BILBAO. El gesto serio, rostro desencajado, de Ramunas Navardauskas en la ascensión del Passo della Cappella habla por sí solo. Su alegre caminar en las etapas previas choca con su torpe pedaleo. Las cosas no van bien. Quedan más de 80 kilómetros para la meta y el paso por la segunda cota puntuable del día no augura nada bueno para el corredor lituano. Pegado a la rueda trasera de Robert Hunter, el único compañero de equipo que le presta ayuda, Navardauskas comienza su particular vía crucis en el Giro de Italia. Una pájara tremenda le ha alcanzado. Mala suerte. La misma que se cebó con Taylor Phinney, el anterior líder de la carrera. Una caída en la última etapa en tierras danesas y una mala contrarreloj por equipos -en la que casi se cae- le hicieron despedirse del primer puesto, de la maglia rosa que tanto ansiaba. La prueba italiana parece gafar a sus líderes, puesto que abraza ahora Adriano Malori.

Sentenciado desde el Passo della Cappella, Navardauskas luchó por remediar algo que estaba sentenciado. Logró contactar con el pelotón, pero sus esfuerzos fueron en vano, pues no tardó demasiado en volver a perder la comba. Sus idas y venidas, a cada repecho, a cada subida, fueron mermando sus ya de por sí cansadas piernas, incapaces de aguantar el ritmo del pelotón.

El gesto fatigado del joven corredor lituano chocaba con el de Miguel Ángel Rubiano, pura alegría. Fugado desde el kilómetro 22 de la etapa, el corredor colombiano hizo bueno un ataque en la última cota puntuable, Montegranaro, de tercera categoría, para adjudicarse el triunfo. Su valentía encontró premio. Favorecido por un mal entendimiento de sus compañeros de escapada, entre los que no se encontraba ya Pablo Lastras, a quien una caída -se fracturó cuatro costillas y la clavícula derecha- le obligó a abandonar -hicieron lo propio Thor Hushovd y Romain Feillu-, el colombiano se fue en solitario hacia meta.

Los numerosos repechos de los últimos kilómetros de etapa le ayudaron. También el pelotón que, salvo en contadas ocasiones, no endureció la carrera. Tuvo tiempo Rubiano de saborear la victoria mientras varios kilómetros más atrás Ramunas Navardauskas continuaba con su particular vía crucis. Atascado en el pedaleo, lento, derrotado, el corredor lituano cruzó la meta a más de 14 minutos del pelotón. Perdió la maglia rosa que pertenece ahora a Adriano Malori.

Primer final en alto La alegría de Adriano Malori puede durar muy poco, pues se antoja complicado que hoy, en los 205 km de etapa con el primer final en alto del Giro, en Rocca di Cambio, el italiano pueda mantener el liderato. Llega el turno de los escaladores, que deberán dinamitar las llegadas. No parece que en Rocca di Cambio pueda haber demasiadas diferencias entre los favoritos, pues es un puerto bastante tendido, pero el calor y la primera semana de competición pueden pasar factura a los corredores.