Bilbao
Nadie daba un duro por él, pero se dejó guiar por su talento y ahora puede contar de primera mano que Harrison Ford es "impuntual y más tranquilo de lo que aparenta en sus películas" o que James Cameron sometió a "constantes revisiones" a las montañas flotantes de Avatar. Asier Hernáez, un baracaldés que empezó pintando fachadas, ha llegado muy lejos. Tanto que trabaja en San Francisco, en la compañía de efectos especiales Industrial Light & Magic fundada por George Lucas, a quien, por cierto, conoció de un modo inolvidable. "En el departamento de Star Wars nos quedamos sin leche y yo fui a la cocina de Indiana Jones. Como soy muy de Bilbao, se me ocurrió coger cuatro o cinco botellas, ponérmelas en los brazos, y cuando me di la vuelta, George Lucas estaba sentado justo enfrente. Nos quedamos los dos mirándonos, en silencio, y me fui rápidamente. Después, en todas las reuniones que hemos tenido yo creo que nunca se olvidaría de lo de la leche, nunca", relata divertido.
Además de anécdotas que contar a los nietos -sus amigos ya "fardan" de que ha trabajado con Spielberg o sale en los créditos de las películas-, Asier ha acumulado en los últimos años, como artista 3D generalista y digital matte, ocho páginas de currículum, salpicadas de premios. "Ahora mismo hago escenarios, extensiones de sets, que es todo lo que parece que existe y no existe, es croma... Puedo crear una nave espacial encima de Bilbao o un paisaje enorme detrás de la ciudad", pone como ejemplo. De hecho, en la última película de Star Trek realizó "todos los interiores de la Enterprise y de las naves espaciales".
También está especialmente orgulloso de las montañas flotantes de Avatar, en cuya creación puso su granito de arena. "Fue un grupo bastante grande el que trabajó en ellas", reconoce. Aunque el director de la película, James Cameron, controla cada paso -"tú diseñas un estilo de montaña, se lo presentas, lo aprueba y continúas puliéndolo con sus indicaciones"-, si Asier pudiera actuar por libre, tardaría aproximadamente un mes en "hacer una montaña, tal y como están".
Compartir proyecto con Michael Bay, director de Transformers 2, le ha dejado igualmente un buen sabor de boca. "Con él tienes que trabajar poquito a poquito. Como avances algo de manera independiente, aunque sea en la buena dirección, te lo tira atrás. Tienes que ir pasito a pasito, dejándole a él que lleve la dirección", comenta.
"Podemos montar un Pixar" Antes de instalarse en San Francisco hace más de cinco años, Asier trabajó en Los Ángeles, Arizona y Madrid, donde participó en el videojuego Commandos. Durante su periplo, regresó unos meses a Euskadi para intentar montar su propia empresa, pero "no resultó". "Tenía ya 28 personas apalabradas para componer el equipo y un proyecto diseñado, pero la financiación se quedó corta. Un proyecto de éstos son dos o tres años de gastos sin ningún beneficio y eso echó para atrás a todos. Además, los inversores querían adquirir el poder de la empresa y yo, para hacerlo así, no quise".
A pesar de su buen sueldo -"en Estados Unidos un grafista gana casi el triple que aquí, aunque están cerrando muchos estudios por la crisis"-, Asier tiene de nuevo en mente volver. "Quiero volver a mi tierra. Llevo desde el 98 fuera y ya está bien. Una vez que llegas arriba, dices: Ya me he realizado. Me gustaría montar aquí una escuela de 3D con precios módicos para gente que no tenga muchos medios. Yo no tenía dinero y sé lo que es". Tampoco descarta residir en Euskadi y desplazarse "por proyectos puntuales a cualquier país".
Convencido de que "aquí hay un potencial humano enorme", lamenta que se desperdicie. "No dan oportunidades y es una lástima. Podemos montar un Pixar aquí, lo que pasa es que no hay mentalidad de apostar por ello, todos se acojonan, por la pasta", puntualiza. Hecho el diagnóstico, reivindica el "apoyo de los empresarios". "Ahora con la salida del iPad, el iPhone, las consolas o los teléfonos, el tema de los videojuegos o software de desarrollo para estas plataformas es algo que necesita apoyo del gobierno, de las instituciones y de la gente que tiene dinero y quiere invertir. Son buenas apuestas y deberían hacerlas", reitera. Sin ese respaldo de nada sirven, dice, los centros formativos. "Nadie se va a quedar aquí con un sueldo de 100.000 pesetas. Los buenos se irán fuera, a Madrid, Barcelona, Europa y Estados Unidos. Con el centro de la Cámara de Comercio van a crear monstruos que no se van a quedar aquí".