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"Las imágenes son engañosas, hay que desconfiar de ellas"

El cineasta Javier Rebollo convierte en 'mito' a José Sacristán en 'El muerto y ser feliz'

"Las imágenes son engañosas, hay que desconfiar de ellas"EFE

Donostia. Dice Javier Rebollo (Madrid, 1969) que "uno hace películas para que le sucedan cosas". En el caso de su último largometraje, El muerto y ser feliz, para conocer a José Sacristán y a varias mujeres, y para rodar un filme a lo largo de 6.000 kilómetros en Argentina. Muy vinculado profesionalmente al país latinoamericano, el actor madrileño interpreta a Santos, un asesino a sueldo español afincado desde hace tiempo en Buenos Aires. Sabe que pronto morirá de cáncer y huye del hospital en un viaje a ninguna parte. En esta peculiar road movie, el director no ha querido "trabajar la muerte desde la solemnidad", sino "con humor y ternura". "Es una obscenidad y mucho trabajo interpretar a un moribundocomo Bardem, que suda, adelgaza y parece estar muriéndose", apuntó Rebollo. "A nosotros nos bastó con ponerle una tirita en la frente".

VOZ EN OFF El elemento que marca realmente la película es la voz en off que la guía de principio a fin. Unas veces subraya innecesariamente las cosas que el espectador ve en la pantalla y otras alude a situaciones distintas a las que ve el ojo. A juicio del realizador, "es una voz cinematográfica" que hace que se abran "todas las posibilidades en la película". "Queríamos crear una sospecha de lo real, decirle al espectador, ojo, no se fíe de todo lo que está viendo. Las imágenes son engañosas, hay que desconfiar de ellas", opinó en su retorno a Donostia.

Luis Miñarro, uno de los productores españoles más osados, reconoció que al principio tuvo dudas sobre la conveniencia de usar una voz en off que tiene un "riesgo" claro: ser el "dispositivo a través del cual el espectador entra o rechaza el proyecto". Al final, decidieron "jugar esa carta" que Rebollo define como la voz de "un falso narrador omnisciente" que "trata de urdir la película mientras la va contando". Cuando la voz dice una cosa y la imagen otra, qué sucede. "¿Es un error? ¿Un gag? ¿Las dos cosas? El filme no es contradictorio, es paradójico. La memoria nos hace confundir. A veces en un mismo plano conviven el presente, el pasado y el futuro. Eso tan interesante es muy cinematográfico y pocos directores lo han hecho antes: lo digo con orgullo vanidoso", señaló.

No obstante, el autor de Lo que sé de Lola y La mujer sin piano admitió que el recurso de la voz pueda chocar al inicio aunque luego "te arrastra y te hipnotiza". Finalmente, bromeó con la idea de que en realidad era el audiocomentario del futuro DVD de la película, que se había colado por error en la proyección de la mañana: "Si van al pase de la noche, la verán sin voz".