El Mont Ventoux más pelado
LOS FUERTES VIENTOS OBLIGAN A ANULAR LOS ÚLTIMOS SEIS KILÓMETROS DE LA ASCENSIÓN AL Gigante de la Provenza
QUE en el Mont Ventoux sople el viento es tan habitual como el sol en el desierto. Pero cuando las corrientes de aire circulan a más de 100 kilómetros por hora, el viento ya no es viento. Es un vendaval. Y más en la subida al Gigante de la Provenza, donde no existe ni vegetación ni protección y los ciclistas conocen, a cara descubierta, por qué esta cima reparte tragedia y gloria a partes iguales. Esta tarde, el pelotón debía afrontar la temida pendiente. El Mont Ventoux iba a ser el primer gran juez que dictaría sentencia. Pero las fuertes ráfagas que se prevén han provocado que la organización de la ronda gala tome la decisión de anular los últimos seis kilómetros de la etapa y finalizarla en el Chalet Reynard, donde comienza la parte más expuesta a los soplidos y el ciclista se encuentra a solas con la montaña. De esta forma, con el recorte, el ascenso se queda a 9,7 kilómetros -la etapa se verá reducida a 178- y con una pendiente media del 8,8%. Pero, lo más importante, le quita uno de los tramos más complicados y, sobre todo, le resta longitud y penuria. Así que en esta edición se verá al Mont Ventoux más pelado que nunca.
“Se han cronometrado vientos a 104 kilómetros por hora, lo que hace desaconsejable llevar hasta arriba al pelotón. La seguridad es lo primero”, señaló el director del Tour, Christian Prudhomme. El máximo dirigente de la ronda gala, además, reconoció que el principal intento de la organización era mantener a toda costa la llegada a la cima, pero que “la montaña sigue siendo un premio demasiado gordo y seguirá teniendo rampas duras como para que no se vea espectáculo”, sentenció.
Froome, encantado La decepción de los aficionados al ciclismo por el recorte del final de etapa contrasta con el entusiasmo con el que han acogido la idea los corredores del Sky. La cima del Mont Ventoux era un momento muy temido por Froome, que sabe que su maillot amarillo peligra en ese descubierto ascenso aunque todavía el ciclista británico sigue sin fiarse: “Vamos a ver qué pasa, hay pronósticos de fuertes vientos así que podría jugar un papel importante incluso antes de llegar a la subida. Tenemos que estar listos para cualquier cosa”. Por su parte, Sagan, siempre sincero, reconoció su alegría: “Me viene muy bien y seguro que Froome también se alegra porque se ha pegado una buena paliza”.