Gabriel Erkoreka: “Desde el principio,he querido crear mi propia música”
Gabriel Erkoreka (Bilbao, 1969) es uno de los compositores más activos del panorama musical actual. Ahora es noticia por partida doble: acaba de publicar ‘Kaiolan’ y ‘Trío de agua’
bilbao - Desde que terminó sus estudios de posgrado en composición en la Royal Academy of Music de Londres, Gabriel Erkoreka no ha parado de crear, tarea que compagina también con su profesión de docente en Musikene y con la de coordinador del Ciclo de Música Contemporánea que la Fundación BBVA organiza en Bilbao. Sus obras han sido interpretadas en la Biennale de Venecia, en la Musikverein de Viena, en el Wigmore Hall de Londres, en el Toru Takemitsu Festival en Tokyo, en el Festival de Nuevas Músicas de Sydney o en el Festival Time of Music de Finlandia.
¿Puede hablarnos de su última producción, ‘Kaiolan’?
-Kaiolan es el título de la primera de las siete obras de cámara contenidas en un CD monográfico que acaba de salir a la luz, editado por la Fundación BBVA y el sello discográfico Verso, y que fue grabado en Friburgo por el Ensemble Recherche, en marzo del año pasado. Son siete obras que podrían verse como un retrato, ya que abarcan un periodo bastante amplio que va desde Krater para conjunto de cámara, que compuse en 1994, hasta Pyrite para vibráfono, que acabé en 2011.
Los títulos de sus obras suelen ser muy descriptivos. ¿Por qué precisamente ‘Kaiolan’?
-Kaiolan (En la Jaula, en euskera) es una reflexión sobre la obra de la escultora Louise Bourgeois, y especialmente de sus Cells, término que podría traducirse por celdas o jaulas. En mi composición he procurado explorar la idea de límite, aplicada a diferentes elementos musicales, como son el timbre o la dinámica. En el caso de Kaiolan, el título no es solamente una referencia a una angustiosa limitación del espacio, ya que en mi obra lo que trato es de imaginar diferentes maneras de ser libre en un espacio confinado.
¿Cree que hay que dar pistas a los oyentes?
-Por lo general, sí intento que los títulos de mis obras den algún tipo de pauta. Partiendo de la base de que la música está sujeta a múltiples interpretaciones, me gusta ofrecer al oyente un punto de conexión, es decir, una posible interpretación de esa obra. Casi siempre, el título elegido me sirve de detonante a la hora de iniciar una composición, pero luego, al escucharse la obra, eso es solo una lectura de las tantas que se pueden dar. Tampoco hay que explicar demasiado, porque creo que la música no debe desvelarse a sí misma, y no debe perder nunca la capacidad de sorprender. Este es un aspecto que considero fundamental a la hora de escribir.
En los últimos meses, también ha publicado otro CD, ‘Trío de agua’.
-Justo antes que Kaiolan, ha salido otro trabajo discográfico, gracias a una ayuda del Departamento de Cultura del Gobierno vasco, llamado Trío del Agua, que fue grabado por unos intérpretes magníficos, el Trío Arbós y el clarinetista José Luis Estellés. Es un disco en el que aparecen seis de mis composiciones para solo, dúo o trío, y en el que se incluyen obras como Aldakiak para trío, o Dos Zor-tzikos y Mundaka para piano solo.
Y eso a pesar de la crisis que afecta al mundo cultural.
-En realidad, este proyecto venía demorándose desde hace algunos años y la casualidad ha querido que los dos salieran prácticamente juntos. Pero es cierto que la crisis económica está afectando al mundo de la cultura y ha dado al traste con varios proyectos relacionados con la interpretación y creación musical en toda Europa. Creo que es fundamental, aun en tiempos difíciles, que las instituciones sientan la necesidad de hacer visible un patrimonio tan valioso como es el de la música de creación actual.
Gabriel Erkoreka empezó tocando el piano muy joven, pero, ¿cuándo comenzó a crear?
-En realidad, desde que me acerqué a la música he querido ser compositor. Empecé tocando el piano y enseguida comencé a improvisar de manera natural. De hecho, me pasaba horas y horas improvisando. Era como una tendencia a crear mi propia música, y de esta forma empecé a estudiar composición, primero en el conservatorio de Bilbao, donde estudié con Juan Cordero, y más tarde con Carmelo Bernaola, en Gasteiz.
¿Qué supuso Carmelo Bernaola en su formación? ¿Y Finnissy, su maestro de composición en la Royal Academy of Music de Londres?
-El encuentro con Carmelo Bernaola fue esencial en mi carrera. Tenía mucho carisma y transmitía un gran entusiasmo. Creo que sobre todo me inculcó la capacidad de autocrítica para poder avanzar. Al margen de todo el aprendizaje técnico, también me dio mucha confianza antes de salir al extranjero, y me animó muchísimo. Después aterricé en Londres, y lo primero que aprendí de Michael Finnissy fue que necesitaba plasmar mis ideas en el papel con una mayor precisión. Me impresionó mucho su sabiduría enciclopédica, combinada con un gran sentido del humor. Pero si tengo que quedarme con lo esencial de su enseñanza, sin duda diría que la actitud de compromiso con el arte.
¿Como compositor, qué le inspira a Gabriel Erkoreka?
-Muchas cosas. Pero más que de inspiración, yo prefiero hablar de intereses o motivaciones a la hora de escribir música. Eso sí, es fundamental que la inspiración esté presente la mayor parte del tiempo que estemos inmersos en nuestro trabajo.
¿Y puede hablarnos de esas motivaciones? ¿Se sirve de algunas influencias musicales?
-A grandes rasgos podría mencionar la naturaleza o, mejor dicho, el interés por preservarla, que aparece en obras como Nubes, Océano o Izaro. También el folklore vasco y la música tradicional de diversa procedencia, que he utilizado en varias ocasiones como pretexto para la experimentación con el concepto de sonoridad de un lugar. Y, finalmente, otra constante ha sido mi interés por el funcionamiento de la mente humana, algo que empecé a plasmar de forma explícita a partir de mi obra Trance para ensemble. A esta obra le siguieron otras como Ertzak (Aristas), o Ekaitza para violonchelo y orquesta, que estrenó mi amigo Asier Polo con la OSE, y en la que exploro estados tormentosos de la mente.
¿Cuál diría que es el principal rasgo de su carácter musical?
-¡El dramatismo! Es difícil contestar,? pero creo que tengo una tendencia natural hacia los extremos, algo que procuro plasmar en mis obras buscando una música tensa, que aspira a mantener la atención del oyente.
Ahora, es usted el que imparte clases en Musikene. ¿Cuál es la función de un profesor en la composición? ¿Qué le enseña a sus alumnos y alumnas?
-Dar clases es muy enriquecedor para un compositor. Te permite estar en contacto con las generaciones más jóvenes, lo cual te exige una renovación constante, pero a la vez es un ejercicio esencial, al tener que verbalizar tus ideas de forma clara. Partiendo de una observación atenta a las inquietudes musicales de cada alumno, procuro orientarle acentuando sus diferencias y afianzándole en su dirección particular. De las aulas de Musikene han salido compositores muy distintos desde el punto de vista estético. Creo que es fundamental no aniquilar la personalidad del alumno, y, en este sentido, me alegra constatar lo poco que se parecen entre ellos.
¿Cómo valora el Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea que usted coordina en la Fundación BBVA? ¿Está ayudando a la hora de acercar la música al público?
-La labor de coordinador me ha enseñado muchas cosas acerca de cómo funciona la gestión, pero también tiene mucho de creativa. De hecho, procuro armar cada temporada como si se tratara de una sola obra, en la que hay fuertes contrastes para que no decaiga la atención, y que a su vez sigue un hilo conductor determinado. El Ciclo de la Fundación BBVA en Bilbao, que está ya en su quinta edición, ha conseguido en poco tiempo una gran fidelización del público, y la sala de San Nicolás se llena en cada concierto. Sinceramente, creo que si se hace una programación de calidad con intérpretes de excelencia y con música en la que ellos creen firmemente, ese entusiasmo acaba por transmitirse. Esto viene a confirmar algo que algunos ya sospechábamos: que el público sí está interesado en la música contemporánea.
Acaba de ser nombrado presidente de Musikagileak (Asociación Vasco-Navarra de Compositores) ¿Cuales son los retos a los que se enfrenta la asociación?
-Musikagileak lleva ya unos cuantos años funcionando estupendamente. Uno de los objetivos fundamentales es la promoción y difusión de las obras de los socios a través de múltiples actividades, como el circuito de conciertos Musikagileak en Donostia, y también gracias a convenios que se han establecido con la Orquesta Sinfónica de Bilbao y con la Orquesta Sinfónica de Euskadi. También se organizan regularmente conferencias y cursos de formación en ERESBIL, avalados por la Fundación SGAE. Sobre todo estamos ilusionados con que, mediante nuestra reciente incorporación a EHMBE (Euskal Herriko Musika Bulegoa), se pueda proyectar hacia el exterior una mayor sensibilización con la cultura de creación.
¿Qué puede adelantar de sus próximos proyectos compositivos?
-En breve saldrá una grabación de mi concierto de acordeón, Akorda, realizada por el gran acordeonista Iñaki Alberdi, junto a la ONE, y dirigidos por Nacho de Paz. En cuanto a la composición, acabo de finalizar una obra para violín solo, vinculada a un proyecto en torno a la primera partita de Bach, que se estrenará en Estados Unidos. En estos momentos estoy escribiendo una obra para la Orquesta de Cadaqués, que se estrenará en Barcelona en noviembre. Después, comenzaré con una obra-encargo para la Orquesta Nacional de España: se trata de un concierto para percusión y orquesta que contará con la participación del trío Kalakan, que entre otros instrumentos harán sonar la txalaparta en el Auditorio Nacional.
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