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Secretos y deberes de un capitán

Juanma Garate, guía en la ruta de la selección estatal, analiza el galimatías estratégico en el que se puede convertir hoy la prueba de fondo profesional

Secretos y deberes de un capitánFoto: deia

BILBAO ay, la cabeza!, qué importante es en el ciclismo. Hubo y habrá ciclistas de cuerpos esculturales, genéticamente intachables, que corrieron mucho y no llegaron adonde sus piernas les llevaban porque lo hacían como pollos sin cabeza. Otros, en cambio, arrastraron a sus piernas hasta límites inimaginables salvo para su imaginación. Pensaban más rápido de lo que pedaleaban. Eran zorros que se comían a los pollos descabezados. Cuando se habla de piernas sale siempre un nombre: Jan Ullrich. Cuando se mide la lucidez, entre otros, es inevitable referirse a Juanma Garate, capitán de ruta de la selección estatal que busca hoy el título Mundial en el circuito llano, vertiginoso e histérico de Copenhague. Su referente es ineludible: Freire y su instinto arcoíris; los rivales, legión: Cavendish, Gilbert, Sagan, Hushovd, Boasson Hagen...

Los últimos dos días los han pasado el capitán Garate y sus soldados -ocho, entre ellos otro vasco, Imanol Erviti- en un tranquilo hotel a las afueras de Copenhague, viendo por televisión, en grupo en el salón común o en la soledad de la habitación, las carreras en línea previas a su Mundial -junior, sub'23 y féminas-; comprobando lo que ya intuían, la velocidad endiablada que se alcanza en un circuito llano, llanísimo. Los 44 kilómetros por hora que hicieron de media ayer por la mañana, por ejemplo, los junior masculinos, que corren con los desarrollos limitados, 52 dientes el plato grande como techo, les hicieron comprender que hoy correrían como bólidos, que su media rondaría, incluso, los 50 kilómetros por hora. Eso es mucho y, también, peligroso. Por los nervios, por el amontonamiento de dorsales. Garate contabilizó las caídas y anotó un lugar de riesgo: una curva cerrada antes del último kilómetro en la que los ciclistas, golpeados por el viento frontal, se apelotonan para refugiarse y los sueños arcoíris corren sobre un filo.

Eso vio ayer tumbado junto a Freire en su habitación del hotel. También le enseñó Bronzini, oro en la prueba femenina, que en la dura recta de meta hay un un lado por el que el sprint corre menos, se ralentiza. Lo anotaron. De eso va la carrera de Copenhague. "Será un Mundial de mucha cabeza, de saber mantener la concentración", dice Garate. También táctico. Un galimatías que desenreda el irundarra para DEIA. Antes, echa la vista atrás y repasa brevemente las decisiones estratégicas más complicadas que ha tomado en ruta durante sus tres Mundiales anteriores.

Varese 2008

Una decisión firme

"En aquel Mundial de Italia salimos del hotel con las ideas muy claras. Luego, las cosas salieron parecidas a lo que imaginábamos pero no iguales". De inicio había una premisa: a la selección no le valía nada que no fuera un mano a mano entre Bettini y Freire. Si el italiano salía y a su rueda no estaba el cántabro, malo. Fue lo que ocurrió. "En un grupo nos metimos tres italiano y tres españoles. Cunego, Ballan y Bettini contra Valverde, Joaquim Rodríguez y yo mismo. Aquello no nos valía. Yo tenía muy claro que en un mano a mano, el único que podía ganar a Bettini era Freire". Decidió, en consecuencia, que ni él ni Alejandro ni Joaquim pasarían al relevo. "Fue un momento muy tenso porque tanto Valverde como Purito insistían en tirar. Yo fui fiel a lo que pensaba. Tuve que decidir rápido en un instante complicado y lo hice como pensaba". Aquel Mundial, el de la ópera en los oídos de los españoles, el de la incomunicación, lo ganó Ballan, plata fue Cunego y la selección de Antequera no rascó medalla.

Mendrisio 2009

El instinto de los cracks

Dice Garate que su trabajo, fundamentalmente, consiste en pensar y cargar con esa tensión durante la mayor parte de la carrera para que los que tienen que rematar no se desgasten en esa labor. "Cuando me descuelgo trato de dejar las cosas lo más claras posibles y acorde al plan establecido. A partir de ahí, en cambio, no puedo controlar. Son los que quedan los que deciden, y no siempre se hace lo correcto". Podría hablar Garate del duro Mundial de Mendrisio, donde la selección no entró al trapo de la agresividad italiana, compartió la responsabilidad con otras selecciones y, tras entrar en acción en el momento idóneo, dejó un paisaje esperanzador en la última vuelta: Valverde, Samuel y Joaquim Rodríguez en el grupo de nueve que se jugaba la carrera. Lo que pudo ser un triplete, un doblete, o, simplemente, el aroíris para uno de los tres, se quedó en un triste bronce del catalán. De Santos se olvidó del plan y pidió a los tres corredores que se dejasen guiar por el instinto. "Y eso", explica Garate, "quiere decir que cada uno va a buscar sus opciones. Es comprensible se mire por donde se mire, pero eso reduce las posibilidades de éxito. En esas situaciones hay que hilar muy fino para acertar". El Mundial lo ganó Evans y Joaquim Rodríguez fue tercero.

Geelong 2010

La situación más complicada

El año pasado en Australia se enfrentó Garate a la situación más complicada desde que es capitán de ruta de la selección en los Mundiales. "Sabíamos que había, sobre todo, dos vueltas en las que teníamos que estar con las orejas tiesas porque Italia iba a tratar de cogernos desprevenidos", recuerda el irundarra. "Lo intentaron y no nos pillaron. Yo insistí entonces en lo importante que era no relajarnos porque lo iban a buscar otra vez y... Óscar bajó un momento a descansar y nos cazaron. El pelotón se partió, se hizo un grupo numeroso delante y nosotros no llevábamos a nadie. Un desastre". Sin pinganillo, la reacción tenía que ser urgente. "Tan urgente como que no daba tiempo a bajar al coche. En esa situación crítica decidí que había que tirar. Estábamos entonces Erviti, yo, Luisle, Samuel y Freire. Puse a todos menos a Óscar a destajo para coger al grupo", rescata Garate. "En esos momentos no se puede dudar. Si dudas, estás perdido. Es parte de la labor de un capitán de ruta. Tienes que tomar una decisión rápida que, igual, luego resulta que no es la acertada". Esas decisiones, "salen de dentro y son tan imprevistas como las mismas situaciones. Y están fundamentadas en la experiencia. En lo que he vivido como ciclista, en lo que he aprendido y he ido asimilando en aquellos primeros años sin pinganillo y después, en la carretera y en la televisión, aunque no sea de analizar mucho las carreras". En Australia, el arcoíris fue para Hushovd, tras un sprint en el que Freire acabó sexto.

copenhague 2011

80% cabeza; 20% piernas

"Este Mundial", le dijo el otro día Pablo Lastras, de nuevo en la selección tras casi una década de ausencia, a Garate, "es un 80% de cabeza y un 20% de piernas". "Pencas tiene experiencia y sabe lo que dice. Este Mundial es eso, mucho de cabeza, mucho de concentración, de no distraerse con el paisaje o el canto de los pájaros. De ir adelante, esquivando las caídas, evitando los imprevistos", traza el guipuzcoano del Rabobank, el equipo de Freire, que es hoy el único eje sobre el que gira la selección estatal en busca del cuarto Mundial del cántabro. "La concentración, la mentalización, la cabeza... Todo eso se hilvana de una única manera: corriendo unidos. Iremos agrupados como una manada. Si surgen imprevistos, no habrá mucho margen para remediarlo. Sobre todo si pasa algo en las dos últimas vueltas. Una caída, un pinchazo... Cualquier cosa que ocurra a partir de ese momento va a tener difícil solución", traza Garate, que celebra como algo esperadísimo la composición de un grupo sin fisuras, "el mejor de los cuatro Mundiales que he corrido". ¿Pese a que no están Valverde, Samuel o Purito? "Esta vez todos saben lo que tienen que hacer y están dispuestos a desvivirse por ello", dice Garate, maravillado con la predisposición de Vicente Reynés, un chico rápido que ha formado parte del tren de Cavendish y que no para de repetir que saldrá de la última curva con Freire a rueda y le llevará hasta donde este quiera por la recta larga y cuesta arriba que, lo saben Óscar y Juanma, tiene un lado donde el sprint corre menos.