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"La música de Verdi habla por sí sola"

La hermosa voz de Nancy Fabiola Herrera, también cuando habla, desentraña la magia de Verdi, la fascinación del escenario y su sorprendente vocación. Afable y cariñosa, la mezzosoprano canaria vuelve a los escenarios vascos tras su estreno en la Quincena

"La música de Verdi habla por sí sola"Foto: Ruben Plaza

Donostia. El "Requiem" de Verdi es una pieza complicada para los solistas. ¿Cómo la afronta?

Con el mismo rigor que cualquier partitura de ópera. Verdi exige del cantante una tonalidad muy concreta. Es una pieza sacra pero se acerca más a una ópera, por su dramatismo y belleza. Me llega adentro y la disfruto mucho cuando la interpreto, más aún con la presencia maravillosa del Orfeón. Ya desde los ensayos vimos que es una experiencia bien linda.

Con la Orquesta de Euskadi había coincidido en la Quincena.

Era mi primera vez en el Kursaal. Ahora es la primera que trabajo con su nuevo director, una persona entusiasta, muy buen músico: les auguro un periodo muy bonito.

Suele rebuscar en sus experiencias personales para encarnar los roles operísticos. En el caso del "Requiem" será más complicado...

Te enfrentas a un texto en latín, que no tiene nada que ver con la trama de un libreto de ópera, pero también contiene mucho dramatismo. El Requiem se basa en un hombre que ha nacido en pecado que pide la clemencia de Dios para salvarse, para encontrar la paz. Yo busco conectar con el sentido de la culpabilidad que tenemos todo ser humano. No sólo en sentido religioso; tenemos muy engranado en la piel que somos muy culpables. Cuando te haces adulto, te das cuenta de que somos víctimas de nuestras propias acciones o de las de otras personas, ya sea para bien o para mal. Hace tiempo que no creo en la culpa, no tacho a nadie de culpable; creo en la responsabilidad. Para el Requiem, indago en este sentimiento y en el de redención. Es contar una historia, aunque sea un réquiem. Verdi lo supo plasmar muy bien. En el segundo movimiento, el de la ira de Dios, realmente se siente el Dios justiciero y te sobrecoge. Su música ya habla por sí sola de lo que el texto dice. La responsabilidad del intérprete es enfatizar un poco más la historia.

Entre las sensaciones propias, las de los personajes y las reflexiones que contienen las obras, da la sensación de que los artistas viven más intensamente.

El trabajo te invita a indagar en ti, a meterte en la psicología de tu personaje y eso te hace descubrir que todos lo tenemos todo, en nosotros está el santo y el asesino. Aunque yo no haya matado, puedo llegar a entender por qué alguien lleva a cabo en un momento determinado una acción así. A veces debes indagar en tu parte oscura, la que nadie queremos tocar.

No empezó a estudiar canto hasta el Bachillerato. ¿Fue una vocación tardía?

Y una sorpresa. Empecé a estudiar para guía turística. La música la estudié desde pequeña como un hobby, me metió mi madre en un conservatorio porque ella siempre había querido estudiar música. Yo tenía aptitudes musicales, pero nada que deslumbrara. Canté en dos coros, uno de voces blancas y otro polifónico, me encantaba y me daban algún solo, pero nunca pensé que tuviera un instrumento para la ópera, ni siquiera estaba familiarizada con el género operístico, ni con la zarzuela. Vino todo muy rápido. Llegué a Madrid, intenté entrar en el conservatorio como pianista pero no me cogieron y el director del coro me animó a dar clases de canto. Para mi sorpresa me aceptaron, la profesora vio mi potencial y en seis meses mi vida dio un vuelco. Lo de estar en el escenario es natural; de pequeña, en el colegio, me gustaba imitar a los profesores. Eso jugó a mi favor, no me costaba meterme en la piel de los personajes. En la vida crees que vas a ir por un camino y, de repente, te suceden cosas que te conducen por otro sendero.

Visitó la Quincena con "Carmen", el rol que la ha consagrado.

Fue un amor a primera vista. Se adaptaba a mis condiciones vocales, como Dalila, y, aunque era muy jovencita, sentía que me iba como un guante. En aquella época estrenaron la película de Plácido Domingo y Julia Mignes-Johnson, y me tocó muchísimo. Me dije: Yo tengo que hacer ese personaje. Y también: Sueño con hacerlo con Plácido. Y como todos los sueños, cuando le pones ilusión y los visualizas mucho, se terminan convirtiendo en realidad. Y se hizo, después de muchos años. Es un personaje muy especial, no importa las veces que lo interprete.

Ha citado a Dalila y recuerdo una crítica en la que usted dejaba hipnotizada a su Sansón sobre el escenario. ¿Suele ocurrir? ¿Se "hipnotizan" los unos a los otros?

Las energías que se mueven son fuertes. Y a veces vives tus personajes muchísimo. Cada vez que canto Werther no puedo evitar ponerme a llorar en el tercer y cuarto acto. Cuando sales del escenario, a veces el personaje se va contigo. Cuando hago Carmen me siento de una manera, cuando encarno a una mujer deprimida, me lo intento sacudir pero me influye, y cuando estoy haciendo de hombre es muy curioso: ¡Me cambia la forma de andar! Se quedan residuos del personaje conmigo.