Primavera azul
Visconti gana la Klasika Primavera para el Movistar tras un apasionante duelo con Euskaltel-Euskadi que acaba con Antón rodeado por el italiano, Valverde y López en el sprint definitivo de Amorebieta
AMOREBIETA. Los colores son caníbales. Se comen entre ellos, o se pisan, o se tapan. El rojo no puede ni verse con el rosa; y el amarillo no se casa con nadie y se pega con todos. El negro no admite discusión. Tirano absolutista. Y solo el blanco es sociable: zuri-gorri, txuri-urdin... La lluvia pinta de verde la primera sobre el lienzo ocre del invierno. Eso, pintar, quería ayer el Movistar. Colorear la Klasika Primavera de verde con un cañón de pintura. ¿Su bala? Valverde. Que la mañana acabara siendo azul tiene mucho que ver con el rojo: el corazón de Valverde es del tamaño de su categoría ciclista. Llegado el momento, el sprint, el murciano prefirió que la Klasika Primavera se quedara con el apellido de su equipo antes que con el suyo, registrado ya unas cuantas veces, tres, en los últimos años. Así, Giovanni Visconti, el segundo italiano después de Cunego (2008) que triunfa en Amorebieta, se encargó de dar la última pincelada a la primavera. Azul.
Mientras, Euskaltel-Euskadi pensaba en un fin de fiesta naranja. Ausente Samuel Sánchez, acostado el sábado por la noche en su casa de Oviedo con el pijama amarillo de la Vuelta al País Vasco, Gorka Gerrikagoitia entregó la brocha más gorda a Igor Antón, pintor del expresionismo y el entusiasmo, alegre y vivo, y sin embargo, descolorido en la ronda vasca. A su inspiración se entregó el conjunto vasco.
La mañana, el cielo gris sobre Amorebieta, se llenó pronto de colores. La escapada era un catálogo de Pantone. El verde del Caja Rural, el azul del Orbea y el Andalucía, el blanco del Saur-Sojasun, el rojo y negro del Burgos y, claro, el naranja de Euskaltel, que mandó por delante a Txurruka, el ciclista que piensa en rosa. Este año debuta en el Giro como secundario de Mikel Nieve. Por eso, ambos están aún verdes.
Aún así, el de Etxebarria es una pieza fundamental para Euskaltel en cualquier carrera. Está siempre donde tiene que estar. Tras la primera pasada por Muniketa, Euskaltel lanzó a Pello Bilbao, la nueva perla vizcaina, a citarse con Txurruka en el lugar señalado. Se fusionaron en el descenso y coronaron Autzagane.
La lluvia había convertido el asfalto en hielo. Peligro. Contra el quitamiedos de una de esas curvas húmedas estampó Marino su carrera deportiva hace 20 años. Demasiado tiempo. El pelotón está lleno de jóvenes que no han visto correr a Lejarreta. Pello Bilbao es uno de ellos. Tiene 22 años y promete muchas mañanas apasionantes de primavera. Lo malo para él ayer fue que por detrás le perseguía otro de esos jóvenes vizcainos con futuro. Entre Txurruka, Bilbao y alguno de los resistentes de la fuga no pudieron contra Jonathan Castroviejo, 25 años, este, el primero en el Movistar después de cambiar de piel. La naranja por la azul. O de teléfono. Euskaltel por Movistar.
La Klasika Primavera era eso, una pelea entre compañías telefónicas. "Me ha recordado a las carreras de aficionados y la lucha entre Olarra y Baqué", dijo Antón. Agotados Txurruka y Pello Bilbao en la última subida a Muniketa, Euskaltel llamó a Mikel Landa, otra de sus jóvenes figuras emergentes. La apuesta exigía una respuesta contundente y Movistar envió a David López en su busca. El equipo de Unzue seguía pensando en una primavera verde. Alejandro era su bala al sprint, pero le incomodaba la insistencia de Euskaltel. Por eso, el murciano pensó en advertirles. Se activó en el tramo final de Muniketa y hizo temblar al grupo. Tuvo que responder Antón.
"Tira, tira, que ganas" El descenso les juntó. Pero Valverde ya no tenía frenó. Con el asfalto mojado, el murciano salió de ese revoltijo de curvas acompañado de Madrazo. "Dale, dale". Sacó el látigo. Les cogieron en Autzagane y entonces Antón se imaginó una última oportunidad de pintar la primavera de naranja. Atacó a kilómetro y medio de la cima, pensó por un momento que podía con David López -"le he visto perder metro y medio"- y acabó calculando la manera de acceder al podio cuando llegó Valverde arrastrando a Visconti. Eran tres contra uno. Antón lo veía todo azul.
Los colores distinguen a los países. Visconti lleva sobre el maillot una franja verde, blanca y roja. Es el campeón de Italia, el país que crucificó a Valverde. Antes de encarar el sprint, se acercó al murciano y le preguntó qué tenía que hacer. Valverde se giró y solo vio una bandera: la del Movistar. "Tira, tira que ganas", le respondió el murciano mientras Antón se preocupaba solo de vigilar a López, generosísimo de nuevo como lanzador. "He esprintado para ser tercero", dijo Igor. Tenía asumido que esta primavera era azul.