Santurtzi. El chico en cuestión apareció en urgencias con un cuadro clínico espeluznante. En apariencia, no le pasaba nada. Su físico estaba intacto. Ni un rasguño. Todo lo contrario. Con 31 años, estaba como un roble el morlaco, sano y fuerte, en plenitud. Pero su mente... ¡Ay, la cabecita! Vaya belén. Padecía eso que llaman desgana. O apatía. O desmotivación. O desilusión. O descreimiento. Algo de eso, algo gordo. No se puede andar por la vida sin ilusión; sin motor, ¿cómo se giran los pedales? Ese era el diagnóstico; el paciente, Iker Camaño (Santurtzi, 1979). Ingresó así en un centro inglés en verano de 2010. Hoy es un tipo feliz.
El centro era el Endura Racing, un equipo modestísimo de categoría continental a mil leguas de distancia del boato del World Tour, el ciclismo de las estrellas. Lejos de autobuses con asientos de cuero y máquina de café; de cuarenta maillots en el armario; de hoteles estrellados; del dispendio. El Endura era una furgoneta y carretera y manta. Argentina, Alemania, Estonia, Noruega, Estados Unidos... En 2011 Iker fundió la pila del cuentakilómetros para ser el ciclista vasco que más carreras ganó, tres -aunque, claro, no comparables con las dos de Igor Antón en el Giro y la Vuelta, o, tampoco, a la cabalgada de de Nieve en los Dolomitas-. Pero no es así, en número, como se cuantifica su recuperación. Su resurrección se mide en lo intangible; la felicidad y todo eso, la sexta marcha de un deportista.
Para lograrlo, ¿qué le hicieron los ingleses?
"Tampoco me dan nada diferente que no exista en otros sitios", responde Camaño, que el sábado se presentó en Inglaterra con la tercera versión de un equipo que evoluciona sin celeridad. "Lo que pasa es que yo he descubierto algo diferente a lo que me encontré en otros sitios que me llena y me hace estar contento".
Descubrió, también, el emergente ciclismo inglés de las ideas vanguardistas, algo de esa irrealidad en vida que padecen tantos ingleses como Dave Brailsford, patrón del Sky, el Queen Mary del deporte de las dos ruedas, un transatlántico. "Su carácter es diferente y también su manera de entender el deporte", reflexiona Iker, que hurga en el saco de los ejemplos y rescata uno del fútbol que va sobre penaltis y piscinazos. "Si lo haces en la Premier te pueden caer hasta cuatro partidos de sanción; en España solo te llaman pícaro. Quieren ser los mejores, pero sin dejar de ser unos señores". Luego, cruza el puente del paralelismo. "En el ciclismo es parecido: el Sky está montado para ser el mejor equipo del mundo pero también para parecerlo. No escatiman en nada. El autobús, los coches, la ropa, el material... Nunca se había visto una infraestructura de esas dimensiones en el ciclismo".
Tampoco, ni siquiera en la vieja Europa, donde dicen que nació el ciclismo -Francia, Italia, Bélgica, Holanda, España...-, se conoce una repercusión mediática tan exagerada. Las autopistas inglesas están plagadas de vallas de publicidad de Sky con el rostro de Cavendish. O de Wiggins. "Nadie ve por aquí carteles de anuncios de Contador. O de Valverde. Tampoco de Antón ni Samuel. El canal de televisión Sky lo asocian los ingleses al ciclismo como pocas veces he visto que ocurra".
Los británicos ganaron en 2011 el Mundial con Cavendish 46 años después de Tom Simpson. Y subieron al podio de la Vuelta con Froome y Wiggins. En 2012 su ambición va más allá: quieren ganar el Tour con Wiggins y los Juegos de Londres. Su madurez ciclista se fundamenta en el método, el estudio milimétrico de la preparación y la biomecánica, que, cuentan, han dejado en la Edad de Piedra los viejos métodos italianos, maestros de ese arte en los 90. "Pero siendo verdad que son obsesivos con la preparación", cuenta Camaño, "luego no son nada estrictos con la dieta. Tienen sus menús de toda la vida y no se esfuerzan por salir de ellos. Del fish and chips no les saca nadie".
El segundo equipo inglés "Es una cultura ciclista especial y desconocida. Les apasiona el ciclismo, pero otro ciclismo. Se vuelven locos con la pista. Y con unas carreras de una hora que son como criteriums, algo increíble y masificado que emiten por todos los canales de televisión y tiene aire de acontecimiento nacional", explica el vizcaino, que, claro, sitúa al Sky, "la selección inglesa", en lo alto de la pirámide del ciclismo británico, y al Endura Racing, su equipo, aún continental, en el segundo escalón.
Para eso, Camaño es clave. En otoño de 2011 el santurtziarra tenía dos opciones para marcharse, Caja Rural y Geox. Brian Smith, el mánager, le dijo que no podía retenerle, que no llegaban a igualar las ofertas pero que no querían ser una traba, que quedaba libre. Iker, en deuda con el equipo inglés que le rescató, les pidió un esfuerzo a cambio de su propio sacrificio. El patrón del equipo, Jim McFarlane, no dudó en aumentar el presupuesto para retenerle.
"El equipo crece y crece sin parar", dice Camaño. "Pero me sorprende que, pudiendo hacerlo, no hayamos dado el paso para ser continental profesional. Lo pregunté y me dijeron que preferían ir despacio. Así es la cultura inglesa".
De ella no se le ha pegado nada a Camaño. "Pero me devolvieron el orgullo de ser ciclista". Le curaron.