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Baño de euforia de Grégoire

El francés es el mejor de la fuga en la segunda jornada del Tour de Suiza que lidera Pogacar, que se activó al final

Baño de euforia de GrégoireEfe

Tadej Pogacar inició la defensa del liderato en Suiza, obtenido después de descerrajar a bocajarro otra de sus mastodónticas exhibiciones en la jornada inaugural, con el mal cuerpo que le dejó la fea y dura caída de Urska Zigart, su pareja, horas antes, durante la disputa de la versión femenina del Tour de Suiza.

Zigart se estrelló contra el suelo de mala manera después de perder el control de su bicicleta en un badén que sobresalía bajo el triángulo rojo del último kilómetro.

El impacto de la ciclista fue brutal. Quedó inmóvil en sobre el asfalto. Tras se atendida por los médicos de carrera y ser trasladad a un centro sanitario, le diagnosticaron una fractura de mandíbula.

Con esa mala noticia impresa en la mente rodó el genio esloveno, que de tanta renta obtenida, solo con la inercia, mantenía la autoridad.

Al finalizar la etapa, Pogacar, con la mirada perdida, ajeno a la competición, contactó con su novia a través del teléfono mediante una llamada. Eso le tranquilizó.

Victoria desde la fuga

Todo sucedió después del festejo de Romain Grégoire, el mejor de la fuga, donde se reunieron 14 dorsales. No había ningún peligro para el esloveno.

Su malestar era otro, distinto, difícil de combatir en Locarno, punto de inicio y final del segundo acto de la carrera helvética.

Tour de Suiza


Segunda etapa

1. Romain Grégoire (Groupama) 3h26:25

2. Marcel Camprubrí (Q 36.5) m.t.

3. Bart Lemmen (Visma) mt.


General

1. Tadej Pogacar (UAE) 6h55:06

2. Richard Carapaz (Edu. First) a 2:50 

3. Andrea Bagioli (Lidl) a 3:07

Las ascensiones a Fanghi, 3,5 km al 7%, y el muro de Via Consiglio Mezzano, 1,4 km al 8,9%, en el tramo definitivo marcaban la jornada, que perecía a orillas del lago Maggiore, un paraíso natural entre los Alpes y el Mediterráneo.

La calma del lago pleiteaba con el oleaje que provenía de esos dos pináculos. La escapada perdió lustre ante la lija del UAE, que descontó 45 segundos antes de que el puerto languideciera del todo. El amarillo del esloveno resplandecía al sol. Su color.

Eulálio, que fue líder del Giro durante un buen puñado de días, instigó a los hombres libres con un acelerón que provocó un quebranto. El grupo se redujo a cinco, pero la ambición desmesurada de Pogacar les sentía cerca.

Pogacar, durante la etapa.

Movimiento de Pogacar

En el descenso de Fanghi, al esloveno, le picaban las piernas. Quería la gloria. Narváez, que fue su lanzador en la Cipressa en la Milán-San Remo de 2025 y ejerció el mismo papel en las faldas de Hautacam, alimentó al esloveno en las rampas de Via Consiglio Mezzano.

Pogacar mostró ciertas dudas en un instante. Probablemente poseía el fulgor y las piernas, pero algo le sostuvo el impulso. Retención de potencia. En ese escenario, Vacek se fue junto al esloveno.

Ambos recogieron a Eulálio, desprendido de Grégoire, Verstrynge, Zana, Pickering, Lemmen y Camprubí, que pusieron el foco en Locarno. Se produjo una persecución nutrida por la emoción.

Pogacar no pudo enlazar con la escapada, en la que sobresalió el esprint del francés, muy superior. A un palmo del Lago Maggiore, Grégoire se baña en la euforia.