía de los conciertos prepandemia.

Apoyado en un sonido cristalino y potente, sobre todo en la zona delantera y más justo en la zona de coches, el grupo, cuya música se vio reforzada por las imágenes del concierto y algunos videos que emitió la pantalla del autocine, centró la parte central de su concierto en el adelanto de su próximo disco, Plastic drama, retrasado hasta finales de agosto. Y se zambulló en él a saco tras recordar el after punk de Joy Division en False step y llenar la noche ya cerrada con la cobertura electrónica de Nice church, su letanía contra las sectas y la religión.

estrenos exitosos DE BELAKO

Belako repasó casi íntegro Plastic drama. De las inéditas Siréne –nos pareció, parte de su letra en francés– y AKLR, que presentó como Akelarre, a las ya adelantadas y conocidas. Sonó bella y serena Marinela2017, como el vals de Truce, y rugosa Profile anxiety, su crítica a la falsedad de las redes sociales. De ellas, las más coreadas fueron la punkie pero melódica Tie me up y The craft, con su guiño al pop gótico de los 90.

Todas se siguieron en el exterior de los coches, con la gente subida a los capós y a los techos, entre incesantes bailes. Ya con la peña desbocada y abandonadas las sillas, sonó su primer éxito, Sea of confusion, cumbre after punk de su debut. El buen rollo y la satisfación acompañaron a la postrera Over de edge, energía punk contra la violencia de género. "She can't barely breathe?", cantó Cris, desatada ya al final y cercana al grito. El grupo sí respiró, aliviado por el resultado del "experimento"; y su público, también. Respiró, cantó y bailó... aunque poco protegido por mascarillas.