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"Las mujeres europeas han construido su liberación en muchos casos explotando a las mujeres inmigrantes"

Ángeles Caso (Gijón, 1959) ha tomado prestada la vida de sus amigas caboverdianas, entre ellas la de Sâo, que cuidó a su hija de 18 años desde pequeña, para escribir su novela, Contra el viento, con la que se ha alzado con el premio Planeta de esta edición

"Las mujeres europeas han construido su liberación en muchos casos explotando a las mujeres inmigrantes"Foto: efe

barcelona. En un momento de su vida, dejó la práctica periodística para entregarse por entero a la faceta de escritora. Ahora, Ángeles Caso, que sigue colaborando en algunos medios como el Magazine dominical de este periódico, lo tiene muy claro. "Como escritora tengo dos compromisos, uno con la literatura y otro, con la mujer", confiesa. En su nueva novela, la periodista y escritora ha querido dar voz a esas mujeres inmigrantes invisibles, "heroínas del siglo XXI gracias a las cuales las mujeres europeas hemos podido construir nuestra liberación, en muchos casos explotando a otras mujeres".

¿Por qué ha escrito una novela sobre la inmigración?

Escribo sobre el mundo que me rodea y ésta es una realidad que está presente en nuestras vidas. La mayor parte de las mujeres trabajadoras de hoy día, sobre todo las que no tenemos apoyo familiar, hemos podido seguir trabajando y tener una vida normal gracias a que estas mujeres extraordinarias han venido a ayudarnos. Cuidan de nuestros hijos y de nuestros padres, cuando la mayoría de las veces los han tenido que dejar ellas en sus países. Las mujeres europeas estamos muy orgullosas de lo que hemos conseguido, pero no nos paramos a pensar a costa de quién.

Llevaba nueva años sin publicar novela. ¿Le ha costado mucho escribir "Contra el viento"?

La escribí en siete meses, que es un tiempo realmente breve. Llevaba un par de años dándole vueltas en la cabeza, la tenía muy madura, y me pilló en un momento en que estaba inspirada. Hace nueve años que no escribía novela, de repente, fue como un estallido. En ese tiempo he hecho guiones de cine, traducciones, ensayos, cuentos, libros infantiles, pero creía que ya no iba a ser capaz de escribir novela y, de pronto, todo esto estalló en mi cabeza y empezó a fluir.

¿Quién es Sâo, la protagonista de su libro?

Es una amiga, una mujer inmigrante, que como otras muchas, ha tenido que luchar contra el viento de la miseria, del sueño de la educación, de los sueños frustrados, de tener que emigrar de sus países. Sâo ha tenido que apoyarse en otras mujeres después de haber tenido una vida en la que la presencia masculina ha sido muy dañina, con un padre alcohólico y ausente, un patrón que la explotaba y una ex pareja que la maltrata de forma terrible.

Además de la inmigración, ha tratado el tema de los malos tratos. ¿Le ha resultado difícil?

Es muy difícil meterse en la mente de una mujer maltratada, en esa disolución del alma que ocurre desde que empieza el maltrato con desprecios, insultos, golpes en la mesa, y cómo va creciendo poco a poco, y esa mujer va perdiéndose a sí misma en ese proceso. Lo que me gustaría, y no quiero ser pretenciosa, es que las lectoras y los lectores entiendan ese proceso que viven las mujeres maltratadas. Hay mucha gente que cree que aguantan porque quieren. He querido que entiendan a esa mujer que se convierte de golpe en una víctima aterrada por un verdugo que, además, es el hombre al que amaba y que creían que le amaba.

¿Por qué la literatura trata tan poco el tema de la violencia de género?

Porque la mayor parte de los escritores son hombres. A veces, reprocho a muchos lo poco implicados que se sienten en este tema. Yo tampoco soy víctima de malos tratos, pero me preocupo por las mujeres que lo son. Es un tema que, por desgracia, lo he vivido muy de cerca. Me ha tocado acompañar a las cuatro de la madrugada al hospital a una caboverdiana embarazada a la que su pareja le había pegado una paliza porque no quería salir esa noche porque le dolía la cabeza. He acompañado a otra amiga al psiquiatra porque no podía salir de casa por la agorafobia que le había creado su marido… Es un tema que me afecta mucho, que me preocupa.

¿Tiene la sensación de que se hace poco para evitar el maltrato?

En lo que va de año llevamos 47 mujeres asesinadas, y esa es la punta de iceberg. Detrás de este número, hay miles de mujeres a las que su pareja las golpea, amargadas por hombres que consideran que la mujer es un objeto que les pertenece y no les merece ningún respecto. Es una herencia de muchos siglos en una sociedad profundamente patriarcal que ha mantenido bajo el control y dominio absoluto. Queda mucho por hacer, por evolucionar.

Ha confesado en alguna ocasión que le preocupa enormemente la imagen de la mujer que se transmite a través de la televisión.

Salvo excepción de las periodistas auténticas, la imagen que transmite de la mujer es como pedazos de carne, loros, arpías… que responden a los clichés más terribles y dañinos para la condición femenina. Pero no sólo de las mujeres, también de los homosexuales.

Se ha quejado muchas veces de que las mujeres están relegadas a nivel oficial. ¿Es partidaria de la discriminación positiva?

Hay determinados aspectos en los que estoy de acuerdo con la discriminación positiva, por ejemplo, en las listas electorales, en cargos institucionales… Creo que hay una inercia que se mantiene, a veces, voluntaria y conscientemente, a recordar siempre nombres masculinos. Hay que recordar que también existen las mujeres. En el tema de la nueva ley de cine, que prevé más ayudas a las mujeres, no estoy de acuerdo con esta medida porque estamos hablando de creación, que es muy difícil de medir. El talento no se puede medir por géneros. A lo mejor si fuera directora de cine y hubiera sufrido determinados ninguneos por el hecho de ser mujer, lo vería de otra forma.

¿Le molesta que le digan que escribe para mujeres?

Me niego a entrar en el juego de que la mirada femenina es sólo para otras mujeres, yo aspiro a que me lean seres humanos. Los hombres que lean esta novela a lo mejor se les desvela algo del secreto del alma de la mujer.

¿Cree que la literatura tiene género?

Vivimos en una sociedad que ha estado dominada absolutamente por los principios éticos, estéticos de los hombres, en una sociedad absolutamente androcéntrica La cultura ha sido androcéntrica a lo largo de los siglos, ha girado en torno a las voces y miradas masculinas. Hay muchas autoras a las que les molesta que hablemos de literatura femenina, hace años yo también estaba en ese grupo, pero reflexionando bastante he llegado a la conclusión de que no hay que negar que existe una mirada femenina.

¿Pero no cree que la literatura escrita por mujeres se ha minusvalorado?

Es así, a muchos les parece que has hecho una obrita menor, ñoña, cursi, sentimentaloide… Nosotras mismas nos resistimos a aceptar que escribimos con mirada de mujer. Reivindico una literatura femenina pero en el sentido maravilloso de la palabra.

Y como escritora, ¿ha tenido que aguantar muchas críticas por el hecho de ser mujer?

Como todas las escritoras he tenido que aguantar que determinados críticos me traten con un tono despectivo porque somos las cursis, las ñoñas, parece que escribimos en nuestros ratitos libres… Aunque comercialmente las mujeres en este momento tenemos un peso notable, somos varias las que hemos tenido el Planeta, el premio Lara… Pero sí te fijas en el mundo institucional todavía estamos muy ausentes. Sólo hay cuatro mujeres en la Academia de la Lengua Española, de las cuales sólo una es escritora, Ana María Matute. ¿Cuántas han obtenido el premio Cervantes? Dos, María Zambrano y Dulce María Loynaz. Carmen Martín Gaite se murió sin el Cervantes y Ana María Matute tiene 84 años y, ojalá no, pero a lo mejor tampoco se lo dan. Hay muchos escritores que han tenido este premio con muchos menos méritos que ellas.

Volviendo a su libro, ¿la cultura africana está muy presente en la novela?

Fundamentalmente en dos elementos, uno en el elemento mágico, irracional, espiritista que aparece en alguno de los personajes del libro. Y en la presencia de lo corporal, a través de la danza y la música. Cuando Sâo abandona a su pareja y huye a Madrid, al atravesar la frontera, pide a sus amigas que paren el coche y se pone a bailar como una loca maravillosa porque es su manera de expresar la liberación. A través de la música se recupera del dolor y del sufrimiento, Yo no soy una experta en el mundo africano, todavía ninguna de mis amigas caboverdianas han leído la novela, a lo mejor cuando la lean me quieren matar, espero pasar ese examen. (Se ríe).

La historia tiene un final feliz. Y en la realidad, ¿cuál ha sido el destino de Sâo?

Vive en Lisboa con una vida difícil, porque trabaja muchísimo, gana 500 euros al mes, pero bueno, está bien, tiene dos hijos, una bebita de seis meses y un niño de seis años, y una pareja estupenda. Digamos que las cosas le van bien, con las condiciones muy duras, como suelen vivir las inmigrantes.

Una curiosidad, ¿a qué piensa dedicar los 601.000 euros de este premio Planeta?

Voy a compartir parte con mi amigo Sâo, es lo lógico, no es nada meritorio, la historia me la ha regalado ella. Ya se lo he comentado, le va a venir muy bien para los estudios de sus hijos. El 43% lo compartiré con todos, es decir, con Hacienda. Me alegraría más si los futbolistas extranjeros también lo compartieran. Y si estuviera segura de que esos millones van donde tienen que ir, a creación de empleo, hospitales, escuelas, y no a compra de armas o a subvencionar obras absolutamente insostenibles como la gran autopista de altísima tensión que quieren crear entre Asturias y Palencia o a pagar los gastos desaforados de algunos políticos. Y el resto, como todo el mundo, a las hipotecas.