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Un escalofrío recorrerá la piel de Iñaki Isasi (Arespalditza, 20 de abril de 1977) cuando el despertador suene hoy en la habitación del hotel de concentración donde Euskaltel-Euskadi afronta una de las últimas clásicas de la temporada. Una París-Tours que con 230 kilómetondoce años como profesional del corredor alavés.
Isasi realizará todas las rutinas que marcan un día de carreras. Desayunará con sus compañeros, recibirá la charla del director, esta vez más atento que nunca, se calzará las zapatillas con tacos, acariciará la Orbea sobre la que ha recorrido decenas de miles de kilómetros esta temporada y se dirigirá al control de firmas como tantas otras veces lo ha hecho a lo largo de su carrera.
Y, sin embargo, todo será muy distinto. Como el más veterano de los corredores de la escuadra naranja confesaba recientemente, "sentiré unas sensaciones especiales" al saber que la de hoy será su última carrera en el pelotón profesional. El alavés cerrará así once años en la élite, siempre vinculado al equipo que patronea incansablemente Miguel Madariaga, quien se hizo con sus servicios en el año 2000, después de que Isasi se enrolará en el Cantanhede portugués para recibir su bautismo pro.
En aquel entonces, Iñaki Isasi apuntaba maneras de llegador. Sendos terceros puestos en sus primeras participaciones en el Tour del Porvenir (2002 y 2003) le promocionaban como el sprinter que necesitaba la formación naranja para tener opciones en las llegadas masivas.
SIN REMATE Mientras pedalee por las carreteras francesas en la larga jornada de hoy, el alavés mirará por el retrovisor de la memoria y recordará aquel año 2006 en el que rozó la gloria en un Tour de Francia en el que se coló cuatro veces entre los diez primeros de la etapa. Y se le dibujará una sonrisa en el rostro cuando rememore aquel tercer puesto que firmó en la jornada que finalizó en Caen. Pudo ser su gran día en su gran año, pero allí estaban Óscar Freire, ese cántabro que colecciona maillots arcoíris, y un tal Tom Boonen, un belga con otro título mundial, seis etapas en la Grande Bouclé, dos de la Vuelta y tres París-Roubaix en su currículo. Casi nadie.
Vivió entonces su momento de gloria antes de comenzar su reconversión. La que le convirtió en un gregario de lujo. El hombre en el que Samuel Sánchez y el resto de líderes que ha tenido Euskaltel-Euskadi en el siglo XXI depositaron su confianza, sabedores de que el alavés respondería a todas y cada una de sus demandas. Purgaba así su pecado venial de carecer de ese espíritu matador que le podría haber entronizado entre los elegidos. Pero, Isasi supo encontrar su lugar en el pelotón y hacerse imprescindible para sus compañeros.
Y aprendió. Se fijaba en cada detalle y no dejaba pasar por alto ninguna experiencia. Observaba cada movimiento, dentro y fuera de la carretera. Ese aprendizaje continuo y constante en la universidad de la carretera fue lo que valoró Miguel Madariaga el pasado 29 de septiembre para confiar en el de Arespalditza y otorgarle mando en plaza, después de que Igor González de Galdeano anunciara su renuncia a seguir como mánager general del equipo vasco. "Si no lo hubiera aceptado yo, lo habría hecho otro", fue el sincero argumento esgrimido por Isasi para aceptar el cargo que ostentará a partir de mañana en Euskaltel-Euskadi, donde pasará a engrosar la nómina de técnicos que ahora lidera Gorka Gerrikagoitia.
Juanjo Oroz, Jorge Azanza, Pierre Cazaux, Jonathan Castroviejo, Miguel Mínguez, Pello Bilbao y Javier Aramendía serán hoy sus últimos compañeros. Seguro que sobre el asfalto, empieza a ejercer de director y les da consejos de veterano. Aunque hasta el último kilómetro, hasta el último aliento, soñará con esa victoria que nunca pudo celebrar. Y que espera disfrutar el año próximo como director.