La chaladura de Murgoitio
El vizcaino viaja desde Bélgica durante la noche, recorre 1.300 kilómetros por carretera, llega a las 7.00 de la mañana a casa y vence luego en Elorrio
elorrio. "Tengo las piernas como el hormigón", protesta Egoitz Murgoitio cuando, ventilada la batalla de Elorrio con una nueva victoria lograda por la vía hitleriana de la guerra relámpago, un zafarrancho de salida infalible en lo que va de año -ocho victorias-, se sube al rodillo clásico de tres cilindros para relajar el músculo. Las piernas de hormigón, podría añadir alguien, y la cabeza de mármol, por dura. Solo desde ese prisma se asume la proeza, prima-hermana de la locura, que envuelve su éxito en Elorrio.
Murgoitio corrió el sábado la Copa del Mundo de Kokjside, el mismo circuito belga que dentro de aproximadamente dos meses acogerá el Mundial. Es un terreno salvaje, explicaba ayer el vizcaino, asfaltado de arena en un porcentaje elevado. Son paladas y paladas de arena sobre la que no es posible gobernar la bicicleta, que se hunde sin remisión, en ocasiones hasta cubrir media rueda. Así que, salvo para los más virtuosos, aquellos que mezclan técnica, fuerza y convicción, se hace inevitable poner pie a tierra para echarse la bici al hombro y patear, con lo que eso duele. En ese escenario se expresó Egoitz Murgoitio como un belga: fue 16º. Un resultado notable. Pudo celebrarlo allí mismo, pero no tenía tiempo.
Le esperaba Zengo con la caravana en marcha. El vizcaino finalizó la carrera sobre las 16.00 horas. Corrió desde allí al hotel, donde se duchó al sprint, recogió los bártulos y se parapetó en el vehículo. Eran las 18.30 horas cuando arrancaron rumbo a Euskadi.
En la caravana les atrapó la noche. Allí, sobre la cama, recibió masaje el vizcaino para desatascar las piernas, duras de tanto pateo por la arena. Y tres palmos más allá, cenó. Hidratos y esas cosas que regeneran el organismo agotado de los deportistas. El alma lo recuperó con una copita de champán. Brindaron todos por el éxito de Kokjside. Luego, Murgoitio se acostó. La caravana siguió corriendo a toda velocidad por la autopista.
Cuando Egoitz despertó, la mañana trataba de abrirse paso entre la niebla. A las 7.00, 12 horas y media y 1.300 kilómetros después, se detenía la caravana en la puerta de su casa de Abadiño. Le dio tiempo a desayunar, a las 8.00 horas, a pegarse una ducha que no logró despejarle, a vestirse y salir en bicicleta hacia el circuito de Elorrio. Cubrió el trayecto luchando contra las persianas de los ojos, que insistían en bajarse. El aire frío le ayudó a despejarse.
En dos brochazos Su aparición en Elorrio fue fantasmal. No estaba anunciado. Hubo quien se tuvo que frotar los ojos para cerciorarse de su presencia y quien lo lamentó amargamente. Con Murgoitio en carrera, la cosa cambia porque esta temporada corre a años luz de sus rivales, que han visto despegar sin remisión al de Hirumet en las siete carreras que ha gobernado. Todos esos asaltos tienen radiografías parecidas. Murgoitio sale en estampida y su ritmo, insoportable, saca de punto a sus rivales.
Algo de eso ocurrió ayer, solo que el incendio lo provocó Erlantz Uriarte con una salida desmesurada que sirvió de catapulta a Egoitz, solo desde el primer giro. Detrás, ni Hermida ni Aketza Peña ni Aitor Hernández, protagonistas la víspera en Ametzaga, pudieron colgarse de su dorsal. Y eso que Murgoitio, cansado por el viaje, cargadas las piernas por el pateo por la arena de Kokjside, tardó en despojarse de esa zozobra. Sin capacidad de aceleración, reconoció después, agonizó durante las tres primeras vueltas en las que la ventaja con el trío perseguidor no acabó de despegar. "He tenido que tirar de ritmo", explicó. Un paso insufrible, de todas maneras. Más inhumano a partir de ese tercer giro que coincidió con el percance que eliminó a Hermida, enganchado a una cinta de plástico tras golpear una estaca. En ese momento, Murgoitio se disparó. Distanció a Peña, segundo, a más de medio minuto y zanjó el debate del triunfo. La discusión se trasladó a la segunda plaza que ocupó el de Zalla hasta el último giro. Un inoportuno resbalón despejó el camino para que Aitor Hernández, segundo también el sábado en Ametzaga, ocupará ese escalón. Aketza fue tercero y Hermida, cuarto.