ARRATE. Eibar es villa armera y en la salida de Gasteiz se disparan preguntas. La de Arrate es una etapa hecha de pólvora. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cuánto?... Y Samuel, la sonrisa para fuera, las respuestas a buen recaudo en el cuero de la cartuchera, las esquiva. "No sirve para nada ponerse nervioso", dice. Los mejores pistoleros suelen tener sangre fría y manos calientes, rápidas, para desenfundar. O lo hacen o mueren. Se juegan la vida. Como Euskaltel-Euskadi en esta Vuelta al País Vasco. Necesita ganar para sobrevivir y disimuladamente cuenta las balas que le quedan. No son muchas. Por eso, se las entrega a Samuel, su mejor pistolero. Como la boca de un revolver después de un disparo, humea aún su cuerpo caliente al contacto con el aire frío de Arrate. Al asturiano le iluminan los focos y le escuchan los taquígrafos a las puertas del santuario. Es su territorio. No falla. 2010, 2011... y ayer. Otra vez. Idilio. Lo celebró con el mejor traje de la Vuelta, el amarillo.
Las preguntas encuentran respuesta. ¿Cómo? "Fue el más listo, no el más fuerte", responde Gerrikagoitia, su director. ¿Cuándo y dónde? En el momento justo, ni antes ni después, la sangre fría, en el ovillo de curvas descendente que desemboca frente al santuario. ¿Cuánto? El mismo tiempo con Joaquim Rodríguez y Horner, pero 12 segundos de ventaja con respecto a otros aspirantes: Tony Martin, Cunego, Poels, Hesjedal, Kiryienka, Van den Broeck, Mollema… "Estoy un paso por delante del año pasado", valoró el asturiano. Etapa y amarillo. Es el primero en desenfundar.
Pero quedan más duelos. El de ayer no fue a muerte. La Vuelta está viva. Impera la ley de Samuel. Es el sheriff. Pero debe vigilar su espalda. Horner y Purito son su sombra. Están en el mismo tiempo. Y el gringo es peligroso. "Ahora es más favorito que yo", dijo el líder. "Soy más rápido que ellos en la crono", proclamó el del RadioShack. Orgulloso del éxito, Gerrikagoitia no bajó la guardia y anunció más batalla. "Llegar así a la crono no es suficiente". Samuel tiene que volver a desenfundar hoy en Ibardin, en un último kilómetro espeluznante, donde dicen que se llegará de uno en uno. Como en la crono. Si en la meta navarra no hay diferencias o son escasas, todo se decidirá en los 18 kilómetros de Oñati, un terreno tan difícil de domar como un caballo salvaje. Sobre la cabra, Horner es mejor jinete.
kATUSHA Y EUSKALTEL La tercera etapa fue más fácil de amaestrar. Intentaron revolverla Christensen, Mucelli, Piedra, Veikanen y José Herrada, el conquense del Movistar. De Cuenca era Ocaña, el ganador del Tour del 73. Ese año, también en el 71, Ocaña ganó en Arrate. Como Loroño, Barrutia, Bahamontes, Julio Jiménez, Poulidor, Galdos, Roche, Gastón, Bugno, Beloki, Laiseka… Siempre ha habido grandes duelos en la ruta que bordea el barranco de Urko. Y mucha gente. Un pueblo volcado en la cuneta. Por ese pasillo desfilaron las piernas tostadas de Herrada. Llanero solitario en Ixua.
Por detrás sonaban las espuelas. El relinche de los caballos rusos del Katusha. Caruso y Vicioso saltaron por encima de los restos de la escapada, coronaron Ixua, descendieron hasta Etxebarria y en San Miguel se unieron a Herrada. Esperaban a Purito. Euskaltel-Euskadi, que ya había vaciado a Oroz, les arruinó la estrategia porque reaccionó colocando a todo sus soldados al frente. Persecución. Egoi Martínez, Gorka Verdugo, Gorka Izagirre, Mikel Astarloza e incluso Antón, que se había descartado por la mañana. "El objetivo era la etapa, ganar por tercera vez con Samuel", contó después Gerrikagoitia. En Eibar, villa de las armas, los rebeldes apenas tenían medio minuto de margen. Por detrás, venían con la escopeta cargada. Un arsenal. En el primer kilómetro de Arrate ya les tenían a tiro. Así que levantaron el pie. Y las manos. Rendidos. Les echaron el lazo a poco menos de seis de meta. Luego se tomaron un respiro. Aire para los pulmones. Se silenciaron las pistolas. A la cartuchera. Tensa tregua. Solo faltaban los ovillos de paja arrastrados por el viento del oeste.
hORNER, puRITO Y SAMUEL Un brillo quebró la paz. Era el brillo de las pistolas de Horner. El americano disparó primero. "Ataqué porque se iba muy despacio". Un tiro al aire. De advertencia. Surtió efecto. El grupo de favoritos se asustó. Las manos volvieron a acariciar las culatas. Los cuellos se tensaron. Subió la temperatura. Atrapado Horner, surgió Joaquim Rodríguez, un impulso hecho ciclista. Se encendió. Purito. A él se agarró Horner. No tardaron en aparecer las pistolas doradas de Samuel. A 4 de meta, los tres jinetes se montaron en el mismo caballo. El ganador. Cruzaron el estrecho desfiladero de gargantas profundas y se plantaron en la cima de Usartza. De ahí, solo queda el descenso al santuario que encararon con un ojo en la espalda. Sus huellas las seguía un grupo de forasteros peligrosos: Martin, Scarponi, Cunego, Mollema, Hesjedal, Poels… Peligro.
En ese escenario se desenvuelve Samuel de maravilla. Es un tipo frío, no le tiembla el pulso. En una situación idéntica, ante los mismos rivales, Horner y Purito, resolvió su primera victoria en Arrate, en 2010. Y en ese revoltijo de curvas se volvió a adelantar a otros diez favoritos en 2011. Ayer, igual. Desenfundó primero, cerró la trazada en una curva a la izquierda y descabezó a Joaquim. Fue un disparó a sangre fría. En meta entró enseñando tres dedos. Las tres balas de Samuel en Arrate.
La caída del sol vistió de amarillo al asturiano. Líder. Como en 2006. "Entonces lo perdí en la crono final", recordó el asturiano. Para que no vuelva a ocurrir, en Euskaltel cuentan con que el asturiano arañe hoy algún segundo más a Horner en el duro repecho final de Ibardin. De todas maneras, la Vuelta se decide en la crono de Oñati. Y dice el gringo que en ese territorio, él es el más rápido.