"Pocos de los asistentes a un museo vienen a pensar las obras"
Hanno Mott, hijo de Jacques Lipchitz, es el presidente de la fundación que lleva el nombre de su padre, la cual ha donado la pieza 'Maqueta de trabajo' para Gobierno del pueblo al museo Guggenheim, realizada en 1967 y encargada por la ciudad de Filadelfia para la plaza del pueblo
bilbao. Hijo del lituano Jacques Lipchitz, Hanno Mott se decantó por estudiar derecho, aunque su padre, artista clave en el movimiento cubista y destacado escultor del siglo veinte, le transmitió su gusto y pasión por el arte.
La obra ha quedado recogida en un rincón.
Ha quedado muy bien apartada. Está como en una especie de capilla y me parece perfecto que esté ahí recogida, porque la sala es muy amplia y las obras están muy esparcidas, de modo que se pueden disfrutar de manera individual.
¿Cuál es la diferencia entre las primeras creaciones de Lipchitz y las de los últimos años de su vida?
En la primera etapa sus obras son figurativas, académicas. Después de ello llegó la etapa de investigación. Esos constituyen los años 10 y 20 del cubismo. A partir de los años 30 y 40 empieza a transformar ideas relacionadas con la mitología y la política en aspectos escultóricos. Es decir, al comienzo hay una investigación y, más tarde, la transformación de ideas.
¿Hay una mayor libertad en esa última etapa?
Sí, absolutamente.
¿Considera que la obra tiene un carácter cívico y político?
Quizás esta no, pero hay otras piezas, como las de los años 30 y 40, en las que se manifiesta en contra de los nazis. Esta es una creación más bien de representación de ideas, sobre el gobierno del pueblo más que directamente sobre la política.
¿Qué mensaje transmite la pieza?
Hay una idea clara: que la gente es la base, la clave para tener el gobierno del pueblo. Ese podría ser el mensaje. Esto es diferente a la idea de la Europa monárquica en la que el poder venía de los reyes, es decir, de arriba hacia abajo. Sin embargo, en esta obra el poder viene de abajo y sube a esas figuras que están en lo alto.
¿Es sencillo comunicar a través del arte?
El número de personas que vienen a un museo, comparado con la cantidad de gente que habitan el mundo, es realmente muy pequeño. Entre la gente que mira una obra de arte hay algunos que la observan para disfrutarla y otros para pensarla, y ese número es aún más pequeño.
¿Qué opinión le merece el arte vasco?
Me gusta mucho Chillida y he estado en el museo de Oteiza, pero no conozco demasiado a otros artistas vascos.
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