bilbao. "Lo único que quiero es reencontrarme", dijo, profundo y alejado de su pasado más reciente, Alejandro Valverde antes de hacer el petate y partir hacia Australia para colocarse su primer dorsal tras año y medio en barbecho.

Ayer, la segunda etapa del Tour Down Under acababa en Stirling, un muro a su medida, de aproximadamente un kilómetro, ni exagerado ni mortal, pero sí inaccesible para los velocistas, para forzudos como Greipel, líder tras ganar la primera etapa, que cedió el testigo, pese a resistir en el pelotón, a Martin Kohler, alemán del BMC, que manda en la general gracias a las bonificaciones.

Kohler cogió la fuga con esa intención en el kilómetro 1. Con él se fue William Clarke, un australiano de 26 años. Logrado el objetivo y recaudados los segundos necesarios para desbancar a Greipel, el del BMC levantó el pie y se dejó caer hasta el pelotón. Llevaban una minutada. Clarke siguió solo. Y solo, una cabalgada antológica de 90 kms., llegó a la base del Stirling. En su cima logró su primera gran victoria, que no celebró hasta pasado un rato por la paliza que llevaba encima. Poco más de un minuto después entró el pelotón. Lo encabezó Matthews. Valverde fue cuarto y se reencontró.

Por otro lado, la prensa italiana aseguraba ayer que Bjarne Riis podría fichar a Stefano Garzelli, 38 años, como gregario de Contador para la montaña del Tour.