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NUNCA un cuadro ha sido tan codiciado, ni tan analizado, ni tan customizado... La Gioconda, el óleo más famoso del mundo, ha protagonizado miles de páginas, pero fue hace un siglo cuando dio más que hablar. El retrato más célebre, La Mona Lisa, acaparó el protagonismo en la prensa de la época, merced al robo del que fue objeto en el Museo del Louvre el 21 de agosto de 1911. El primer sospechoso fue el poeta francés, Guillaume Apollinaire, que había declarado querer destruir todas las obras maestras de los museos para dejar espacio a nuevos artistas. Hasta Picasso fue interrogado por la Policía. Ahora, cien años más tarde, Italia vuelve a reclamar el regreso del cuadro, tal y como pretendía el autor del robo.

El lienzo, actualmente mejor protegido por los sistemas más avanzados de seguridad, se escapó de entre las manos del museo del Louvre, que tardó dos días en constatar su desaparición. Realmente fue el pintor Luis Béraud, asiduo visitante, el que se percató de que solo estaba el marco. Un italiano que había trabajado como cristalero en el museo, Vincenzo Peruggia, había sacado el cuadro escondido bajo su abrigo. Un gesto que, según él, había realizado en nombre de su país.

Este suceso contribuyó a que el retrato de Lisa Gherardini, con su emblemático rictus sonriente, se convirtiera en el cuadro más famoso de la historia. El robo fue un trending topic de la época y en la prensa solo le quitaron espacio las noticias sobre la I Guerra Mundial. El hurto cobró la magnitud de un secuestro. Durante la semana de pesquisas en que la pinacoteca permaneció cerrada, el acontecimiento corrió como la pólvora por una ciudad que todavía era la capital cultural del planeta, y que hacía poco había estrenado una maquinaria informativa inédita; casi 40 periódicos que vendían un millón de ejemplares diarios. Una prensa que se cebó con el misterio de la desaparición y la incompetencia del museo y de la Policía.

Gracias a dos inventos recientes, el teléfono y el cable, las palabras París y Mona Lisa formaron parte de los titulares de prensa de medio mundo. Muchos usaron por primera vez el color para imprimir una réplica de La Gioconda. Cuando el Louvre reabrió sus puertas, cientos de personas que nunca habían puesto los pies allí, hicieron cola para ver el hueco dejado por el cuadro. Para resolver el misterio, se activaron todos los operativos de principios de siglo, hasta intervino la agencia de detectives Pikerton, pero se trataba de buscar una aguja en un pajar, un lienzo de 77 x 53 centímetros.

regreso controvertido El cuadro estuvo desaparecido durante dos años y tres meses hasta que el autor del robo, Vincenzo Peruggia, se lo llevó en tren a Florencia para ofrecerlo a un anticuario. Terminó en los carabineros. Peruggia quería devolver el cuadro más famoso de Italia a su patria. Paradójicamente, el aniversario coincide con la petición de Italia de que La Gioconda vuelva a ser expuesta en Florencia. El comité italiano para la valorización de los Bienes Históricos Culturales está recabando firmas -necesita cien mil- para el retorno de la obra maestra de Leonardo Da Vinci a Florencia, donde se exhibió en 1913 por primera vez en la Galería de los Uffizi. Para conmemorar esa fecha, un grupo de investigadores italianos ha presentado un proyecto para conseguir que la obra de Leonardo sea devuelta desde el Museo del Louvre, a la patria del artista florentino. De momento, las firmas se recogen en el centro de la ciudad toscana pero está previsto que la iniciativa se extienda a otras ciudades italianas.

Sin embargo no lo tienen fácil ya que el pasado mes de junio, cuando se lanzó de forma oficial la idea del retorno, el Museo del Louvre hizo saber que el cuadro no se moverá de París por su "extrema fragilidad" ya que el viaje podría causarle "daños irreparables".